Agitación ante la indefinición

El independentismo exhibe otra vez su fuerza en la calle para tapar su desunión y su incapacidad para pactar otra hoja de ruta

En la calle Diagonal se arremolinaba la gente desde horas antes. /EFE
En la calle Diagonal se arremolinaba la gente desde horas antes. / EFE
ALBERTO AYALA

El secesionismo catalán volvió a apropiarse de la Diada de ayer y se dio, por séptimo año consecutivo, otro espectacular baño de masas.

De nuevo el viejo recurso a la agitación, a la movilización de masas -tan empleado aquí por la izquierda abertzale- como antídoto para evitar que se visualicen las dudas y las diferencias que dividen al independentismo. Una potente máquina política hoy incapaz de pactar una hoja de ruta, como reflejó el president Quim Torra en su conferencia de hace una semana, que no contentó a nadie.

¿Que une en este momento a una mayoría de catalanes? ¿Sin duda a los separatistas, pero también a no pocos antiindependentistas? Que los líderes del fallido 'procés' queden en libertad hasta el juicio que tendrá lugar a partir de noviembre. Unos porque respaldan que hace un año se saltaran olímpicamente la legalidad. Otros por razones humanitarias. Y algunos más -entre los que colocaría al PNV o al ministro de Exteriores, Josep Borrell- por conveniencia política, para quitar presión a la caldera catalana.

Qué mejor, en este contexto, qué centrar la Diada de ayer en los presos y pasar de puntillas sobre el resto. Evitar que se aprecie que Cataluña está hoy algo peor y más dividida. O que el independentismo ha cerrado el Parlament porque no sabe hace dónde caminar.

El desafío del secesionismo catalán al Estado ha entrado en vía muerta. Puigdemont y Torra quisieran volver a tensar la cuerda al límite. Pero ERC y el sector minoritario del PDeCAT (exConvergencia) rechazan desbordar de nuevo la legalidad. Prefieren intentar sumar adeptos para ser mayoría en votos en las urnas y no solo en escaños gracias a un sistema electoral que les favorece.

El soberanismo calló la semana pasada en el aniversario de los vergonzosos acontecimientos que se vivieron en el Parlament cuando se ignoraron la legalidad y los derechos de la oposición para amagar con la secesión... por unos segundos.

Todo apunta, en cambio, a que habrá movilizaciones un año después de la consulta ilegal del 1-O -en la que el Estado fue incapaz de incautarse de las urnas y las porras de la policía regalaron los 'indepes' la batalla del relato- y de la aprobación de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). También para recordar la suspensión de la autonomía y, sobre todo, contra el juicio a los políticos encarcelados y/o huidos.

Un juicio y unas previsibles condenas que, se cree, pueden ser la antesalada de otra llamadas a las urnas. Torra reconoció ayer al fin a la 'prensa extranjera' que jamás se ha planteado sacar a los presos de las cárceles. Menos mal.

En lo que piensa el secesionismo es en aprovechar ese momento para tratar de lograr esa anhelada mayoría en votos y volver a pedir negociaciones con el Estado con otra fortaleza.

El nacionalismo vasco ha vuelto a estar presente en Cataluña. Si el lunes era Otegi quien visitaba a los políticos secesionistas presos, ayer fue Ortuzar quien lo hizo.

Hasta ahí las similutudes. EH Bildu sigue soñando, en vano, con abrir desde Euskadi un segundo frente al Estado. Para los dirigentes jeltzales acercarse al Principado es cuestión de genes, de sentimiento y de necesidad de sintonizar con sus bases. Su consejo a Torra y compañía: pragmatismo y dialogo incluso en las peores circunstancias.

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