Asimov, el intelectual total

Escritor prolífico y gran divulgador, su obra futurista gozó de mucha popularidad por el logrado equilibro que consigue entre estilo, imaginación literaria, ciencia y tecnología

Asimov, el intelectual total
DANIEL REBOREDO

La ciencia y la literatura siempre han caminado unidas a pesar de que ambos campos de la creación se suelan presentar separados sin considerar los innumerables elementos comunes que comparten. Ambas son dos modos estimables y complementarios de acercarse y conocer la realidad y de comprender el mundo, en los que los recursos literarios son vehículos perfectos para transmitir y revelar ciencia y en los que ésta incorpora libertad y racionalidad. Es muy elocuente y reveladora la cantidad de manifestaciones literarias concretas que admiten y se adjudican los temas científicos y tecnológicos como materia para la creación textual y de ahí que textos literarios de diversos géneros puedan ser entendidos como textos de divulgación científica y tecnológica.

Asimismo, el estudio de la relación ciencia-literatura implica atender el debate cultura científica-cultura humanística, debate no zanjado a pesar de los múltiples esfuerzos, en el que la divulgación adquiere un rol determinante. Divulgación que tiene como finalidad acercar a los ciudadanos al conocimiento, a la cultura y al pensamiento, al problema cultural, social y político que implica la ciencia y la tecnología, generando procesos de apropiación y democratización. O lo que es lo mismo, educar ciudadanos participativos, conscientes, libres y críticos con respecto a la constitución de su identidad social, de su pertenencia a una sociedad marcada por la cultura científica y tecnológica.

Si cualquier descubrimiento científico o tecnológico tiene en común con la literatura ciertos ingredientes de imaginación, de perspicacia, de ficción, de fantasía y de utopía, la mayor confluencia entre ambas se da en el género literario de ciencia-ficción de la que surgieron numerosos dispositivos y acontecimientos imaginados confirmados con posterioridad por la ciencia. Recordemos, sin ir más lejos, el submarino de Julio Verne (1870), la técnica de los rayos láser de George Wells (1898), los trasplantes de órganos humanos de Alexander Beliaev (1925), los centros de incubación y acondicionamiento a modo de úteros artificiales de Aldous Huxley (1932), el estudio psicológico de clones y las relaciones que establecen como equipo de Úrsula K. Le Guin (1968), la reproducción clónica como solución a la esterilidad producida por la polución ambiental de Kate Wilhelm (1976), y las múltiples aportaciones de Isaac Asimov como el teléfono inteligente, las ventanas polarizadas o el envío de robots a Marte.

Grande de la historia

¿Qué podemos decir de este último, del escritor nacido en la URSS que en 1923 se trasladó con su familia a Nueva York y que obtuvo la licenciatura en Químicas y en Ciencias y Artes, así como el doctorado en Filosofía y Bioquímica en la Universidad de Columbia? ¿Qué podemos destacar del escritor prolífico y gran divulgador, cuya obra futurista gozó de gran popularidad por el logrado equilibro que consigue entre estilo, imaginación literaria, ciencia y tecnología? Sencillamente que Isaac Asimov es uno de los tres grandes de la historia de la ciencia ficción, junto con Arthur C. Clarke ('2001: Odisea en el espacio') y Ray Bradbury ('Fahrenheit 451'), sin olvidarnos de Robert Heinlein (el decano de la ciencia ficción), Stanislaw Lem y los más antiguos Julio Verne y H.G.Wells, y el más universal, influyente y popular de todos.

Renacentista fuera de tiempo, experto en múltiples campos del saber y desprendido para compartir su conocimiento con el gran público, su claridad de pensamiento se plasmó en sus más de 500 libros, decenas de ellos de divulgación científica, y en sus más de nueve mil cartas y postales (género epistolar). Lenguaje accesible y argumentos inteligentes, intrigantes y reveladores, además de su ingente y variada obra, hacen de Asimov un intelectual total, que abarcó desde la ficción sobre las posibilidades de la humanidad novelas como 'Fundación' (1951); 'Fundación e Imperio' (1952); 'Segunda Fundación' (1953), que conforman el Ciclo de Trántor o Trilogía de las Fundaciones; 'Viaje alucinante' (1966); 'Los límites de la Fundación' (1982); 'Némesis' (1989); y recopilaciones de relatos como 'Yo, Robot' (1950); 'El hombre bicentenario y otras historias' (1976); 'El robot completo' (1982); 'Adiós a la Tierra' (1995) etc.) hasta la divulgación científica ('Momentos estelares de la ciencia', 1959; 'Grandes ideas de la ciencia', 1969; 'El secreto del Universo', 1989; etc., pasando por la historia 'Los Egipcios' (1967); 'El Imperio Romano' (1967); 'El nacimiento de EE UU' (1974), etc., la Biblia 'Guía Asimov para la Biblia', historias de misterio, recopilaciones de poemas humorísticos en cinco líneas y su autobiografía en dos tomos 'En la memoria todavía verde' (1979) y 'En la alegría todavía sentida' (1980) a las que luego se añadieron 'Memorias' (1994) y 'Ha sido una buena vida' (2002) que resume las tres anteriores y que redactó su viuda.

El autor de origen soviético fue un humanista y un racionalista que expresaba sus ideas a menudo desde un punto de vista muy global y como gran contador de historias no se preocupó por elaborar literatura de alto nivel y de ahí que figuras literarias como la metáfora sean muy escasas en sus obras. Miembro y presidente de la Asociación Humanística estadounidense y de Mensa, su alegato y defensa de la ciencia y la tecnología como parte intrínseca de las humanidades fue una constante en su trayectoria vital. La obsesión que manifestó por la economía, el futuro, las matemáticas y los robots se vincula al pensamiento y a la visión de futuros posibles o verosímiles, siempre imbuidos de paternalismo, pensamiento racional y rebeldía contra la opresión social.

En tiempos oscuros e impregnados de violencia como los presentes, quien consideraba que la violencia era el último refugio de los incompetentes, quien sólo veía necesaria la guerra del ser humano contra su extinción y quien pensaba que no era necesario hacer el bien sino que bastaba con no hacer el mal, reflejó como nadie en sus obras que en la ciencia ficción el protagonismo lo tienen las ideas y no las personas.