Miranda se vuelca con el homenaje a Gregorio Solabarrieta y a la Banda de Música

El nieto del director, Chuchi Solabarrieta, explicando el contenido de la exposición. /A. G.
El nieto del director, Chuchi Solabarrieta, explicando el contenido de la exposición. / A. G.

La Casa de los Urbina se quedó pequeña para acoger a todos los que quisieron acercarse a su figura

CRISTINA ORTIZ

Nada más franquearse la puerta de la Casa de los Urbina, el piano en el que durante muchos años se apoyo Gregorio Solabarrieta para componer y dar forma a aquellas melodías que salían de su cabeza recibe desde ayer a quien visita la exposición retrospectiva dedicada a quien fuera el fundador y primer fundador de la Banda Municipal de Música, entidad que mañana celebra su 90 su cumpleaños. «Es algo simbólico porque son muchos los mirandeses que se han acercado a la música tocándolo, cuando daba clases en casa», explicó su nieto, Chuchi Solabarrieta, también músico y, ahora también, comisario de una exposición diseñada con mimo cariño y mucha dedicación, que ayer despertó el interés de un buen número de mirandeses que abarrotaron un espacio que se quedó pequeño

Sobre el piano, un busto de Beethoven, que siempre recuerda haber visto allí, y una de las gorras de 'trabajo' que empleaba cuando cogía la batuta y se ponía al frente de la agrupación. El uniforme se completaba con una levita de las que también se puede ver la ultima que utilizó en su cargo. Completan esa instancia inicial un retrato realizado por uno de sus hijos por Jesús Solabarrieta, a los dos años de su fallecimiento, en 1980, y un atril con una de sus obras musicales. En este caso, la portada del himno a la ciudad que presentó al Ayuntamiento. Un trabajo que realizó en 1949 a voluntad propia, no porque se lo pidiera el Consistorio y que le fue gratificado con el pago de 1.500 pesetas al año siguiente.

Tampoco falta un libro de visitas en el que ayer empezaron a dejar sus testimonios o sensaciones quienes pasaron por allí y tres diplomas que se le entregaron en distintos homenajes por su jubilación.

Una placa como las que se usan en la ciudad para identificar sus calles y en la que, en esta ocasión, figura el nombre de Gregorio Solabarrieta, da paso a la segunda parte de la muestra. Y es que esa circunstancia también ha contribuido a que el recuerdo de este músico haya permanecido vivo en la memoria de muchos mirandeses, independientemente de que sepan quién fue.

Precisamente a descubrir al músico y al director, pero también, al padre, marido y amigo quiere contribuir esa segunda parte. Imágenes, textos, partituras y otros recuerdos que durante años ha custodiado la familia, así como algunos otros datos que han descubierto a raíz de preparar la exposición (como la dirección exacta de la casa de Bermeo en la que nació), forman parte de la muestra que hace un repaso vital a una persona muy vinculada a la ciudad y a algunos de sus símbolos.

Pero todo comenzó fruto de la casualidad en lo que a su historia mirandesa se refiere. Y es que al venir a amenizar las fiestas de San Juan del Monte con la Banda de Mondragón en 1927 supo que se había convocado una plaza para dirigir la banda que se quería crear en Miranda y decidió opositar. «La plaza es de 1ª categoría, el sueldo más alto y se anima», explicó su nieto.

Un año más tarde el puesto era suyo. Lo logró tras superar varias pruebas, una de ellas, dirigir en las fiestas patronales la Banda de Baracaldo, contratada por el Ayuntamiento para tocar esos días. «El examen abierto al público se hizo en la plaza de la Constitución (ahora de España), en el kiosco. El tribunal estaba en el balcón del Ayuntamiento».

Allí volvería a tocar ya con la Banda de Miranda el 25 de julio de 1929. Efemérides de la que mañana se cumplen 90 años. Para entonces, en los meses que llevaba residiendo en la ciudad, ya le había dado tiempo a componer algún que otro tema ligado a su nuevo lugar de trabajo. «Escribió una jota que se llama 'A orillas del Ebro' a la que luego mi tío Jesús puso letra y que pasó a cantar el Orfeón Mirandés», recordó.

Mayor trascendencia, llegando hasta nuestros días, tiene otro de los temas creados en aquella época: el himno del Mirandés. «Se fundó en el 27 y dos años después ya tenía himno». Un tema que se puedo escuchar en el antiguo campo en el que jugaba en la calle La Estación – con letra de quien entonces era el presidente del club, Arturo García del Río– y que sigue formando parte del repertorio de muchas agrupaciones de Txistus en el País Vasco, ya que en 1932 se incluyó en la revista Txistulari y luego se volvió a repetir en 1974. Ayer en la inauguración lo interpretó un grupo de txistus llegado de Bermeo, hecho que le sirvió a uno de los directivos del club para recordar que coinciden los 90 años del tema con el ascenso de nuevo del Mirandés a Segunda A.

También un 25 de julio, aunque unos años más tarde, en 1949, se estrenó el himno de la ciudad. En este caso han pasado 70 años. Un ejercicio después, llegaría la presentación, esta vez en Santa Cecilia, del Orfeón Mirandés, con 90 voces de personas que se inscribieron en apenas dos meses. Sí que fue un encargo la composición de Kresaletan, una obra en euskera dedicada a la vida marinera a la que le piden poner música desde Ondarroa, donde se estrenó en 1961, al igual que en el Arriaga. «El preludio se toca en muchas agrupaciones, en la Banda de Miranda también».