'La Casa de las flores' nunca disfrutaremos con una telenovela como lo hicimos con las de Jeanette Rodríguez

'La casa de las flores' se desinfla y no consigue volver a poner de moda un género que arrasó en los 90

Cecilia Suárez y Paco León en 'La casa de las flores' (2018)./
Cecilia Suárez y Paco León en 'La casa de las flores' (2018).
Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDA

El que esté libre de algún culebrón en su haber que tire la primera piedra. Pero que apunte bien. Quien más y quien menos, con una edad, tiene un 'Topacio', 'Rubí' o 'Cristal' en su vida. Esta última logró en los años 90 que ocho millones de españoles se enganchasen al romance de Cristina y Luis Alfredo. Jeanette Rodríguez, Carlos Mata y Lupita Ferrer adquirieron una fama inusitada en nuestro país que para sí la querrían ahora muchos actores de series.

Las telenovelas llegaron para quedarse un tiempo, eran placeres culpables difíciles de reconocer en público pero que todo el mundo consumía en privado. El relato se repetía una y otra vez. Sólo cambiaba el nombre de la protagonista. Lo mismo era Abigail, que Manuela o María de Nadie. Hay un precedente anterior a todos estos títulos: 'Los ricos también lloran', que emitió a principios de los años 80 TVE a primera hora de la mañana y que contó con numerosos seguidores. Hasta Pablo Iglesias, el líder de Podemos, reconoció en una entrevista haber llegado tarde alguna vez al colegio por seguir aquel drama. «Aprendí a llorar, pero no aprendí a olvidarte», cantaba Verónica Castro, deslumbrante protagonista del serial.

Creíamos que aquella etapa estaba superado hasta que vino Netflix a decirnos que no, que los culebrones molaban, que iban a volver a ponerse de moda y que iban a ser transgresores. Toma ya. Y para lograr este propósito trajeron del más allá a la propia Verónica Castro y le adjudicaron el papel de matriarca de una peculiar familia al frente de una floristería.

Reparto de 'La casa de las flores' (2018).
Reparto de 'La casa de las flores' (2018).

Una de las primeras noticias que tuvimos de 'La casa de las flores' fue que Paco León iba a interpretar a una mujer transexual, decisión que no despertó el entusiasmo del colectivo, temiendo que el personaje quedase demasiado caricaturesco. La polémica despertó el interés por el nuevo título de Netflix, que a priori no resultaba demasiado atractivo y dio una pista de la intención de la plataforma por transgredir un género tan convencional como era la telenovela.

¿Sería capaz de conseguir el gigante norteamericano en convertir en título de culto un culebrón? Bueno, si logró que una ficción adolescente bastante corriente ('Por 13 razones') fuese considerada imprescindible y que despertase todo tipo de debates no parecía descabellado que alcanzase su nuevo propósito. Y así ha sido. El verano ha pasado y 'La casa de las flores' se ha colado en no pocas charlas.

Es verdad que los meses estivales invitan más a disfrutar de propuestas superficiales y que la curiosidad empujaba a ver al menos un episodio de la serie. Sea como sea un buen número de espectadores han pasado el mes de agosto hablando con las sílabas separadas (qué-ri-dí-cu-lo-re-sul-ta-to-do) e incorporando a sus conversaciones frases como 'Olvide cancelar el mariachi', 'Salúdame al Cacas' o 'Pues casi sin darme cuenta éramos lesbianas'. La culpa de eso la tiene Cecilia Suárez, auténtica revelación de la producción mexicana. Pero ella, por buena que sea, no puede tirar sola del carro. Por ella se aguantan tres o cuatro capítulos, no más. ¿Y los 13 que dura la primera temporada? No mames.

'La casa de las flores' es una apuesta de Netflix en México sobre una familia, los De la Mora, que regenta un negocio de flores y que viven ocultándose cosas entre ellos y a sí mismos. Pero todo esto se desmorona cuando en una celebración se presenta la amante del patriarca y se suicida. «Ahora sí la Roberta resultó una aguafiestas», que diría la Suárez, en el papel de hija mayor. A partir de ese momento saldrán a relucir los negocios turbios del padre, las aficiones de la madre, la verdadera opción sexual del hijo, las dudas sentimentales de las hijas y hasta dos nuevos integrantes del clan de los que muy pocos conocían su existencia, así como otro negocio con idéntico nombre, 'La casa de las flores', pero este dedicado al cabaret. Los elementos clásicos del culebrón se mantienen: venganzas, líos amorosos, secretos y muchos excesos, pero eso sí los relatos se adaptan a los tiempos actuales abriendo el abanico de las opciones sexuales. Además la serie se apoya en un presupuesto más amplio del que suelen tener este tipo de productos y lo destina, bien destinado, a cuidar aspectos como el montaje o la fotografía. La duración de los episodios (30 minutos) y el tono cómico también se presentaron como novedad y resultaron un acierto.

Pero de ahí a transgredir... 'La casa de las flores' se desinfla en cuanto termina la anécdota. Una vez conocidos todos los personajes y los diferentes embrollos en que cada uno está envuelto se vuelve repetitiva e insulsa. La mayoría de historias pierden interés y ayudan poco unos roles que dan poco de sí, con escaso recorrido. Mucho ruido para tan pocas nueces. No, nunca volveremos a los tiempos de 'Cristal' ni 'La dama de rosa' ni estaremos tan pendientes como lo estuvimos décadas atrás a las aventuras de Emperatriz Ferrer. Al lado de aquella los De la Mora no tienen nada qué hacer. No-nos-den-más-la-mur-ga-por-fa-vor.