Carlos Núñez
Cuando celebra los 30 años de 'A Irmandade das Estelas', le gustaría que el país mirase más al norte a la hora de valorar nuestra tradición musical
Cristina Ortiz
Jueves, 20 de noviembre 2025, 23:46
Lleva desde los 8 años 'cargando' con la gaita, instrumento con el que ha recorrido el mundo y con el que sigue trabajando para que ... esa música que también forma parte de la tradición española, de la Atlántica, en contraposición a la mediterránea, más identificada con España, tenga mayor reconocimiento. Lleva más de tres décadas en ese intento.
–Vuelve hoy a Miranda, al Apolo (20.30 horas), que supongo que es casi como regresar a casa, aunque antes lo hacía por Navidad.
– Totalmente. Iniciamos esta tradición hace unos años, pero hace dos que no volvíamos. Además la gira este año arranca en Miranda. Es el primer concierto. Siento que tengo ya una familia ahí y es que después de la actuación me paso entre una y dos horas hablando con la gente. Es un privilegio que me ofrece la música. Un concierto, en el fondo, es una experiencia en ambos sentidos.
–La gira celebra los 30 años de su trabajo 'A Irmandade das Estrelas', que cambió el concepto de música celta en España. ¿Pensó que este trabajo le iba a dar tanto?
–En el mundo de mis sueños, sí. Desde que yo era muy pequeñín, desde los 13 años, tenía clarísimo cuál era mi objetivo. Pero era muy difícil. Porque, no te voy a decir que me hiciesen bullying por tocar la gaita y la flauta, pero casi. No era precisamente lo que molaba en los años 80. Igual que cuando empezamos a ir a las primeras giras por Estados Unidos, que la gente alucinaba y esperaba un toreador que hacía flamenco. Y decían, ¿qué? ¿gaitas en España? Pero eso es la salsa de la vida. Cuando saqué ese primer disco yo ya había hecho todo un viaje iniciático yendo con mis maestros, The Chieftains, por el mundo; ya había tocado con Bob Dylan, con The Who o con Sinéad O'Connor. O sea, hubo que esperar mucho tiempo hasta que saliese el sol. Cuando era muy jovencito, se decía que con el año 2000 iba a llegar una nueva era y una de las cosas que pasó en ese efecto de fin de milenio es que la gente se conectó con la naturaleza, apareció un fenómeno que se llamaba New Age, con el que de pronto en las radios empieza a colarse la música celta. Han pasado 30 años, y lo maravilloso es que los más jóvenes hoy ya no tiene complejos con la tradición. No se ve como subdesarrollo, se ve como algo que hay que proteger, en todos los aspectos de la vida. Hay una sabiduría detrás de la tradición.
–Esa tradición, en lo musical, ¿sigue teniendo hueco en un mundo en el que el consumo es muy rápido y lo que se lleva cambia de manera continua?
–Sí, por supuesto, y siempre ha sido así. La música tradicional sigue ahí adaptándose y surfeando todas las olas. Y eso es parte de su sabiduría, el adaptarse para seguir cumpliendo una misión. Y es maravilloso. Los gaiteros en la ría de Vigo hace 100 años tocaban músicas cubanas, mexicanas... y se adaptaban a todo lo necesario para que no parase la tradición. Y es exactamente lo mismo que pasa hoy. La gaita lleva más de mil años en activo en nuestro país. Además, ya dicen los arqueólogos que la llegada de una nueva tecnología nunca ha matado a las tecnologías anteriores. Hace dos mil años la gente era todo oral, todo oral. Los romanos, los fenicios, empiezan a escribir. Las cosas más importantes de la vida no se dicen por escrito, sino oralmente, con la tecnología que se utilizaba hace dos mil años. En la música se van sumando tecnologías y todo va caminando hacia el futuro.
– En ese futuro Spotify, radios musicales, YouTube... ¿ayudan a difundir la música tradicional, la música celta, o la silencian?
–Las cosas van cambiando. Cuando Caruso, el gran cantante universal que hacía giras por el mundo, grababa discos, no se ganaba la vida con ellos. Eran un documento. Empezaron a ser una industria a partir de los Beatles. En los años 60, esa curva de la industria de la música empieza a subir exponencialmente. Yo viví el momento más álgido, el final de los 90, que es cuando arrancamos con el primer disco, la industria de la música estaba en su máximo esplendor. Entonces tuvimos todos los mejores medios y a partir del año 2000 la curva de los discos ha ido descendiendo. Entonces ya sabíamos que se volvería a algo como lo que había sido 100 años antes, cuando los discos eran un documento, un acto de romanticismo, para que quede eso para el futuro y que se comunique. Y no nos queda más que adaptarnos.
–El directo sigue siendo el punto fuerte de la música celta, volviendo un poco a la transmisión oral de sus orígenes.
–El directo es maravilloso y siempre en los discos hemos intentado reproducir la magia del directo, porque es cierto que el digital, la IA, te puede llevar hacia la perfección, pero en la música yo creo que sigue siendo más importante la emoción que la perfección. Entonces la emoción la producen los humanos, no la máquina.
–Pero en el caso de España parece que esa emoción llega de las palmas y el flamenco
– En España, por las razones históricas que sean, seguimos teniendo ese imaginario de que el Mediterráneo es mejor que el Atlántico. Es sol, es la seducción de la vida, es alegría... y el Atlántico son, meigas, brujas, mal tiempo, un mar bravo y tristeza. Pero el celta no es un mundo puro, es mestizo, que desde siempre se ha alimentado del Mediterráneo. Me gustaría que España empezase a sacarle un poquito más de lustro a su parte norte y a desacomplejarse.
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