Gabinete Caligari: 'Camino Soria'

Puede estar considerada una de las obras cumbre del pop y el rock hispanos. Con ella, la banda Caligari logró alcanzar su cenit compositivo e interpretativo

Imagen promocional del grupo./
Imagen promocional del grupo.
CÉSAR CAMPOY

A principios de 1987, el ente sustentado en el buen hacer de Jaime Urrutia, Fernando Presas y Edi Clavo vivía uno de los momentos más cruciales de su trayectoria. En el aspecto profesional, todavía resonaban los ecos de su último trabajo, 'Al calor del amor en un bar' (DRO-3 Cipreses, 1985), ejemplo evidente de rock castizo. En ese preciso instante, en el que la manida Movida parecía iniciar su lenta decadencia, el trío decide coger otro sendero del andado, eso sí, sin abandonar del todo esa marca de la casa tan característica. Las influencias del combo derivan (o se amplían) hacia elementos más pop; más en concreto, hacia su vertiente más sofisticada, introvertida e, incluso, melodramática. Era de prever: El reciente fallecimiento (a finales de 1986) de Ulises Montero, saxofonista de Gabinete Caligari, había dejado muy tocado al trío. Además, el propio Urrutia atravesaba una etapa emocional complicada, debido a una historia de desamor. Todos estos condicionantes justifican, de sobra, ese incuestionable aire agridulce, triste, melancólico que impregna buena parte de un disco convertido ya en obra de arte de la música contemporánea hispana.

De sobria portada (a partir de un diseño de Pablo Sycet), basada en el 'White Album' de The Beatles (Apple Records, 1968), y con fotos interiores realizadas por el mítico Alberto García-Alix (viejo conocido del combo), podríamos afirmar sin miedo a errar, que 'Camino Soria' es el primero de los discos en los que Gabinete Caligari ejerce de cuarteto. El incombustible músico uruguayo Esteban Hirschfeld (Los Mockers, Sergio Makaroff, Los Nativos, Los Rápidos, Nacha Pop...) caló hondo en los corazones de Jaime, Fernando y Edi después de que a través de su amplificador Leslie circularan oscilantes las inconfundibles notas iniciales de aquel 'Cuatro rosas'. Poco después, Esteban pasó a ser parte, casi imprescindible, del grupo y, en años posteriores, se convirtió en pieza vital del proyecto de Urrutia en solitario. Los créditos del disco que nos ocupa son claros: Hirschfeld aparece, junto al trío, como compositor de los nueve temas que lo componen. Además, el de Montevideo se encarga de los teclados (el instrumento que siempre ha frecuentado), así como de los brillantes arreglos de un larga duración que fue producido por otro viejo camarada: Jesús N. Gómez.

Aunque no lo sea de manera ortodoxa, 'Camino Soria' suena, tal vez agarrándose a esa filosofía que lo circunda, a disco conceptual. Tal vez ayude, también, el hecho de que pronto pasó a formar parte de un listado privilegiado de referencias discográficas de la historia del pop y el rock españoles: la de aquellos elepés a los que no les sobra ni uno sólo de los temas que lo componen. Debido a la intensidad emocional que desprenden, su evidente calidad instrumental y textual, y su depurada producción repleta de pinceladas detallistas, no exageramos si afirmamos que ninguna de las nueve piezas de esta maquinaria tiene desperdicio.

'Pecados más dulces que un zapato de raso'

La cara A de aquel vinilo se abría con 'Pecados más dulces que un zapato de raso', cuyo texto se construye a partir del poema del mismo nombre de Eduardo Haro-Ibars (fallecido en 1988), representante notable, junto a otros nombres como los de Leopoldo María Panero, de la llamada 'Generación perdida'. De elegancia supina, el tema destila nostalgia por los cuatro costados, cobijado en una sección rítmica brillante en la que destacan algunos recursos habituales de la batería de Edi Clavo. Contrasta con una rítmica 'Suite nupcial' que se mece en incontables arreglos de sintetizador y vistosos vientos, a la que sigue la que está considerada una de las piezas más crudas de Gabinete Caligari, 'La fuerza de la costumbre', construida a partir de una instrumentación grandilocuente y una dramática y trabajadísima letra a través de la cual Urrutia alcanza uno de sus momentos interpretativos más emotivos. Considerada un sentidísimo homenaje en toda regla a Ulises Montero, 'Tócala Uli' se sustenta en un pegadizo riff de bajo soulero y unos teclados inspiradísimos que le confieren un ritmo casi frenético y completamente emotivo, justo antes de que suenen el acordeón y el bandoneón introductorios de 'Como un pez', otra magna muestra de aflicción puesta al servicio de una música sobrecogedora (esos redobles) y una letra de altura.

La cara B del disco se nos mostraba orgullosa gracias a una pegadiza y conmovedora 'La sangre de tu tristeza' (lúcida la transición instrumental a mitad de canción), que daba paso a una de las composiciones más relajadas, embriagadoras y sugestivas: 'Saravá', una canción de amor de manual. La recta final se iniciaba, por otra parte, con otra de las piezas más marchosas, 'Rugido de tigre', tal vez la menos circunspecta, a partir de un ritmo de clara inspiración de rock clásico. Justo hasta que, sorpresiva, magistral y ampulosa, como si traspasáramos por primera vez las puertas de la más increíble catedral gótica erigida, comienza a sonar esa celebérrima introducción de órgano, al más puro estilo de atmósfera eclesiástica, del tema que da título al disco. El propio Hirschfeld ha reconocido en diversas ocasiones que se inspiró en la melodía del clásico 'Fly me to the moon' para estructurar uno de los momentos clave de la historia de nuestra música. A partir de aquí, Gabinete Caligari, apoyados en su solvente equipo (entre ellos, el mítico percusionista Tito Duarte), cincelaron con mimo (esos vientos omnipresentes que, en ocasiones, dialogan con la voz, las necesarias pinceladas de teclado y guitarra) una pieza de más de seis minutos que, en su origen, encontró la fuente en la que beber en el 'I'm only sleeping' de (sí, otra vez) The Beatles. Esto, no obstante, no debería desviar nuestra atención ya que, esta composición, por sí sola, dispone de elementos suficientes (también, esa letra irrepetible con referencias a Bécquer y Machado, y que es capaz de idear un ambiente que, prácticamente, se puede oler) para haberse convertido en un himno universal con entidad propia.

'La sangre de tu tristeza'

La repercusión de 'Camino Soria' fue increíble. Representó la cima compositiva e interpretativa de sus creadores, y marcó una de las cumbres de nuestra música. Tanto crítica como público se pusieron de acuerdo en valorar una gema que, incluso con los años, ha sido reivindicada con más fuerza. En su momento, alcanzó el medio millón de copias vendidas, y el tema que le daba título (recordemos, una pieza que sobrepasaba los seis minutos) se colocó en lo más alto de las listas de la mayoría de radio fórmulas.

'Camino Soria'

Evidentemente, a partir de aquí, los miembros de Gabinete Caligari se enfrentaron a un tremendo reto a la hora de preparar su siguiente trabajo. En 1989 veía la luz 'Privado', un disco en el que EMI puso toda la carne en el asador y que, curiosamente, representó un retorno de la banda a antiguos derroteros netamente castizos. Posiblemente, con su segundo sencillo, 'La culpa fue del cha-cha-chá', el combo tocó techo en lo que a nivel de popularidad se refiere. Eso sí, aquella referencia marcaría el principio del fin de una aventura que nació en 1981 y que, a lo largo de casi dos décadas, dejó su huella marcada a fuego en el imaginario colectivo de nuestra sociedad.