Una nueva maestra de la vieja escuela

La estadounidense Mattiel borda en su álbum de debut un rock decididamente retro, pero nunca anodino

Mattiel/Jason Travis
Mattiel / Jason Travis
Carlos Benito
CARLOS BENITO

Los estereotipos nos llevan muchas veces a suposiciones clamorosamente erróneas. Si leemos sobre una prestigiosa diseñadora gráfica estadounidense que trabaja para MailChimp y hace música en sus ratos libres, probablemente nos imaginaremos un producto muy contemporáneo, quizá electrónico, con ese toque de sofisticación tan apto para galerías de arte y veladas 'cool'. Si echamos un vistazo al porfolio profesional de la mujer en cuestión, Mattiel Brown, con un estilo visual proclive al minimalismo pop, esa impresión se verá reforzada. Y dicen quienes la conocen en persona que su manera de comportarse y hablar, con maneras suaves y discretas, no hace más que empujar también en esa dirección. Pero no, la Mattiel Brown música no tiene nada que ver con el cliché ultramoderno y delicado: su disco de debut suena a rock con solera, con canciones clásicas interpretadas con voz poderosa y envueltas en arreglos imaginativos pero decididamente retro.

Mattiel (que usa su nombre de pila, sin apellido, como apelativo artístico) tiene en casa un buen modelo para desafiar expectativas. Su madre trabajó muchos años como decoradora y escenógrafa en el mundo del cine, pero después dio un bandazo biográfico, se compró una granja en Georgia y se dedicó a criar ovejas, caballos y gallinas. Mattiel creció ahí, en el campo, así que la portada de su álbum de debut (en la que aparece de pie sobre un caballo) no es un trucaje informático sino una pequeña muestra de sus habilidades como amazona. De su madre también heredó el gusto por el folk y el pop de los 60 (con especial predilección por Donovan y Peter, Paul & Mary), que después fue enriqueciendo con nuevas influencias (de Patti Smith a The White Stripes) cuando empezó a conducir y trabajar en Atlanta: solía escuchar cada cedé en el coche de manera obsesiva, hasta diseccionar mentalmente los elementos de la música.

Como Cher

En Atlanta conectó con InCrowd, un dúo de compositores y productores, amantes de la cacharrería analógica, con los que sintió un vínculo especial. Su relación comenzó con una cita en el estudio para grabar una versión de Donovan, aunque los dos músicos albergaban serias dudas: «Creía que iba a tener una voz pequeña, susurrante, ya sabes. Pero me dejó atónito. Sonaba como la Cher de los 60 cantando a Dylan», ha relatado Randy Michael, el 50% del dúo. Para dar forma a las canciones, InCrowd envían a Mattiel bases instrumentales y ella les añade letra y voz, en una tarea que no encuentra tan diferente al diseño gráfico: «Las limitaciones de tiempo, espacio y presupuesto te empujan a ser tan creativo como puedas con lo que tienes», ha comentado.

Su primer álbum, titulado simplemente 'Mattiel', se editó el año pasado en Estados Unidos y acaba de salir ahora en Europa. Es un repertorio sesentero con voz fresca y segura de sí misma que lo mismo recuerda a Nancy Sinatra, que a los grupos de chicas, que a esos sonidos singulares que Tarantino suele aprovechar en sus películas, con alguna expedición más setentera que podría compartir territorio con los Strokes. Y, sin embargo, en ningún momento suena anodino ni previsible. «Tiene un deliberado matiz retrógrado, pero también una rareza que lo hace único», ha escrito el crítico de 'The Times', mientras que los organizadores del Primavera presentaron a Mattiel como la «versión beta de una estrella de rock». Además, la otra vertiente de Mattiel, su cerebro de diseñadora, la lleva a cuidar al extremo toda la imagen de su carrera musical, con vídeos de gran impacto visual que no pasan desapercibidos.