San Juan entona a las cuadrillas

La alegría y el jolgorio se vivió intensamente en las casetas de las cuadrillas. /A. G.
La alegría y el jolgorio se vivió intensamente en las casetas de las cuadrillas. / A. G.

En su centenario el ermitaño disfrutó de la compañía delas cuadrillas, las charangas y hasta del tiempo que respetó hasta el final

SILVIA DE DIEGO

«Alpargatas mías, compañeras de senderos como es larga la travesía, conmigo las llevo», esto es lo que me entona Manuel quien sube desde hace más de diez años a San Juan del Monte dando un paseo. Como él, con alpargatas o zapatillas, miles de sanjuaneras y sanjuaneros acuden a la llamada del ermitaño en el paraje natural de San Juan. «Poco más y llevamos huevos a las Clarisas para que no llueva», recalcan un par de representantes de una cuadrilla sin nombre.

Los autobuses fluyen uno tras otro en la subida a La Laguna a rebosar de gente. «Me encantaría sacar el trombón por la ventana», dice un miembro de la charanga Caramelo. Arriba son poco más de las once de la mañana y aún se respira mucha tranquilidad, algún que otro paseante habla de las procesionarias y de que aún se escucha algún que otro pájaro trinar.

Poco tiempo les queda, pues en menos de una hora el bullicio de las blusas irá en aumento y las alpargatas de Manuel ya «pisan suelo Santo». «¡Qué casualidad, nos volvemos a encontrar!» me dice mientras, bota de vino en mano me ofrece bebida fresca y viandas caseras, unos buenos torreznos empapan una enorme hogaza de pan. A su lado los chiquillos corretean, algún que otro padre busca cobertura porque se les ha olvidado el pacharán y los del catering los han entendido mal.

«Al final vamos a tener que comer todos macarrones con tomate y chorizo», dice una madre mientras agarra a un renacuajo para que no enganche la pistola y la rellene nuevamente de agua. «Hoy el tiempo no acompaña demasiado, al menos de momento. Don Lorenzo está tímido y hace fresquete».

Ayer el Bombo acompañaba a Juan el Ermitaño y los dos mano a mano fueron protagonistas de una jornada en la que reinaba la alegría y el jolgorio. Tras el vermú, a las tres y diez la bomba anunciadora daba el pistoletazo de salida a la tradicional comida campestre. «Una de rabas, dos de mejillones y por favor los callos que no falten tampoco», bromeaba un grupo del Porrón. Tiempo para reír y disfrutar. «Los niños comen primero, a nosotros nos toca un poco más tarde, pero así estamos más tranquilos mientras corretean un rato», recordaban desde Sebas no Bebas.

Y entre tanto las ganas de ir al baño con algún que otro problema pues no todos funcionaban. «Llevábamos esperando un buen rato pero nos han dicho que es que no todos estaban abiertos», reconocían un par de jóvenes de La Pava.

Y junto a los blusas, los guardianes de San Juan, numerosos voluntarios de Cruz Roja y Protección Civil quienes velaron para que todo se desarrollara sin grandes sustos. A las seis y media de la tarde valoraban la tranquilidad de la jornada. «Hasta este momento tan solo hemos tenido algún que otro golpe y contusiones sin mucha importancia y algún problema digestivo. La gente está muy comedida veremos después», matizaba el coordinador de Cruz Roja en el operativo destinado a San Juan del Monte, Carlos Mardones, quien valoraba muy positivamente el trabajo que realizaba el equipo formado por cerca de una veintena de integrantes. «Ha venido gente de fuera, contamos con la colaboración de asturianos, salmantinos, leoneses y también valencianos. De hecho, tenemos un asiduo que se coge vacaciones sólo para venir a San Juan con este año ya cumple una década».

Puestos de venta ambulante, gafas de sol, monos de peluche, helados, algodón de azúcar y chapas con mensajes de paz de amor y, sin querer verlo, también el eslabón invisible de una larga cadena. Un joven senegalés me ofrece una pulsera. «He estado en San Juan en otras ocasiones, la gente es muy maja pero hay que trabajar duro», me confía a la vez que me asegura que el miércoles ya estará en Salou para «hacer todo el verano con jornadas inhumanas de 18 horas de trabajo mal visto». Por arte de magia, las alpargatas de Manuel vuelven a aparecer y en este caso me invitan a que me sume a la algarabía de las charangas. Hay que ir abriendo boca, estamos en plena actuación en La Laguna y las cintas de sus alpargatas de desatan. «Desatados vamos a estar cuando bajemos», alardea un integrante de La Juerga.

Poco a poco va llegando la hora, el tiempo pasa veloz y San Juan del Monte toca a su fin al menos en la programación ya que serán muchos los que se queden arriba y no participen en el desfile de romeros. «Antes siempre nos bajábamos, pero llevamos unos años que nos hacemos los remolones. Es una pasada disfrutar del Monte tras un día de fiesta, sentados aquí tranquilos». Manuel se despide de mi, apunta a sus alpargatas con el dedo y me asegura que año tras año se emociona cuando debe llevarlas a dormir ya limpias al fondo de su armario.