Un golpe de efecto para vencer la adicción al alcohol y otras drogas

Las actividades se cerraron con la marcha en bici, /S. D. D.
Las actividades se cerraron con la marcha en bici, / S. D. D.

34 nuevas personas han acudido a AREMI para conseguir dar el gran paso y cambiar del «yo no puedo beber al «yo no quiero beber»

SILVIA DE DIEGO

Alrededor de 34 personas nuevas han acudido a la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Miranda (AREMI) a lo largo del año lo que supone una cifra similar respecto al periodo anterior ya que fueron 40 las personas que solicitaron ayuda en la entidad. La cifra suele traducirse en dos o tres enfermos al mes y por edades rondan los 40 años de media aunque el psicólogo Joseba Orueta destaca que «se ha producido una variación importante» que se visualiza en personas de poco más de 20 años y alguna de más de 70 que han recurrido a AREMI. «Sí que hemos notado que la tendencia en los últimos años hace que el problema se rejuvenezca. No sabemos si con el tema del juego o el policonsumo que la gente acude antes o porque se toma conciencia del problema y no espera a tocar fondo».

La gente que ha buscado ayuda principalmente presentaba problemas con el alcohol lo que supone cerca del 60% frente al 30 % por policonsumo. «Vemos que los más jóvenes se definen como policonsumidor, lo de alcohólico puro que se decía antaño ya no se dice», matiza.

El objetivo de AREMI es el trabajo diario con la persona ya que «no hacen mucha diferenciación entre sustancias» y «el criterio es el mismo con independencia de la droga o la adicción».

Una acogida más individualizada para que la persona se sienta identificada junto a terapia de grupo son las herramientas básicas para enfrentarse al problema. «No se da consejo sino que más bien se trata de dar ejemplo. Es el compartir entre iguales y transmitimos una idea clara que se refleja bajo el lema tu puedes y no estás sola», recalca.

El policonsumo suele estar relacionado con el consumo de alcohol unido al cannabis o la cocaína y otras adicciones como la ludopatía, de hecho a lo largo de este año, dos personas han acudido solicitando ayuda por este último problema.

Por otra parte, Joseba Orueta incide en la doble moral y la estigmatización que sufre la mujer alcohólica, que supone entorno al 25 por ciento en AREMI. «El porcentaje de mujeres que beben solas en casa es alto y vemos que acuden menos tiempo al grupo porque desgraciadamente parece que está mal visto que la mujer falte a casa. En muchas ocasiones al hombre se le apoya desde la familia para que acuda al tratamiento pero en la mujer no se ve tanto, sufren más presión», reconoce a la vez que hace hincapié en que se han encontrado casos en los que incluso abordan el tema desde la soledad ya «que no acuden acompañadas por su pareja a las sesiones».

Terapias individuales y familiares son otras de las vías de trabajo que buscan en todo el proceso, primero la abstinencia y, por otro, llenar todos los vacíos con la rehabilitación. «Nuestro objetivo no es que la persona deje de beber, ese es el camino. Nuestra finalidad es que la persona esté bien», reconoce Joseba quien subraya una vez más que el proceso «no es un camino de rosas» y que el verdadero paso de gigante se produce cuando se pasa del «yo no puedo beber al yo no quiero beber».

Jóvenes y alcohol

El alcohol es una droga relativamente barata y de fácil acceso e incluso está bien vista. «Tiene una penetración muy alta en la sociedad, lo tenemos en el salón de nuestra casa, en el frigorífico y los jóvenes conviven con él algo que no ocurre con otras drogas».

Las estadísticas del Plan Nacional Sobre Drogas, recogidas en el EDADES, señalan una cuestión preocupante: el número de jóvenes que beben se mantiene, sí, pero los bebedores episódicos por atracón, han aumentado su número y frecuencia de consumo desde 2003. Y la tendencia sigue hacia arriba.

El Plan Nacional Sobre Drogas considera 'binge drinking' el consumo de 4 o más bebidas alcohólicas en la misma ocasión, es decir, seguidas o en un intervalo de dos horas. Como consecuencia de estos atracones, obviamente, los bebedores consiguen un estado de embriaguez importante. Lo más preocupante, indican en el EDADES, es que esta práctica ha aumentado entre los españoles, especialmente entre los más jóvenes. Según los datos, entre los 20 y 24 años es cuando más se da esta práctica, especialmente entre hombres (alcanzando un 40% de la población total), aunque el número de mujeres ha crecido muchísimo en la última década (en torno al 10%, alcanzando un 25% del total). Las bebidas fuertes son las más consumidas entre los más jóvenes.

 

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