Una feria que lucha para no caer en el olvido

Distintas especies de equinos se pudieron ver en el recinto de El Ferial durante buena parte de la mañana. /A. G.
Distintas especies de equinos se pudieron ver en el recinto de El Ferial durante buena parte de la mañana. / A. G.

Los 62 animales registrados ayer se contraponen a los 113 de 2015 o los 90 contabilizados durante 2017

CRISTINA ORTIZ

Casi 83 primaveras tiene doña Marta, una mujer de un pueblo de La Rioja que recuerda con especial añoranza los años en los que la tradicional Feria del Ángel en Miranda era motivo de fiesta en mayúsculas como ella dice. «Hace un montón de tiempo que no me traían, pero hoy una hija ha venido a la residencia y aprovechando el buen tiempo, hemos venido hasta aquí. Esto ha cambiado mucho, la verdad», reconoce y es que a pesar de que el Recinto Ferial el Casco Viejo a partir de las seis y media de la mañana era un bullicio continuo de actividad lo cierto es que poco a poco parece convertirse en una feria testimonial aunque no por ello menos importante ya que es el fiel reflejo de otra época y también de otras tradiciones que « nos recuerdan de donde venimos», dice sabía doña Marta.

Un pequeño repunte en la cifra de animales era la protagonista en la jornada de ayer, en esta ocasión, con un número total de 62 cabezas de ganado entre caballos, burros y ponis como constataban los responsables del Centro de Veterinarios de la Junta de Castilla y León. «No es un número muy elevado pero si lo comparamos con los 47 que tuvimos en 2018 se puede decir que la actividad ha sido un poco mejor», reconocía Ana Labrado.

En esta ocasión, la meteorología no suponía ningún factor en contra aunque sí la delicada situación por la que pasa el sector con una clara evidencia de falta de compradores. «La mañana ha ido francamente mal. Hemos venido desde Navarra y regresamos con nuestros dos caballos sin vender. A nosotros la ilusión nunca nos falta pero esto cada vez va a peor hoy la gente estaba un poco fría», se lamentaba Samuel Jiménez.

Un año más y según los datos de los veterinarios, encargados de controlar los animales que entraban, mediante su guía de transporte y su identificación, el ganado que registró el encuentro procedía principalmente de las comunidades autónomas vecinas del País Vasco (en concreto de las provincias de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa), así como de La Rioja y también de Burgos. Si echamos un vistazo a las cifras de cabezas de ganado registradas en las pasadas ediciones de la tradicional cita, el descenso es significativo. Fueron 113 en 2015, 60 en 2016 y 90 en 2017.

A pesar de estos datos, con una sonrisa radiante en la cara Marta Villar transmitía sentirse encantada un vez más. «Hemos venido de Baños de Río Tobía con un caballo de montura y alguna silla y otro material. Estamos contentos aunque la venta no ha ido tan bien como esperábamos. Ahora nuestro calendario continúa, solemos hacer trashumancia, el Rocío y a partir del próximo día 19 se mueve todo mucho más».

Junto al ganado la cita como siempre estaba marcada por la gran cantidad del puestos del mercadillo que se extendían por las principales calles del Casco Viejo, 58 puesto en total, 18 dedicados a la alimentación en las que la viandas y los dulces eran los principales protagonistas. «No se está dando mal la mañana. La gente al principio estaba un poco parada pero poco a poco se ha ido animando», recordaban desde uno de los puestos leoneses que visitaban un año más la cita.

Otro de los participantes asiduos desde años a la Feria del Ángel era Pablo Pérez que con una gran dosis de realismo aseguraba que el mercado pervive gracias al trabajo diario de muchos artesanos del oficio y de clientes habituales. «Yo no me muevo mucho por ferias pero aquí no suelo fallar. Siempre vengo acompañado desde Riaza en Segovia de mis cencerros y collares para todo tipo de ganado. He tenido años mejores», reconocía.