Ante lo peor

La Naval de Sestao, en fase de liquidación y sin carga de trabajo, se asoma al abismo con el anunciado despido de toda su plantilla

Ante lo peor
EL CORREO

El proceso para despedir a los casi 200 trabajadores de la plantilla de La Naval abierto ayer confirma las peores expectativas. Un año después de entrar en quiebra, el histórico astillero de Sestao parece condenado a irse a pique por el insoportable lastre acumulado y clamorosos errores de gestión, que lo han conducido a una situación límite. Solo la hoy por hoy improbable aparición de un nuevo empresario con un proyecto industrial sólido y amplia solvencia financiera podría salvar una planta que durante su siglo de vida ha sido motivo de orgullo para Euskadi y sinónimo de buen hacer. La medida anunciada por el administrador concursal era inevitable: la factoría se encuentra en fase de liquidación por su asfixia económica tras sumar 150 millones de pérdidas en tres ejercicios; carece de actividad y, por tanto, de ingresos; y, además, el armador holandés Van Oord se ha negado a finalizar en ella la construcción del último buque que permanece en sus gradas. La crisis de La Naval representa un mazazo para la alicaída industria de la Margen Izquierda del Nervión. Aunque sus tiempos de esplendor pertenecen a un pasado ya lejano, cuando sus instalaciones se encontraban a plena producción hace no tanto tiempo aún eran capaces de generar más de 2.000 empleos indirectos en empresas auxiliares. De ahí la inquietud que la sombra de su cierre despierta en una comarca que ha sufrido el abandono de las instituciones en las últimas décadas, y registra unos estándares económicos y sociales muy inferiores a la media de Euskadi. La manifestación que recorrió ayer las calles de Sestao, desde la factoría hasta el Ayuntamiento, reflejó esa preocupación por el futuro de La Naval y su impacto en el entorno. Cerrada la puerta del rescate público, que prohíbe la UE, el Gobierno vasco se ha comprometido a participar como accionista minoritario en el astillero si surge un inversor interesado en él que aporte capital para reflotarlo y un proyecto viable. Las administraciones han de redoblar sus esfuerzos para que siga a flote uno de los históricos buques insignia de la industria vasca. Aunque resulte complicado, es su deber intentarlo.

 

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