El halo de misterio que rodea a Miranda

Recuerda el lugar exacto. /Avelino Gómez
Recuerda el lugar exacto. / Avelino Gómez

El Chantre es una de las leyendas más conocidas, pero 'María la Molinera' es la protagonista de un relato que atraviesa fronteras

SILVIA DE DIEGO

Dicen que la humanidad cuenta sus historias tantas veces que al final ella misma se convierte en esas historias. Relatos, leyendas, misterios que pasan de generación en generación y que siguen vivas a pesar de que el que las cuenta ya no está entre nosotros. De esta forma nace la inmortalidad. El Chantre o las leyendas que rodean a la Virgen de Altamira son algunas de las más conocidas, pero Miranda y su comarca está repleta de historias para contar cualquier noche a la luz y el calor de una hoguera. La historiadora Elena Asenjo nos propone un viaje en el tiempo y nos traslada hasta el siglo XIX, en concreto al año 1808, para adentrarnos en las guerras contra Napoleón y es que en aquel tiempo ocurrió un suceso estrechamente relacionado con la ciudad en el que murieron dos soldados polacos pertenecientes a la Guardia Imperial Francesa. Según el relato de nuestra trovadora de sucesos, los dos protagonistas aparecieron asesinados en un lugar conocido como el pozo de los polacos que se encuentra actualmente un poco más arriba de la central hidroeléctrica en la margen derecha del Ebro donde están los restos de una especie de crucero. «En aquellos años existía una orden que dictaba que los soldados que atravesaban España para llegar a Portugal debían ser alojados en las casas por las que pasaban, por este motivo, estos señores fueron hospedados en la casa de un molinero , vivienda un poco alejada de la villa. Al día siguiente todo el grupo de soldados siguió su camino pero les echaron en falta y descubrieron que habían sido asesinados», explica Asenjo quien relata que tanto el hijo del molinero y su criado resultaron imputados en el caso y fueron fusilados. «Lo curioso de este suceso histórico, lo encontramos al consultar las fuentes polacas que cuentan una versión muy distinta a las españolas. Sorprendentemente, dan por culpable a la madre, María la Molinera a la que describen como una mujer alta y muy fuerte de carácter muy hosco y que encarnaba todos los males de la España de entonces en la que el fanatismo político y religioso eran reinantes», matiza a la vez que aclara que, en algunos lugares de Polonia cuando un niño se porta mal le dicen que tenga cuidado porque sino, «viene María la Molinera», un hecho que constató recientemente la historiadora riojana Cristina González Caizán que actualmente es profesora universitaria en Varsovia.

No obstante, el emplazamiento donde aparecieron los soldados polacos es un lugar mágico envuelto en el misterio ya que está rodeado de otras historias como la referente a la muerte del hijo primogénito de los Condes de Berberana. «También apareció ahogado en el pozo de los polacos. Se llamaba Antonio Gil Delgado y el suceso tuvo lugar en agosto de 1833, fecha en la que se estaba bañando y se ahogó aunque la historia se rodeó de fantasía y se decía que el hombre murió tras una caída mientras hacía preciosas cabriolas con su caballo color canela. El hecho real es mucho más sencillo y todo apunta a que sufrió una crisis epiléptica. En su memoria, su viuda construyó un monumento en la margen del Ebro con una inscripción conmemorativa».

La brujería

Las mujeres vuelven a ser protagonistas en las historias de misterio en Miranda y junto a María 'La Molinera' otros dos nombres suenan con fuerza, en este caso en un hecho extraído de un documento de la Santa Inquisición sobre brujería en Navarra. José González Grijalba nos hace ir aún más atrás en el tiempo y nos traslada con sus pergaminos hasta el año 1611 fecha en la que Magdalena de Orruño de 40 años y vecina de la villa de Miranda es referente. «Habiéndole pedido a Catalina de Pasajes un aposento para vivir en su casa no se lo quiso dar. Magdalena relata al inquisidor que, estando en su cama, sintió que la hacían daño y se le echaban encima.Reconoció que era una persona por su aliento y por haberla tocado las manos».

En los documentos se detalla con todo lujo de detalles que Magdalena «una noche sintió por detrás de la cama que le iban a hacer los mismos males, tendió un brazo y cogió las faldas a una mujer que la sacó de la cama y, a voces pidió ayuda. Parece ser que el marido permaneció dormido mientras los vecinos acudieron a socorrerla comprobando que tanto el pulgar como la mano de Magdalena estaban maltrechos», aclara el texto.

Tiempo después Catalina de Pasajes confesaría a los vecinos que «en compañía de otro brujo hizo esos males y aclara que el hombre fue el que torció el pulgar a la mujer para hacerle que soltara la falda». Según José González este hecho histórico es un ejemplo más de una época en la que el miedo eran el día a día y pone de manifiesto que cualquier tipo de males eran achacados a determinadas mujeres a las que se llamaba brujas. «Sabían de anatomía, botánica, sexualidad. Sus recetas para curar fueron interpretadas como el poder del Diablo. Se las hizo ver como una amenaza y es que las brujas de la Edad Media sólo eran mujeres con conocimientos», defiende.