Miranda, el norte al que apunta la brújula

La alcaldesa, Aitana Hernando, enciende el cohete que marca el arranque de las fiestas en presencia del pregonero, Eloy Martínez de la Pera. /A. G.
La alcaldesa, Aitana Hernando, enciende el cohete que marca el arranque de las fiestas en presencia del pregonero, Eloy Martínez de la Pera. / A. G.

Eloy Martínez de la Pera apela en su pregón a la emoción y al orgullo de los valores aprendidos en la ciudad

CRISTINA ORTIZ

La brújula siempre apunta al Norte, al físico; pero también al emocional, a ese al que volvemos la vista cuando queremos sentirnos seguros, protegidos y también, como no, felices. Un Norte afectivo que para el pregonero de las fiestas Virgen de Altamira 2019, Eloy Martínez de la Pera, se encuentra en Miranda. Y es que, aseguró desde el balcón del Ayuntamiento, ante una plaza muy concurrida, «el 09200 es más que el código de mi ciudad, es el abrazo, es sentirme en casa».

Éste es el lugar donde se forjó su personalidad y en el que adquirió «los valores con los que me he enfrentado a la vida». El poso que, desde su más tierna infancia hasta el final de su adolescencia, fueron dejando en él las experiencias vividas en sus calles y con sus gentes «me han marcado» en lo personal y, de igual manera, en lo profesional.

Y es que no hay facetas de su vida y de su forma de ser que no tengan una referencia en los años vividos en Miranda, donde aprendió «los códigos de la amistad». De esa que «se forma y madura en medio de vivencias, alegrías y penas» y que relacionó con los juegos en las vías del tren y en los descampados detrás de la calle Álava, mientras daban buena cuenta de gominolas y cebolletas compradas en el 'carrillo' de Los Jardinillos.

En ese entorno se forjaron «amistades que me cambiaron por completo, haciéndome mejor persona» y con las que aprendió también a «ser pandilla». Gente que ayer le arropaba también en la plaza de España y con la que rememoraba haber vivido en esa misma zona, en la calle San Juan o en la plaza del Mercado, sus «primeras canalladas y pillerías».

Pero fueron muchas más las cosas que recordaba haber aprendido en Miranda. Algunas tan importantes como «a ser responsable» y que vinculó a su figura de niño cruzando las vía del tren en la calle Vitoria, «aunque muchas veces olvidara lo que significaba que las barreras estuvieran bajadas. He sobrevivido a esa imprudencia, y quizá por ello, hoy, sea un más sensato».

Corriendo «desesperadamente» por la calle Los Almendros, en Las Matillas, para no llegar tarde a la catequesis previa a la Comunión, cree que aprendió «a ser puntual, cumplidor»; y a amar el arte, en las visitas esporádicas a las exposiciones que organizaban las Cajas de Ahorros o intentando ser actor «con mi escaso talento, en Studio 46».

Pero sin duda, si algo cree que le enseñó Miranda fue «el valor de la familia», en las viviendas que compartieron en Duque de Ahumada y Cid. «El sentimiento de hermandad me ha hecho confiado, atrevido, poco temeroso de los retos, y hasta un poco osado, pero me ha permitido intentarlo todo en la vida, pues sabía que pasara lo que pasara, estuviera lo perdido que pudiera estar, siempre sentiría que regresando a Miranda, tendría el abrazo de mi familia».

Y en busca de ese abrazo y ese calor regresa de manera habitual a la ciudad, donde se reencuentra con sus hermanos y acompaña «el bello pasar de los días de mi madre y de mis tías». ¿Por qué? Porque «aquí me siento feliz».

Pese a que su trayectoria vital le ha llevado a recorrer medio mundo, «siempre acaba trayéndome aquí, a esta ciudad donde encuentro el descanso que solo esta tierra me da», ahondó emocionado. Un sentimiento, el de la emoción, que junto al orgullo, la responsabilidad y el compromiso buscaba expresar en voz alta desde el balcón, poniendo así de manifiesto «el privilegio» que le suponía ser el pregonero de las fiestas patronales de su ciudad.

«Ha sido tremendamente emocionante. Mucho más de lo que te puedas esperar y de todo lo que te han contado», reconoció instantes después de recibir el León de Oro de Miranda de manos de la alcaldesa, Aitana Hernando. «Ver la plaza de España, por la que hemos pasado tantas veces, llena de gente conocida que ha venido para escucharte... Es un momento inolvidable. Un momento marcado a fuego en el corazón y en el alma. Creo que pocas veces la vida me va a dar un privilegio y un regalo tan bello como éste».

Regalo que además, le permitió juntar en un mismo escenario a gente que ha formado parte de su vida a lo largo de todas sus etapas, tanto familia, como amigos de aquí y de fuera y vecinos de todos las calles mencionadas en su pregón. Con todos ellos tratará de disfrutar estos días de «esas pequeñas cosas que hacen tu día un pelín más feliz».