Una absurda incompatibilidad

Por fin acaba una gran injusticia con los creadores, que podrán compaginar la pensión con los derechos de autor

Una absurda incompatibilidad
lev dolgachov
Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

Está visto que el trabajo y la creación cultural no están bien remuneradas, ni tampoco bien consideradas. Empezando por el empleo cultural, sorprende que los trabajadores del sector artístico tengan una formación académica superior a la media -el 69,3% es universitario, frente al 42,9% nacional- cuando en cambio su precariedad es elevada y su vinculación laboral como asalariados está bastante por debajo de la media española. En otras palabras, la relación entre formación, remuneración y estabilidad laboral en el ámbito cultural sale mal parada, lo cual indica su escasa valoración social y su imposible encaje en una endeble industria cultural.

Por supuesto, no es ningún secreto que en España se valora más y se paga mejor a futbolistas y a celebridades de medio pelo que a escritores o pensadores. El intelectual no interesa en la cultura del espectáculo, que diría Vargas Llosa, salvo que se vuelva un bufón. Muy bien, sí, ya lo sabemos; pero que encima los artistas y los intelectuales no hayan podido compatibilizar hasta ahora su pensión con la creación artística o incluso con la percepción de sus derechos de autor ya supera lo creíble. Menos mal que, si por un lado hemos conocido estos días la sentencia que le da la razón a Javier Reverte en su derecho a compatibilizar la pensión y los ingresos de autor, también se ha aprobado muy recientemente por Decreto-Ley la inmediata puesta en marcha de una compatibilidad legal y la extensión del Régimen de la Seguridad Social a los artistas en espectáculos públicos durante sus periodos de inactividad.

Algo es algo o al menos un poco es mucho, ya que durante bastantes años con gobiernos de todos los colores la injusticia con los creadores ha sido evidente. Que se sepa, la creación intelectual no se jubila en vida de su autor, lo mismo que la propiedad intelectual no se extingue por una incompatibilidad administrativa decretada injusta y absurdamente. Si una de las funciones primordiales del Estado consiste en garantizar el acceso de todos los ciudadanos a la cultura, lo mínimo es conservar y proteger al que crea esa misma cultura. ¿O no?.