Una jornada de homenaje al caballo

Los asistentes disfrutaron de varias actividades. /A. G.
Los asistentes disfrutaron de varias actividades. / A. G.

Las exhibiciones de doma, salto, herraje y forja atrajeron a una gran cantidad de público a la Feria del 1º de Mayo de la ciudad

TONI CABALLERO

Con dieciséis años de carrera profesional a lomos del caballo, el rejoneador Oscar Borjas tiene claro que su vida gira en torno a la figura y cuidado del animal:«Esto, si no te gusta, es una enfermedad porque el caballo necesita las 24 horas del día. Yo, si me privasen de torear; montar o domar caballos; sería la persona más inútil que existe, no valgo para otra cosa». Ayer, acompañado de nuevo por su fiel compañero, Borjas volvió a salir ovacionado en El Ferial, espacio que ya conocía de ediciones anteriores, tras su exhibición de «aire en libertad» en la que el animal realizó un número de alta escuela, «se sentó, cogió la fusta con la boca e hizo piruetas»; todo ello sin ningún amarre ni jinete. Previamente, el domador también protagonizó un espectáculo similar con un poni en miniatura, este sí con riendas, que arrancó los aplausos y las carcajadas del numeroso respetable que se trasladó hasta los aledaños de las Instalaciones José García.

Comienza a gozar de cierta importancia en el mundo ecuestre la feria mirandesa del primero de mayo, que ayer contó con la presencia de 180 animales, una cifra bastante superior a los 132 que visitaron la ciudad el año pasado y a los 168 de 2017. Gran parte de ellos llegaron desde la misma provincia, pero también se pudieron presenciar bonitos caballos, ponis, potros, burros y mulas que asimismo procedían de Álava, Vizcaya, La Rioja, Cantabria y Navarra. Exhibiciones de doma western, salto de obstáculos, herraje y forja a fuego, «una práctica que no se suele ver por aquí», en palabras de Javier Fernández 'Lomana', representante de la Asociación de Amigos del Caballo de Miranda e impulsor del evento. El gentío se fue amontonando en los diferentes vallados instalados para distribuir los múltiples espacios reservados para los espectáculos.

Agradecido con la respuesta de la gente se mostró Toño Serrano, que a primera hora de la mañana ejecutó un ejercicio de doma naturista sin rienda ni castigo para el animal, «sólo con voz y fusta». Serrano desveló a los asistentes que «el caballo no aprende cuando tiras, aprende cuando sueltas». A su vez, mientras los espectáculos equinos de sucedían en las instalaciones del club deportivo, la campa anexa a los campos de fútbol sirvió como centro de negociación para que los ganaderos pudiesen vender sus diferentes piezas.

La cita también contó con la presencia de tres visitantes alemanes asiduos a este tipo de ferias, que buscaban incorporar algún caballo losino a su colección de ganado. «Los caballos losinos son los de las montañas de aquí al lado, son fuertes y descienden de la familia de los iberos», argumentó Lomana, que también hizo las veces de speaker durante el certamen. Por su parte, el Centro Ecuestre Gaubea de Villamaderne recaló igualmente en El Ferial con ejemplares de distintas clases y edades a fin de ofrecer un concurso juvenil de saltos con diez de sus alumnos, también de diferentes edades. Un centro que forma alumnos desde los 4 años.

Mientras los aproximadamente cuarenta trabajadores del mundo ecuestre desplazados desarrollaban sus respectivas actividades, Octavio Zangroniz dedicó la sesión matutina a pasear a los mirandeses y mirandesas más pequeñas en su carro tirado por mulas. Maestría y practica confluyeron en una jornada que tuvo en la figura del caballo su protagonista indiscutible. La simbiosis con los jinetes, domadores y herreros ayudó al resurgir de la feria, muy bien acogida después de dos años con menos número de animales.