Solabarrieta sonó en el kiosco del Arenal

Muchos de los que paseaban por El Arenal se vieron atrapados por el sonido de la Banda mirandesa./ P. URRESTI
Muchos de los que paseaban por El Arenal se vieron atrapados por el sonido de la Banda mirandesa. / P. URRESTI

El homenaje al fundador de la Banda de la Cofradía Mirandesa de Bilbao fue vivido con intensidad por su hijo

MARÍA ÁNGELES CRESPO

Como cabía esperar, la emoción se desbordó en algunos momentos durante el homenaje que se tributó ayer a Gregorio Solabarrieta. El fundador de la Banda y compositor de las más emblemáticas partituras para la ciudad recibió el merecido reconocimiento gracias a la iniciativa de la Cofradía Mirandesa de Bilbao.

Y quién mejor que el hijo del maestro Solabarrieta, Juantxu, para representarlo y recibir los agasajos en su nombre. Allí estuvo con sus más de noventa años y acompañado por buena parte de su familia, «hemos estado más o menos unos treinta Solabarrieta», explicaba también emocionado uno de los que forman la tercera generación, Juanjo que junto con su hermano Txutxi y su sobrino Asier acabaron interpretando «tocando el piano, la flauta y la guitarra, algunas de las piezas de mi abuelo». Esto ocurrió durante la comida en el Hogar Navarro, pero el homenaje comenzó mucho antes.

La primera toma de contacto para lo que sería un día redondo para Juantxu Solabarrieta arrancó a las doce y media del mediodía en El Arenal; en su kiosco se instaló la Banda Municipal e inició el concierto con un repertorio netamente mirandés. Desde Miranda habían sido muchos los que se trasladaron y empezaron a emocionarse desde que escucharon las primeras notas. Y el sonido que surgía del buen hacer de los músicos mirandeses atrajo no sólo a los que fueron hasta el lugar con la idea de escuchar el concierto. «Ha sido fantástico ver cómo eran muchos los bilbaínos y los turistas que estaban por aquí que se quedaban entusiasmados escuchando lo bien que suena la banda de Miranda», explicaba Jesús Fernández Urbina.

Se habían habilitado alrededor de doscientas sillas para comodidad de los espectadores y acabaron siendo casi quinientas las personas «que han disfrutado con nuestra música».

La emoción fue subiendo a medida que se escuchaban los acordes y el momento álgido llegó cuando sonó el himno de Miranda. «Ha sido increíble ver a todos los mirandeses de pie, cantándolo, y también el himno del mirandés». Fue en ese instante cuando el homenajeado ayer, Juantxu Solabarrieta vivió uno de momentos más intensos de la jornada.

Sin descanso

Tras el concierto ya estaba satisfecho, pero quedaba más. Antes de entrar se bailó en su honor un aurresku y durante la comida –no faltaron las delgadillas–, fueron muchos los que alabaron la gran labor de su padre, que él agradeció. Y recibió como era obligatorio, la txapela que le impusieron dos músicos de generaciones distintas, Asier Puga y Pititi.

En un «gran ambiente festivo y entrañable», como dijo Juanjo Solabarrieta, hubo palabras para el recuerdo y también para pensar en el futuro. La alcaldesa, Aitana Hernando y la concejala de Cultura, Montse Cantera, hablaron de la posibilidad de hacer un gran homenaje a Gregorio Solabarrieta; «parece que han recogido el guante», apuntó.

«Ha sido un día precioso y muy emocionante»

«Hemos escuchado la música de mi padre, muchas de las piezas que yo también he tocado con la banda. El concierto ha sido maravilloso. El día en general ha sido precioso y muy emocionante», es lo que alcanzaba a decir Juantxu Solabarrieta, hijo del fundador de la Banda Mirandesa cuando ya se encontraba en la sobremesa de la comida que se celebró en el Hogar Navarro. En sus puertas, antes de entrar él fue recibido con un aurresku y, en la celebración, además de percibir el cariño de todos los que le quisieron acompañar recibió la txapela. Juantxu disfrutó de lo lindo junta a familiares y amigos.

 

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