Un deseo hecho realidad

El Sanjuanero Mayor, Quique Santamaría disfrutó de lo lindo con el Bombazo desde el balcón del Ayuntamiento. /
El Sanjuanero Mayor, Quique Santamaría disfrutó de lo lindo con el Bombazo desde el balcón del Ayuntamiento.

Miles de blusas se entregan a unas fiestas muy deseadas trasun Bombazo multitudinario

CRISTINA ORTIZ

El ritual se repite prácticamente igual todos los años, pero los sanjuaneros lo viven como si fuera la única oportunidad de estar ahí. Como si se tratara de un acontecimiento único e irrepetible. Y quizá lo sea, porque no hay dos sanjuanes iguales ni dos sanjuaneros que lo perciban igual.

Quizá por eso la sola presencia del Bombo hace estallar miles de sentimientos sanjuaneros que buscan un hueco desde el que rendir pleitesía a ese instrumento y a su sonido al ritmo de la letanía de ¡Eeese Bombo, eeese Bombo...! Se escuchó a coro, una y otra vez, en una plaza de España abarrotada, a la que costaba acceder, hasta que los Sanjuaneros Mayores rompieron el hechizo golpeando una y otra vez, con fuerza la membrana del Bombo.

Momento en el que la multitud estallaba y el júbilo se apoderaba de su espíritu. Un estado en el que, sin duda, muchos permanecerán hasta el martes, cuanto toque despedirse de las fiestas. Pero ése será otro momento.

Ayer acababan de empezar y tenían muchas ganas de fiesta. De ese grupo formaban parte, sin duda, los Sanjuaneros Mayores, unos de los protagonistas de una jornada muy intensa e «imposible de describir con palabras. Esto hay que vivirlo», aseguró Quique Santamaría tras abandonar el balcón del Ayuntamiento una vez golpeado el Bombo. Y eso que no era la primera vez que lo hacía. Ha sido Bombista Mayor de su cuadrilla.

Experiencia que quedó en evidencia al seguir desde arriba el ritmo que seguían los instrumentos abajo. «Ya con el paseíllo del Bombo, desde que lo sacan y lo traen al Ayuntamiento empiezas a sentirlo y todo lo que habías pensado que podía ser, se desvanece y... lo que te va saliendo». Y es que «solo con ver la gente ahí abajo no sabe si tocar de una forma o de otra, si te cambias de lado... Es un locura».

Una locura que hubiese prolongado sin fin, si no lo hizo fue por los integrantes de la Orden del Bombo que sujetaban con fuerza la pieza para que permaneciera quieta pese a los golpes. «He visto a Javi sudando, me ha mirado y he dicho, ya paro. Si no, me tiene ahí hasta mañana (por hoy)», bromeó.

Pero no puso ser así que pasó al micrófono para gritar todo aquello que le fue surgiendo, ya fuera ¡Viva San Juan! o ¡Viva la madre que os parió!. Daba igual, el 'público' estaba más que entregado. «Era mi momento y tenía que aprovechar», apuntó entre risas.

Aunque no dudó en compartirlo con su hija, con la que también golpeó el Bombo una vez dentro del Ayuntamiento. Y es que ese era el objetivo que se había marcado desde que supo que su padre había sido elegido Sanjuanero. ¡Quién sabe, quizá el próximo año se presente ella!, le preguntamos a Santamaría. «Uff, que nos deje respirar por lo menos dos años, que esto es una locura».

Pero una locura que ayer Soraya Maruri, la Sanjuanera Mayor, vivió con tranquilidad. Lo estaba nada más golpear el Bombo. «Estaba más nerviosa durante el paseíllo. Es algo que emociona, casi se te saltan las lágrimas. Es el momento en el que siente que vas al balcón para el Bombazo. Después, al salir, dando con la maza, los nervios han desaparecido».

Aunque reconocía que ver desde arriba la plaza repleta es «increíble, para vivirlo. Me he quedado un poco en blanco. Estaba ahí y no sabía muy bien qué hacer, pero luego te sale todo solo. Es muy emocionante, para vivirlo». Recomendación en la que coinciden todos los años quienes se cuelgan la banda de Sanjuaneros. De hecho, Soraya dejó de golpear con la maza «cuando se me ha empezado a dormir la mano, ya me pesaba. Ha sido un subidón de energía».

Emoción que también ha podido vivir el Ermitaño que para celebrar el centenario de la Cofradía decidió ayer bajar del monte para acompañar a los sanjuaneros, con quien compartirá todos los momentos de fiesta hasta volver a la ermita mañana en romería. Ataviado con su tradicional túnica marrón y luciendo una poblada barba negra salió al faltón para ver la devoción que le profesa la ciudad. «Con una Cofradía dedicada a mí que cumple cien años y con una fiesta ya milenaria, no podía por menos que bajar a ver a mis mirandeses y a mis sanjuaneros. Son los mejores». ¿Quién sería? ¿Sería nuestro Santo Verdadero? Quién sabe.