Miranda busca recuperar la normalidad

A lo largo de toda la jornada, según retrocedía el agua, se trabajaba para limpiar la ciudad. /A. G.
A lo largo de toda la jornada, según retrocedía el agua, se trabajaba para limpiar la ciudad. / A. G.

Raquel Bajo reclama a la CHE la elaboración de «un estudio serio para que esto no vuelva a pasar»

CRISTINA ORTIZ

El Ebro se fue retirando ayer a su cauce, liberando de agua zonas de la ciudad que durante las horas previas habían permanecido anegadas. No fue tan sencilla la evacuación en locales completamente anegados y en los que no quedaba otro remedio que esperar a que descendiera el nivel del río para poder achicar. A lo largo de la jornada bajó más de dos metros, de los 6,28 metros de altura que llegó a registrar la CHE a las 23.00 horas del jueves a los 3,86 que se registraban ayer a las 22.00.

Una pérdida de nivel esencial para que en lugares como el IES Fray Pedro de Urbina puedan empezar a sacar el agua que había convertido en una piscina su planta baja. Y es que los bomberos ya habían trasladado a sus responsables que no servía de nada bombear para extraer los cientos de litros –unos 35 centímetros, la mitad que en 2015– que había en el interior, tanto en el pasillo como en una docena de aulas, además de en las dependencias de la Escuela Oficial de Idiomas, mientras el Ebro no bajase, dado que seguía entrando por el suelo.

Una vez 'vaciado' tocará meter maquinaria de limpieza y deshumidificadores. Algo que el director, Jesús Asensio, confiaba en poder hacer hoy mismo, con el objetivo de reabrir el lunes. Aunque ésa es una decisión que no podrán tomar con seguridad hasta el domingo y que darán a conocer a sus alumnos a través de su página web. Y es que son varios los aspectos que tienen que valorar en coordinación con Educación. «Yo veo muy complicado que el lunes puedan tener clase en las aulas de abajo. En las de arriba cabría la posibilidad», apuntó Asensio. Eso sí, casi con toda probabilidad se optaría por reubicar ahí a los alumnos de los últimos cursos: 4º de ESO, 1º y 2º de Bachiller. «Pero hay que esperar».

También tratarán de buscar una alternativa para sus usuarios los responsables del Club Recrea, de Ronda del Ferrocarril, que estudiarán con Servicios Sociales la posibilidad de contar con algún espacio en el centro cívico mientras tengan que renunciar a utilizar una de sus plantas, la que ayer anegaba el agua que durante toda una jornada había ido brotando por suelo, paredes e, incluso, por los enchufes. «Tenemos otra vez la misma obra que teníamos hace cuatro años», lamentó Inmaculada Gómez, coordinadora del centro.

Al menos consiguieron retirar mobiliario y todos los equipos de calefacción de esa planta y, en parte, fue gracias a la colaboración de los propios socios de la entidad que no dudaron en acercarse a echar una mano. «Han sido fabulosos. Es lo que ha salvado el centro. Nos ayudaron a moverlo todo».

Pero no se librarán de tener que levantar el suelo de una de las salas (colocado en la inundación anterior), de renovar todo el sistema eléctrico y de tener que pintar toda la planta, además de emplear mucho tiempo para eliminar la humedad. De todos modos, tratarán de retomar alguno de los cursos la próxima semana. Todos los que sea posible.

También en La Higuera, al otro lado del Ebro, tuvieron que esperar a que bajara el nivel del río para poder evacuar todo el agua que se acumulaba en el interior del establecimiento. A primera hora de la mañana pudieron limpiar el patio y la cocina, pero la altura del agua hacía inviable eliminar la balsa del bar. Algo que consiguieron hacer a primera hora de la tarde, cuando se pudo abrir la puerta. Pero como en el resto de los locales, ahora les queda a sus responsables un intenso trabajo por delante; aunque trabajen con el objetivo de poder retomar la actividad en el plazo aproximado de una semana. Mientras, tocará evaluar daños y reponer lo perdido.

Al lunes se esperará para evaluar los daños en las viviendas de dos personas que el jueves fueron realojadas por el Ayuntamiento y que no han podido volver a sus casas, afectadas por la inundación. El resto de los desalojados de manera preventiva por responsables del operativo de emergencia volvieron ayer a sus domicilios.

Mas suerte tuvieron en esta ocasión en Cruz Roja, cuyo sótano se mantuvo seco. El agua no llegó a entrar. Si bien, en prevención, se habían encargado de sacar todo lo que allí tenían, incluidos los vehículos con los que atendieron todas las peticiones de ayuda que les llegaron.

Alrededor de 30 voluntarios participaron en distintos momentos de la jornada en actividades puntuales. «Hubo mucho trabajo por tema de precaución, pero no tuvimos muchas intervenciones», explicó Manuel Ruiz, presidente de la entidad y uno de los participantes y que reconoció que «el agua estaba muy fría».

Pero que las aguas volvieran ayer a la 'calma' no significa que haya desaparecido el malestar en la ciudadanía y en los responsables municipales. La concejala de Bomberos, Raquel Bajo, aseguró sentirse muy enfadada por haber tenido que vivir una inundación que cree que se podía haber evitado.

«La CHE tiene que organizar esto de otra manera. No hay derecho a que siga pasando así. Nosotros ponemos los medios para tratar de paliar las consecuencias pero al organismo le corresponde hacer un estudio serio para que no pase. Que cambie la previsión en 24 horas al doble, no es normal. Te puedes equivocar pero no de 500 a casi 1.000 metros cúbicos por segundo».