Un Mercado Medieval para dejarse llevar por la magia y la ilusión

Los más pequeños tienen su rincón. /Avelino Gómez
Los más pequeños tienen su rincón. / Avelino Gómez

Hasta las diez de la noche de hoy hay tiempo para viajar a través de la historia árabe, cristiana y judía entre 110 puestos que ofrecen diversión a raudales

SILVIA DE DIEGO

Un viaje en el tiempo en el que brujas, faquires o músicos cuentan la historia. Las calles del Casco Viejo se llenan de magia y vida para dar la bienvenida al curioso visitante que quiere vislumbrar en cierta forma una leyenda medieval en la que el Rey Arturo saca brillo a una Escálibur de madera o una Morgana asusta a los niños con un conjuro en el que les arranca mil y una sonrisas. Los que aún no hayan podido disfrutar de todas las oportunidades que ofrece el Mercado Medieval aún pueden hacerlo durante la jornada de hoy. La Plaza de la Fuente, la calle El Racimo, Plaza de España, Plaza del Mercado, la calle San Juan y la calle San Francisco se convierte a través de un hechizo que dura tres días en una auténtica aldea medieval en la que el mercadeo, los olores y los ritmos de antaño se entremezclan con la modernidad, las fotos en móviles y las prisas del siglo XXI.

El Mercado Medieval cumple su XXIIIedición con un muy buen estado de salud, un total de 110 puestos distribuidos estratégicamente entre las calles de Aquende nos invitan a vivir un pequeño sueño. «Señora le ofrezco lo mejor de los mejor para los dolores de espalda, el reúma o el mal de amores», comenta uno de los tenderos a la vez que invita a oler un ramo de lavanda. Rotuladores de carioca de la modernidad nos animan a pintar mandalas o cuadros de grandes pintores como Gustav Klint o Touluse Lautrec. Y qué decir de las viandas, las de toda la vida o las que ofrecen una versión nueva de la historia. «Pruebe caballero este fuet disfrazado de ajo, pimienta o cebolla», cantaba un vendedor juglar que con sus caballo de cuatro ruedas había emprendido un largo viaje desde Vic.

Joyas de plata y piedras mágicas o preciosas al lado de otras de goma eva. Mil y un colores y formas que hace que los ojos bailen de un puesto a otro y no sepan porqué decidirse aunque siempre hay alguien que les recuerda hasta donde puede llegar la poderosa doncella disfrazada de billetera.

Artesanos, juglares, guerreros, danzantes paganos, acróbatas y un sin fin de personajes a lo largo del recorrido hacen que milagrosamente el visitante olvide sus males por un instante. «Mira papá una serpiente. ¿Puedo tocarla?», comenta una pequeña pizpireta que minutos antes no sabía si decirse por una diadema de ocho o doce , no maravedís sino euros. «Tendré que captar la atención de la pequeña otra vez si es que quiero vender», dice risueño el artesano mientras trenza el cuero.

Y qué decir de la zona de juegos para los más pequeños. Niños y niñas disfrutan pero por el rabillo del ojo más de un adulto mira con disimulo queriendo jugar a su antojo. «La noria es sólo para los niños, verdad?», pregunta una madre. «Por caber señora cabe», le dice el dueño mientras da a la manivela para hacer girar al pequeño gran gigante de madera que parece salido de una de los bocetos del misterioso Leonardo Da Vinci. La rana de toda la vida congrega a un pequeño grupo ansioso por participar. «Tranquilos señores que no se juega dinero ni tierras de por medio. Hagan paso y no se amontonen», bromea un caballero que por espada lleva un bastón.

Un lugar para aprender

Si durante el día el Mercado Medieval es mágico al caer la noche adquiere un encanto especial. La zona árabe con sus olores a cúrcuma, curry y resto de especias o sus deliciosos dulces invitan al curioso viajante a sentarse y dejarse llevar por la calidez de su té y la experiencia poco habitual de fumar en shisha. «Me quiero hacer un tatuaje de henna en la mano », dice una joven emocionada mientras mira la brillante pulsera recién comprada que adorna su muñeca. Olores, aromas, sonidos, voces y miradas que parecen ver a través del espacio. Búhos y lechuzas, absorben la luz de las imágenes y esta luz reflejada hace que los ojos de estas majestuosas aves parezcan brillar en la oscuridad. «Los ojos de los animales nocturnos pueden ver bien de noche debido a un compuesto blanco llamado guanina», me explica un señor cual enamorado juglar de estas estatuas rapaces.

Un Mercado Medieval también para aprender, entre otras cosas, cómo se hace pan, almendras garrapiñadas, jabón, tintes naturales, cerveza artesana o cómo se trabaja la piedra y la plata.

Puestos y talleres se complementan con hasta 132 pases de espectáculos de calle, tanto diurnos como nocturnos. No faltan los elementos decorativos que nos ayudan a viajar al pasado y a esas tres culturas la cristiana, la judía y la árabe. «Si pasan por este arco les contaré a todos ustedes un cuento, una leyenda o les haré reír si es necesario como un bufón de la Corte. No necesito monedas, tan sólo sus aplausos, su asombro o emoción valdrá como moneda de cambio». El Mercado Medieval cerrará hoy sus puertas a las 22 horas, hasta ese momento, tienen tiempo para conocer a faunos, aguadores, bailarinas orientales, faquires, guardianes de los bosques, músicos, cetreros o criaturas mágicas que nos ofrecen otra visión del mundo. Déjense llevar por la magia. El truco bajo la ilusión consiste en disfrutar de ella sin preocupación.