Los guardianes de la cuna del castellano

Julio Camín es voluntario desde hace años y enseña el templo, durante el verano o los fines de semana puede pasar hasta 6 horas. /A. G.
Julio Camín es voluntario desde hace años y enseña el templo, durante el verano o los fines de semana puede pasar hasta 6 horas. / A. G.

El patrimonio olvidado de Valpuesta es incalculable, diversas instituciones han anunciado un nuevo plan de restauración y de mejora en el pueblo

SILVAIA DE DIEGO

Son poco más de las once de la mañana y llegamos a Valpuesta, conocida como la cuna del castellano donde fueron encontrados los famosos cartularios (documentos del siglo XII) reconocidos por la Real Academia Española de la Lengua desde 2010 como los primeros documentos en los que aparecen palabras escritas en castellano, anteriores a las Glosas Emilianenses.

La lluvia nos acompaña a la vez que nos invita a ser rápidos y buscar entre los pocos habitantes diarios del pueblo a Julio Camín, tengo ganas de conocer a este hombre que ha removido Roma con Santiago para poder enseñarnos el estado actual de la Colegiata y contarnos sus secretos y teorías. Una gran sonrisa nos recibe al tiempo que nos estrecha la mano. «Estaba dando de comer a las gallinas y viendo el estado de la huerta», comenta mientras le seguimos hasta la entrada del templo.

«Por si no lo saben esta es la llave de la discordia» nos dice mientras la gira en la cerradura. «La llevo tanto en el bolsillo que no me hace más que agujeros que luego mi mujer cose». Este es el preámbulo del buen sentido del humor que nos acompañará durante todo el recorrido.

He de reconocer que nunca antes había visto la Colegiata por dentro y la magia es instantánea. A pesar de que no hay luz artificial y de la oscuridad reinante , es como adentrarse en uno de esos escenarios de películas medievales pero en este caso es real y tangible el inmenso patrimonio existente y, lamentablemente olvidado más que palpable en la humedad y en las descomunales grietas del edificio.

Me giro y veo que Julio me está mirando. «¿Qué le parece?», pregunta. «Es una joya», le digo y sus ojos se iluminan y orgulloso reconoce la labor realizada por las pocas mujeres y hombres del pueblo para mantener el templo en el mejor estado de conservación posible. En su discurso me aclara que a través de las colectas en las misas y de los donativos solidarios de algunos visitantes han podido comprar las vitrinas donde se guardan las antiguas vestimentas del clero y realizar otras actuaciones para preservar el lugar.

Visitada por más de 10.000 personas todos los años –pese a estar oficialmente cerrada al público– ofrece al curioso visitante un gran tesoro escondido. Un fantástico retablo del siglo XVI de tallas muy expresivas con los doce apóstoles que han sido atribuidas a Felipe de Bigarny o a un artista de su escuela. Hay que saber leer entre líneas y Julio es un buen contador de historias que capta nuestra atención. «Una de las curiosidades que nos encontramos en este retablo es 'El nacimiento de Cristo' contado desde el nacimiento de su madre, esto no es muy común», subraya.

Mis ojos son atraídos por el excelente conjunto de vidrieras, obra renacentista del siglo XIV y de nuevo nuestro guía nos cuenta otro detalle. «Sacamos un montón de cristalitos pequeños en una carretilla y un vecino de aquí que es artista ha recompuesto el puzzle y miren lo que ha conseguido», nos aclara a la vez que nos guía hasta uno de los tablones expositivos para contemplar la magnífica obra que no es otra que una vidriera en la que la figura de San Sebastián es la protagonista.

Declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 26 de marzo de 1992, la Colegiata de Valpuesta también encierra un claustro restaurado que aglutina multitud de enigmas como el de un «posible templario estudioso y no guerrero» fantasea Julio que nos recuerda que la iglesia de Valpuesta sería de construcción visigótica cuando llega el obispo Juan, maestro y amigo de Alfonso IIEl Casto en el 804 y que sobre los cimientos del viejo templo románico surgió la nueva iglesia gótica.

Piedras con alma olvidadas por el devenir de la vida que ahora parece que van a ser recuperadas ya que la Diputación Provincial, la Junta de Castilla y León, el Arzobispado y el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua se han unido en un plan que contempla la firma de 4 convenios para acometer diversas intervenciones. Los dos primeros ya tienen el visto bueno y van a suponer una inversión de 1,3 millones de euros.

«Hace quince días vinieron técnicos a comprobar el estado actual del templo, esperamos que se una buena señal» dice Julio que lleva por el pueblo 40 años mientras levanta la mano para despedirse de nosotros. Al girarse, no puedo evitar la comparación e imaginar a Julio como uno de esos guardianes de templos ataviado con vestimenta de la Edad Media y con una llave colgando que no genere discordia. Algo más de dos horas en Valpuesta me ha dejado claro que junto al patrimonio artístico el otro patrimonio de incalculable valor es el de sus habitantes.