4 décadas después

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Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

Ayer se cumplían cuarenta años de la aprobación de la Constitución. Los resultados en el conjunto del Estado español no dejaban lugar a dudas, pues el 59% del censo electoral la respaldaba con su voto. En Euskadi, sin embargo, los resultados fueron distintos y permitieron lecturas y valoraciones diversas y hasta contradictorias.

En nuestra comunidad se dio una abstención superior al 55%, veintitrés puntos mayor que el porcentaje registrado en el conjunto del Estado, debido a la posición abstencionista promovida por el PNV que no consideró inteligente ni eficaz para lograr el máximo autogobierno posible inclinarse por el 'no'.

Entre los electores que acudieron a las urnas, los favorables se impusieron con claridad (69%) a la opción del 'no' (23,5%). No cabe duda de que jurídicamente la Constitución se aprobó en nuestra comunidad. De ahí que resulte a todas luces incomprensible que la izquierda abertzale, como lo ha hecho recientemente Arnaldo Otegi, siga manifestando que la mayoría de Euskal Herria «dijo no» a la Constitución. Ya no digamos si incluimos en el análisis a Navarra.

Esta es la lectura legal de aquel referéndum, pero es insuficiente. Para una comprensión más ajustada sobre lo que sucedió en Euskadi, es preciso completarla con una lectura política de la importante abstención que se dio.

¿Qué es lo que realmente diferenciaba el resultado en Euskadi, del que se produjo en España? Dos cosas esencialmente. En primer lugar, en el conjunto del Estado la Constitución fue aprobada por el 58,9% del censo. Sin embargo, en Euskadi se quedó en el 30,8%. En segundo lugar, en el 69%, del electorado que no la apoyó, es obvio que hay una parte atribuible a la abstención técnica y no debe tenerse en cuenta a estos efectos, pero es innegable que el resto, superior en cualquier caso a la del voto afirmativo, expresó una posición de distancia y de reivindicación frente al texto constitucional. Es obvio que la abstención promovida no puede interpretarse como un voto de rechazo, pero también es imprescindible reconocer que la Constitución en Euskadi no nació bien; que su legitimidad, al contrario que en otras comunidades, por ejemplo Cataluña, fue cuestionada por importantes sectores sociales y políticos.

La Constitución como herramienta para la regulación de la convivencia y relación entre Euskadi y el Estado surgió con carencias importantes, precisamente porque en el pacto constitucional no se planteó como objetivo imprescindible integrar e incorporar al nacionalismo vasco y lo que éste representaba en Euskadi. Este déficit de legitimación se subsanó en parte indirectamente gracias al acuerdo logrado en torno al Estatuto de Gernika, ratificado en referéndum por la inmensa mayoría de los votantes (90%) y el 54,6 del censo, pese a la posición contraria de HB.

El Estatuto se convertía así, no solo en la expresión de un gran pacto entre la mayoría de los vascos, sino también del modelo de relación y convivencia entre Euskadi y el Estado español. Eso fue en esencia el referéndum de 25 de octubre de 1979, un ejercicio práctico del derecho a decidir. Aquel día la inmensa mayoría de los vascos ratificamos el modelo de relación con el Estado que nos ofrecía el Estatuto.

Por eso, en el 40 aniversario, la mejor manera de legitimar la Constitución en Euskadi es cumpliendo íntegramente el Estatuto de Autonomía. Porque mientras no haya un pacto constitucional más integrador, el vínculo que une y compromete a Euskadi con el Estado es el Estatuto. Si esa ligazón se rompe o deja de tener valor, cada parte tendrá que calcular el coste de su decisión.

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