¿para qué adelantar elecciones?

Pedro Sánchez/EFE
Pedro Sánchez / EFE
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Es una moción de censura solo para convocar elecciones. Esa fue la primera declaración de intenciones. Mensaje subliminal, que no cunda el pánico que mis nuevos aliados no van a ser los separatistas. Solo he venido a librar a España de Mariano Rajoy. Segunda fase. Veo posible sacar adelante los presupuestos con el apoyo de la izquierda y de los partidos soberanistas. Mensaje subliminal, mi intención es girar hacia la izquierda y priorizar las políticas sociales. SMI.SMI. Tercer acto. Puedo gobernar sin presupuestos tranquilamente a través de decreto-ley. Insisto y que se oiga muy claro en Andalucía, no voy a pactar nada con los separatistas. Entre medias, ni una encuesta se atreve a colocar al PSOE fuera de la primera plaza. Una posición inalcanzable hace sólo un año. Último marco creado. No descarto adelantar las elecciones a corto o medio plazo, incluso no descarto hacerlas coincidir con las elecciones europeas, municipales, autonómicas y forales que el 26 de Mayo se celebrarán en España.

Estamos acostumbrados a bruscos giros del guión en la política española desde que las elecciones de 2015 volaron por los aires el bipartidismo y el proces de Cataluña desconectó a los partidos soberanistas como actores predecibles en el parlamento español. Algunos se frotaban las manos con la inestabilidad que arrastraría de nacimiento un gobierno tan minoritario. Pero en sus predicciones malintencionadas colocaban al PSOE como un increíble partido menguante que se jibarizaría lentamente en su propia salsa con sus nuevos amigos. Ese análisis inicial no tenía en cuenta la nueva fragmentación de la derecha con su abandono momentáneo de la parte central del tablero político ni que iba a resultar tan fácil conseguir recuperar la confianza y el apoyo de Podemos adquiriendo nuevamente un sello izquierdista que ha movilizado a parte de sus votantes que andaban desorientados entre la abstención y Podemos.

Tampoco contaban con que las ganas de acabar con la era de Mariano Rajoy iba a dotar al gobierno socialista de un escudo protector lo suficientemente resistente para no verse afectado por plagios, sociedades pantalla, fraudes fiscales, cloacas del estado que han salpicado estos meses de crecimiento demoscópico. Con esa popularidad y esa fragilidad parlamentaria sería normal y habitual en cualquier democracia parlamentaria, incluso en las de esos países que tanto admiramos, que el gobierno se planteara y ejecutara un adelanto electoral para mejorar su fortaleza y poder desarrollar las políticas que necesitan los ciudadanos.

Aquí es donde juegan un papel importantísimo las formas. Hay que saber ocultar el interés partidista y revestirlo de interés general para no ser castigado en las urnas por manipular el ciclo electoral por capricho. El escenario que dibujan las encuestas más optimistas con el PSOE sería el de volver a necesitar del apoyo de los independistas catalanes para poder formar una mayoría estable con Podemos. Y también señala la posibilidad aritmética de alcanzar otro tipo de mayoría contando solo con el apoyo de Ciudadanos. Hoy esta opción, en la posición en la que se ha instalado tanto el PSOE como Ciudadanos parecería descabellada. Pero, viendo los cambios de posición y de aliados con los que ha respondido el PSOE a la caída del bipartidismo no debería descartarse como una estrategia ganadora. Ganar por la izquierda y gobernar con la derecha, sin necesitar a los separatistas. Si al final se adelantan las elecciones, habrá que seguir las explicaciones del para qué en los tiempos en los que ya nadie puede soñar con una mayoría absoluta.

 

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