Una nueva vida que aprender jugando

Las clases son muy participativas . /Avelino Gómez
Las clases son muy participativas . / Avelino Gómez

Un total de 24 personas dentro del programa de Refugiados han asistido a las clases de español que ofrece Cruz Roja en la ciudad durante el pasado 2018

SILVIA DE DIEGO

El juego de la oca, la escalera y otros muchos que forman parte de nuestra infancia o de nuestros ratos de diversión sirven para derribar algo tan complicado como es la barrera del idioma. Miles de personas huyen cada día para salvar su vida o preservar su libertad, son los refugiados y precisamente estas personas cuando llegan a sus países de destino se encuentran con numerosos obstáculos que parecen insalvables, entre ellos la forma de poder comunicarse para pedir algo tan simple como un vaso de agua. En Miranda Cruz Roja intenta aliviar el peso de una maleta cargada de miedo e incertidumbre, un equipaje que también lleva el peso de todo lo que se deja atrás.

En estos momentos, dentro del Programa de Protección Internacional, la organización en la ciudad atiende a un total de 11 adultos y a otros 13 menores que participan en Apoyo Escolar. Ucrania, Georgia, Armenia, Rusia o Siria son algunas de las procedencias de estos valientes. «En las clases de castellano participan tanto los solicitantes de protección internacional, asilo y refugio como otros inmigrantes que tienen dificultad con el idioma. En los dos programas juntos han participado cerca de treinta personas», aclara la psicóloga Rubí Martínez.

Cruz Roja trabaja para el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. «Ellos son los que nos derivan a las personas, primero se realiza un diagnóstico por parte del equipo para detectar las necesidades a cubrir y después se inicia el programa que consta de tres fases».

La primera de estas etapas es la de acogida temporal y se desarrolla cuando las familias están en el piso del colectivo y es precisamente cuando tienen que acudir a los cursos formativos. «Durante esta fase los refugiados acuden a las clases porque se tienen que presentar al nivel A-1 en seis meses», aclara la técnico.

En un segundo lugar y tras salir del piso se abre un abanico de seis a doce meses y se preparan el nivel A-2, nivel que actualmente han conseguido tres personas. «Es increíble el esfuerzo que realizan en poco tiempo para alcanzar este grado», sostiene Rubí.

Por último, la autonomía es la tercera de las fases, en este caso, los refugiados ya no están en Cruz Roja y han adquirido las habilidades y el conocimiento de la ciudad para poder desenvolverse.

Uno de los problemas con lo que se encontraban estas familias era el acceso a una vivienda de alquiler en la ciudad por miedo o desconocimiento de los propietarios algo que ya no existe ya que se dispone incluso de una pequeña bolsa de alquiler fija. «Con mucho trabajo la gente se ha mentalizado y sí que confía a la hora de dar este paso. Al final es una garantía la seguridad que aporta Cruz Roja a la hora de alquilar estas viviendas».

Junto a los ocho voluntarios fijos, que van dos horas al día de lunes a viernes y que ayudan a hacer más fácil el día a día de estas personas, también cuentan con el profesor titulado Diego Zubiaga. «Junto a la entrega y dedicación de nuestros voluntarios contamos con un profesional que dispone de las herramientas más adecuadas».

Muy gestual

La dificultad de un idioma es inversamente proporcional a la fuerza de motivación para aprenderlo y de esto sabe y mucho, Diego Zubiaga quien valora satisfactoriamente las clases, momentos enriquecedores a pesar de los obstáculos. «No todos tienen el mismo nivel y el mismo ritmo de aprendizaje. El grafismo es muy variado, imagina una clase en la que los grafismos protagonistas son el armenio, el georgiano, el árabe y todo hay que intentar adaptarlo al español», matiza mientras sonríe y dice que hay que intentar simplificar las cosas al máximo por lo que al principio todo es muy gestual, la mímica, los dibujos y los juegos de mesa se convierten en grandes aliados. «Muchas veces entre ellos mismos consiguen explicarse las palabras. Desde lo más básico con palabras sueltas, pasamos a hacer pequeñas oraciones, conjugar verbos y acabamos manteniendo una conversación».

En todo este proceso, los juegos de mesa de toda la vida adaptados son esenciales ya que con ellos se consigue también eliminar la barrera de la vergüenza y es que todos los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando. «La oca de los verbos, juegos de escaleras y serpientes adaptados. Aquí tiras el dado y en la casilla que caes debes decir una conjunción, una frase o un verbo. Para mi es un trabajo muy enriquecedor gracias a ellos, para mi formación como maestro, me dan más competencias. Tienes que conseguir llegar a una persona de la que no sabes su idioma. Se lo explicas con una palabra en tu idioma, dándole vueltas y buscando nuevas formas de aprendizaje».

 

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