La adopción pendiente

Quizá si gana catorce o quince titulos de Roland Garros Nadal conquiste el corazón del público francés

La adopción pendiente
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

El público francés continúa soportando como buenamente puede el reinado de Rafa Nadal. Cada vez lo hace mejor. Yo creo que, a este paso, acabarán rindiéndose a él y entregándole su corazón, como hicieron hace tiempo en Wimbledon con Roger Federer. El suizo no necesitó ganar ocho veces en Londres para conquistar a los ingleses, pero el español quizá tenga que ganar catorce o quince. Así es la vida. Hay que reconocer, pese a todo, que poco a poco, cucharadita a cucharadita, va mejorando el sentir de los franceses hacia Nadal. Para empezar, ha sucedido algo muy importante: han dejado de hacer el ridículo.

Hoy por hoy, sería impensable aquel guiñol de 'Canal Plus' que representaba a Rafa como un Rambo con una jeringuilla clavada en el brazo. De haber sido francés, ni hace falta decirlo, jamás se les hubiera ocurrido hacer ese muñeco. Como tampoco se le hubiera ocurrido a Roselyne Bachelot, ministra de Salud y Deportes durante el Gobierno de Sarkozy, hacer aquella acusación injuriosa -aseguró que Nadal había estado unos meses apartado de las pistas no por lesión sino por un caso de dopaje- que le costó en 2017 una condena por difamación en el Tribunal Correccional de París.

A pesar de la mejoría, hay que resignarse: en Roland Garros siempre apoyarán al rival de Nadal, salvo que sea alguien muy desagradable o un demente tipo Kyrgios. Hay algo en los espectadores parisinos, un impulso interior que probablemente les llegue desde la Revolución, que les incita a desear la guillotina de sus reyes. Y más si son extranjeros. No creo que esto tenga remedio, pero quién sabe, igual nos sorprenden. Quizá si Nadal llega a los catorce o quince títulos se produce la explosión amorosa y los franceses acaban adoptando al de Manacor como un hijo. Y ya se sabe que los franceses cuando adoptan son como la española cuando besa. Pensemos en Picasso. Si esto sucede puede pasar cualquier cosa. Vaya usted a saber si acaban bautizando con el nombre del mallorquín la pista central de Roland Garros, esa que desde su muerte en 2001 está dedicada a Philippe Chatrier. Piensen que ese señor no dejó de ser un dirigente, un hombre de despacho y palco, presidente de la Federación Francesa y de la Internacional. No el rey de la tierra batida.