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Los candidatos, dirigentes y compromisarios del PP no pueden olvidar que es imposible hablar de partido sin renuncias y sin generosidad

Pablo Casado, ayer, tras conocerse los resultados./Efe
Pablo Casado, ayer, tras conocerse los resultados. / Efe
EL CORREO

La victoria de Soraya Sáenz de Santamaría, seguida muy de cerca por Pablo Casado, ha señalado las preferencias de los inscritos del PP en sus primeras primarias y dejado atrás a María Dolores de Cospedal en una liza en la que la organización heredada de Aznar y Rajoy se ha adentrado en un territorio desconocido tanto para sus bases como para sus dirigentes. Un partido habituado a seguir los pasos de líderes que aparecían por designación se está viendo obligado a moverse en la incertidumbre. De entrada, el colectivo popular se ha mostrado desanimado, dada la baja tasa de inscripción electoral y de votantes finales. El PP que el jueves concurrió a las urnas internas era el resultado de la repentina pérdida del poder al frente del Gobierno del país y de la carencia de una dirigencia alternativa que se hiciera cargo del primer partido en escaños y en votos de España. El PP que, del jueves al viernes, surgió de ese primer ensayo de transformación participativa en sus procesos de decisión, no es capaz de predecir cuál será el resultado final de semejante aventura. El cara o cruz puede prolongarse hasta el 21 de julio. Mientras, los deseos de unidad afloran entre los militantes populares y entre los aspirantes a representar o continuar representando al PP en los comicios locales, autonómicos y europeos que asoman a la vuelta de la esquina. Se advierte la demanda de entendimiento entre Santamaría, Casado y Cospedal cuando los propios resultados les invitan a proseguir en la disputa hasta que los compromisarios congresuales se decanten eligiendo una vencedora o vencedor en dificultades. No es fácil imaginar cómo una presidencia que sea fruto de un pulso mantenido hasta el momento de la votación congresual podría volverse integradora a partir de esa fecha. O cómo la eventualidad de componendas alcanzadas para ir contra un o una adversaria común podría restablecer la armonía en el PP. La retirada de Mariano Rajoy de la presidencia del partido, tras la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa, condujo a un proceso de primarias tan internista, tan sujeto a cuitas que el liderazgo de Rajoy había alimentado y contenido a la vez, que ha hecho olvidar a los contendientes -y amenaza con hacer olvidar a los compromisarios- que los problemas, los desafíos del PP, están fuera del partido. Cuando es imposible hablar de partido sin renuncias y sin generosidad.

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