La hostelería rechaza que la solución al ruido pase por limitar el horario de las terrazas

Las zonas peatonales de la ciudad acogen un buen número de veladores. /A. G.
Las zonas peatonales de la ciudad acogen un buen número de veladores. / A. G.

El colectivo mantuvo ayer un encuentro con representantes municipales en busca de solucionas de consenso para todos

CRISTINA ORTIZ

«Cambiar el horario de las terrazas sería una estocada de muerte» para la hostelería de la ciudad, un sector del que en Miranda «viven 1.500 personas de manera directa». Una cifra que ayer puso sobre la mesa el presidente de la asociación local del gremio, Pepe Rey, en la reunión mantenida en el Ayuntamiento, a la que acudió acompañado por Jesús Conde. Un encuentro que habían solicitado para poder trasladar a la Corporación municipal (estuvieron PSOE, PP, Miranda Puede y Ganemos) la realidad del sector en la ciudad y abrir un diálogo en la búsqueda de soluciones coordinadas ante las quejas por ruido.

Apuestan por el acuerdo y el consenso, pero tienen claro que «la solución no pasa por rebajar el horario de las terrazas». No comparten que se limite a medianoche la actividad de estos espacios que ahora pueden estar hasta la 1.30 horas en invierno y hasta las 2.00, en verano.

Un límite establecido en la actual ordenanza municipal y que cumple con lo fijado por la normativa regional. «Estamos cumpliendo la ley de Castilla y León, que es la nuestra, la de nuestra autonomía», apuntó Rey; al tiempo que recordaba que el horario que se sigue en la ciudad es el mismo que hay en Burgos.

Pero es que, además, el presidente de la Asociación de Hosteleros Altamira, tiene claro que el simple hecho de levantar las terrazas a medianoche «no va a evitar que haya ruido en la calle. Si hace bueno la gente va a estar ahí, no se va a ir a casa. Aunque tengas aire acondicionado no todo el mundo entra dentro, hay mucha gente que se queda fuera y sale a fumar».

Tampoco la hostelería está en el origen de la mayoría de las denuncias por ruido. Una situación sobre la que Rey quiso llamar la atención, dejando claro que «solo el 25% de las llamadas a la Policía Local por ese motivo se refieren a bares y a terrazas». De hecho, no son todas las terrazas las que generan las quejas de los vecinos. Su número se limita a seis. «Bares de moda siempre va a haber», recalcó

De ahí que antes de optar por cambiar la ordenanza para limitar el horario de todo el sector, cree que sería necesario estudiar otras fórmulas tendentes a facilitar la convivencia y la coexistencia de todos. De momento, la asociación tiene previsto reunirse con los titulares de los establecimientos que están centrando muchas de las quejas para estudiar la viabilidad de reformar esas terrazas utilizando materiales que absorban el sonido.

«En Málaga, por ejemplo, se instalaron este año unos veladores cerrados que absorbían 20 decibelios. Vamos a ver qué soluciones se pueden adoptar para molestar lo menos posible».

En su intención está asumir todas aquellas medidas que contribuyan a favorecer el derecho al descanso de los vecinos, pero también quieren que se entienda que «hay muchos bares que necesitan del aporte de las terrazas para seguir trabajando. No es un capricho». Ademas, no comparte que sean el origen de un problema de la magnitud que se está tratando de crear. «Ésta es una ciudad tranquila», incidió.

De igual manera, no comparte la idea de que se saquen actividades del centro de la ciudad. Entiende que tradicionalmente la calle La Estación ha sido punto de encuentro y es lógico que lo siga siendo. «Es el salón de todos los mirandeses, donde recibes las visitas y realizas los eventos. No puedes mandar la cosas a otros sitios», explicó.

Un punto de vista que esperan poder explicar en una reunión a tres bandas, en la que además del sector de la hostelería estén los responsables municipales y también miembros de la plataforma contra el ruido. «Nosotros estamos abiertos al diálogo y a buscar soluciones, pero no podemos centrarnos solo en que hay que cerrar las terrazas a las doce porque esa no es la solución. Quiero creer que hablando nos podemos entender todos; porque al final, los vecinos son nuestros clientes y tenemos que convivir todos. No hay que cerrarse en banda», concluyó.

 

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