Los talleres de Renfe en Miranda pierden 80 trabajadores en los últimos cuatro años

Instalaciones de los talleres de Renfe en Miranda. /A. G.
Instalaciones de los talleres de Renfe en Miranda. / A. G.

La carga de trabajo va disminuyendo en unas instalaciones sin apenas inversión y con una nave precintada por estar en malas condiciones

CRISTINA ORTIZ

Menos trabajadores y una nave precintada por las Inspección de Trabajo por su mal estado y el riesgo de desprendimientos. Esa es la realidad que viven los talleres de Renfe en Miranda, sin olvidar la pérdida de carga de trabajo. Una situación que se viene denunciando desde hace tiempo pero que, hasta la fecha, no se ha conseguido frenar. Solo en los últimos cuatro años han salido de la plantilla 80 personas, número al que está previsto que a lo largo de este ejercicio se sumen 14 más que van a cumplir los 65 y, por tanto, se van a jubilar.

«La pérdida es considerable y aquí no entra nadie», lamentó Luis Gangoso, secretario del Sector Ferroviario de Comisiones Obreras, en el marco de unas jornadas dedicadas a abordar ayer y hoy en la ciudad la situación del ferrocarril y la estrategia futura.

Marchas que no se están compensando con nueva incorporaciones, porque a través de las últimas Ofertas de Empleo Público solo han llegado dos. Concretamente un tornero y un soldador, que se han sumado a las dependencias en las que se repara material remolcado. Y tienen claro que han vinculado aquí porque son personal cualificado difícil de encontrar e imprescindibles. «Son necesidades muy puntuales».

En estos momentos, componen la plantilla de Renfe en talleres 82 personas, de las que 37 pertenecen al área de material remolcado y las otras 45 a la dedicada a mantenimiento y reparación motor. Trabajadores a los que se suman 28 personas más a través de contratas y que, por tanto, tienen unas condiciones laborales distintas. «En Miranda los talleres se están abandonado. Se está dejando morir a los pequeños y aquí tenemos una prueba muy palpable de ello», advirtió.

De otro modo no se entiende que una nave destinada a la realización de tareas de reparación y mantenimiento de máquinas diésel lleve precintada más de un año por la Inspección de Trabajo, que consideró que presentaba riesgos para el personal, y no se haya hecho nada para solucionar el problema; pese a que se había fijado un presupuesto para hacerlo.

«Se está cayendo entera y la inversión prevista está parada», pese a que la inacción le puede suponer una sanción a Renfe por no haber cumplido las medidas propuestas por la Inspección de Trabajo, que se espera que vuelva la próxima semana a visitar las instalaciones.

Además, la situación ha provocado que algunas actividades que se realizaban se hayan tenido que reubicar en otros espacios y algunas se hayan perdido, para ir a parar a empresas privadas.

Pero es que, en general, en ambos talleres «las cargas de trabajo están disminuyendo notablemente. Es algo palpable. Pero es que si disminuye la plantilla hay mantenimientos que no se pueden hacer. Además también hay falta de medios y de infraestructuras. No se hace ninguna inversión para mejorar». Calculan que en los últimos tres años habrán perdido unas 14.000 horas efectivas de trabajo.

Situación de pérdida de fuerza ferroviaria que es extensible al área de mantenimiento de infraestructuras, el personal que se encarga de que las vías estén en perfecto estado también está disminuyendo. «Muchos de esos trabajos se están privatizando y, además, al hacerse menos actuaciones se están produciendo más incidencias» que afectan a los viajeros.

Y el futuro, al menos en el ámbito laboral, no es nada halagüeño, si se tienen en cuenta, como apuntó Nicolás Taguas, secretario general nacional del Sector Ferroviario de CC OO, que en España, «los trabajadores de Renfe no mantienen ningún tren de Alta Velocidad, solo un grupo de cinco ramas en Málaga».

Todas las demás dependen de los fabricantes, por eso desde el sindicato demandan que en la nueva adquisición de material la empresa pública se quede «al menos con el 50% del mantenimiento de material. De lo contrario se seguirá profundizando en el hecho de hay tantos trabajadores que no son de Renfe y que se ocupan de los vehículos como que sí los son».

En ese sentido, Carlos López, secretario regional de la Federación de Servicios a la Ciudadanía, lamentó la falta de «espíritu comercial» de la entidad pública, a la que criticó la despreocupación por captar carga de trabajo realizando el mantenimiento del material de las empresas privadas que realizan transporte de mercancías a través del ferrocarril desde que el sector se liberalizó en 2005.

Evidentemente, la pérdida del peso ferroviario en la ciudad se repite en otros puntos de la comunidad. De hecho, según las estadística de CC OO, solo en la provincia de Burgos se han perdido 355 empleos en dos décadas, de 1999 a 2018. Se ha pasado de contar con una plantilla de 978 a otra de 623, lo que supone un 36% menos. Si se analiza la situación de Castilla y León en su conjunto, la reducción de trabajadores alcanza los 1.693, pasando de 4.618 a 2.925.

 

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