Vestigios de un antiguo oficio

En San Juan queda el recuerdo. /Avelino Gómez
En San Juan queda el recuerdo. / Avelino Gómez

La Asociación Amigos de las Cañadas de Burgos valora positivamente el proyecto de la Fundación Galletas Coral en Miranda y espera que «llegue a buen puerto»

SILVIA DE DIEGO

Miranda y su comarca cuentan con pocos vestigios de lo que fueron los pastores trashumantes, un oficio que por falta de relevo generacional, entre otras muchas cuestiones, ha hecho que esta forma de vida haya ido cayendo poco a poco en el olvido.

Hace unos meses José Luis Solana presidente de la Fundación Galletas Coral adelantaba la intención de apostar por mejorar una cañada real a su paso por la ciudad con el objetivo de crear un recorrido natural partiendo de La Picota. Una iniciativa bien recibida por la Asociación Amigos de las Cañadas de Burgos aunque matizan que por Miranda lamentablemente no pasa ninguna cañada real aunque sí puede ser una vereda o cordel. «Para resumir todas son vías pecuarias y dentro de las mismas hay muchas variedades aunque las autorizadas por el ahora Ministerio de Transición son cañadas reales, cordeles y veredas. Unas de otras se diferencian tanto por la protección regia como por el tamaño en antiguas varas castellanas».

El desarrollo del proyecto ideado por la Fundación Galletas Coral supone según la Asociación un revulsivo importante para la puesta en valor de este tipo de vías y espera que el proyecto llegue a buen puerto.

En el mapa elaborado por el MOPU no se recoge ninguna cañada real en esta zona por una razón lógica según Félix Martínez. « Miranda no es un paso estratégico, la más cercana que tenemos es la Leonesa Oriental. Uno de los grandes dramas es la pérdida de pastores, a penas quedan sedentarios y trashumantes menos», apostilla a la vez que lamenta «la usurpación de estas vías o por agricultores o en otros casos por la construcción de urbanizaciones».

La pérdida de la trashumancia lleva acompañada una pérdida ecológica de incalculable valor. «Hay que tener en cuenta que las ovejas merinas según iban subiendo comían semillas de determinadas plantas que eran transportada en el tracto digestivo. Eran rumiadas y excretadas y junto con la boñiga de materia orgánica, encima eran pisoteadas y enterradas por el rebaño lo que ocasionaba la formación de auténticos bosques por no olvidar que formaban unos cortafuegos muy efectivos». Junto a este aspecto, la trashumancia originó una raza de perro exclusiva, el mastín español. «Raza autóctona de la península con el fin de proteger a los rebaños del lobo. En mi última aventura con un pastor con 2.000 ovejas no ha tenido ni una sola baja gracias a sus nueve mastines».

Con el fin de que el oficio no se pierda la Asociación Trashumancia y Naturaleza quiere dignificar el oficio. «Antes era muy duro, ahora el pastor cuenta con descansaderos con cabañas y duchas y se les recoge con un todo terreno y se les baja al pueblo para que puedan tener contacto con la civilización, es una forma de dignificar la profesión sin olvidarnos de las tecnologías que nos rodean hoy en día».

Según la Asociación Amigos de las Cañadas de Burgos con sentido común se podría expandir un tipo de turismo relacionado precisamente con esta forma de vida y, de hecho, en la actualidad en la región la Mancomunidad Tierras Altas de Soria ofrece la oportunidad al turista de convertirse, entre comillas, en pastor por tres días; 150 euros por pernoctar al raso y por aprender a conducir ovejas. En la actualidad tan solo quedan dos explotaciones en esta provincia que continúan con la trashumancia.

Orígenes

Desde la Edad de Piedra los rebaños , cuando llegaba el invierno y se cubrían los pastos de nieve, tenían que buscar otros lugares para alimentarse. «Sin intervención del hombre ya había movimiento trashumante, detrás íbamos nosotros a darlos caza», recalca Félix Martínez de Lezea miembro de la Asociación Burgalesa quien recalca la importancia que tuvo esta forma de vida durante la Edad Media. «Solo en Castilla y León se movían en cada temporada cerca de cinco millones de ovejas merinas que era la riqueza de España. Hubo que regularlo y se establecieron una especie de vías comarcales y fueron reguladas. En un principio intervino el Consejo de la Mesta pero con Alfonso X El Sabio fue el que dio rango de protección real, de ahí el nombre de cañada real».

Históricamente, la trashumancia en España se ha realizado a pie, pero a partir de mediados del siglo XIX se introduce el ferrocarril. Éste comenzaría a ser a su vez substituido por el camión cincuenta años más tarde, pero la trashumancia aún era mayoritariamente realizada a pie hasta los años 1950.​ Recientemente, las localidades de Malpartida de Cáceres (Cáceres), Oncala (Soria) y Guadalaviar (Teruel) han creado museos dedicados a la trashumancia.

En cuanto a cifras, las vías pecuarias suman 125.000 kilómetros en toda la geografía española, son de dominio público y pertenecen la comunidad autónoma por la que discurren. Se denominan así por el edicto de Alfonso X en 1273 desde 2007 figuran como candidatas a Patrimonio de la Humanidad.