¿Cuál es la alternativa a las derechas?

El presidente de Vox, Santiago Abascal. /EFE/JUAN CARLOS HIDALGO
El presidente de Vox, Santiago Abascal. / EFE/JUAN CARLOS HIDALGO
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Una de las mayores incógnitas sobre la evolución de la política española en los próximos años está relacionada con el tipo de alternativa viable que se va a construir para oponerse a una nueva derecha reaccionaria y recentralizadora en todas sus formas. Partimos del supuesto de que el escenario de fragmentación se ha convertido en una constante y que las izquierdas estatales no están en condiciones para construir una alternativa por sí solas. De este modo, solo aparecerían en el horizonte cercano dos opciones. O se construye un modelo político que integre a las izquierdas con los partidos nacionalistas periféricos en una visión compartida del Estado o el modelo alternativo se orientará alrededor de un bloque socioliberal que sume al PSOE menos progresista y plurinacional con el Ciudadanos más liberal, en el buen sentido de la palabra.

Si observamos la acción política de Ciudadanos y el PSOE en los últimos dos años, podemos decir que esta última es una opción abierta y posible. Por el lado de Ciudadanos, el estereotipo del partido veleta se lo ha ganado a pulso y ha ido adaptándose a la competición política sin mucho apego a unos principios ideológicos identificables. Si le hacemos una foto hoy, saldría retratado con Vox y con el Partido Popular más reaccionario y menos liberal de los últimos años. Pero esa foto, insisto, puede cambiar y en sus líneas rojas y 'cordones sanitarios' no figura el PSOE. El Partido Socialista, por su parte, tiene un problema parecido si recordamos los cambios por los que ha pasado la posición de Pedro Sánchez respecto tanto a su política de alianzas como a su difícil relación con la otra izquierda estatal. Si hacemos una foto hoy, saldría retratado con Podemos en el centro de un nuevo modelo social y con los nacionalistas periféricos al fondo encuadrados por los pelos. Algunos dicen que en el siguiente fotograma puede que ya no aparezcan los partidos soberanistas catalanes.

Si la apuesta es consolidar un proyecto social y plurinacional para hacer frente a la amenaza reaccionaria, el PSOE debería hacer más caso a sus líderes vascos que a los aragoneses, manchegos o andaluces. Estos últimos están comprando la supuesta debilidad del presidente Pedro Sánchez con el independentismo catalán como la principal causa de la pérdida del poder en Andalucía. Cuando presidentes autonómicos socialistas como Lambán o García-Page defienden la posibilidad de ilegalizar a partidos independentistas están enviando señales sobre su modelo alternativo donde equiparan a la extrema derecha con los nacionalismos que no sean españoles. Esta realidad refleja una opinión pública territorialmente asimétrica que los partidos nacionalistas periféricos tendrían que interiorizar también para intentar acomodar sus propuestas a la realidad, si no quieren que la única alternativa posible a la derecha y a la extrema derecha sea un modelo que incluya también a Ciudadanos.

Si la alternativa se configura al final alrededor del PSOE y Ciudadanos, seguro que será escrupulosa con los derechos humanos y los avances en la lucha contra todo tipo de discriminaciones. Pero no parece probable que sea más sensible a las demandas territoriales ni que pueda mejorar la influencia y poder de negociación de los partidos nacionalistas que ganan las elecciones en sus territorios. Veremos si se empieza a construir en serio ese modelo social y político que integre y respete a las distintas naciones que integran España aceptando la realidad y la actual correlación de fuerzas y mayorías o se cierra del todo el sistema quedándose Ciudadanos con la llave. Una llave que nunca apoyaría unos Presupuestos sociales como los que ha presentado el Gobierno de Pedro Sánchez.

 

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