Fin de un ciclo para la procesión de los faroles

El resultado final del trabajo hizo que posaran orgullosos en la presentación./E. C.
El resultado final del trabajo hizo que posaran orgullosos en la presentación. / E. C.

Terminada La Salve se ha completado la «fase del Rosario» y lo que queda para el futuro son las letanías

MARÍA ÁNGELES CRESPO

Ayer fue, sin duda, un día importante para la Cofradía de la Virgen de Altamira que, con las fiestas en su honor tan próximas, no podía comenzar mejor su celebración. Y lo fue porque se presentó la última de las creaciones en la que han puesto su empeño Pablo Vergara, Luis Visa, José Luis Mediavilla, Enrique Picón, Manuel Pérez, Benito Pobes, José Francisco Pérez, Teodoro Pérez y Javier Martínez. Ellos, con la colaboración de Yolanda Arranz, han pasado alrededor de nueve meses trabajando para que hoy sea una realidad La Salve que este año lucirá en la procesión de los faroles del día 11 de septiembre. La pieza está expuesta en la Iglesia de Santa María para que todos los mirandeses puedan contemplarla antes de que procesione.

Fue Pablo Vergara el que apuntó que puede decirse que «hemos llegado al final del ciclo de la fase del Rosario». Ha habido dificultades, especialmente económicas para completar el trabajo pero se han ido solventando y, aunque la colección podía ampliarse todavía más porque son muchos los elementos que componen la procesión, también fue Vergara el que apuntó que de momento habrá un parón. «Nos quedarían las letanías pero aunque tenemos prácticamente todo el material no las vamos a hacer porque no tenemos donde meterlas. Construir algo que nos va a llevar un tiempo sin tener donde exponerlo no merece la pena».

Tras horas y horas de trabajo –sería imposible estimar el coste económico de esa tarea, aunque sí se conoce el del material empleado que ronda los 5.000 euros–, lo que se podrá ver en la procesión será una réplica prácticamente exacta de La Salve original. Partiendo de antiguas fotografías «es prácticamente igual, digamos que a un ochenta por ciento, de la original».

Proceso de elaboración

No se ven grandes diferencias con la que se perdió pero lo que sí ha sido muy distinto es el proceso de elaboración. Teo Pérez apuntó que «es una estructura metálica de acero recubierta con paneles de vidrio. En lo que se ha podido se ha mantenido la realización por medio de perfiles de latón, y cristales a medida ensamblados. En algunas zonas se ha hecho empleando el método tiffany».

Sin duda la paciencia ha sido una de las virtudes que han tenido que emplear todos los que han participado en la elaboración puesto que, «entre una cosa y otra estamos hablando de 1.036 cristales». El trabajo ha sido artesanal aunque «también hemos echado mano de técnicas nuevas porque hay alguna cosita que está hecha con impresora 3D».

Por lo que respecta a las dimensiones de esta Salve que lleva iluminación led es de «novecientos cincuenta por novecientos cincuenta de base y dos metros cuarenta y cinco de alto». La Salve se transporta en su correspondiente carro, algo lógico dado que el peso total de la estructura ronda los 300 kilos.

Todas estas explicaciones sobre las características de la nueva pieza de la colección aparecen reflejadas en un panel colocado junto a La Salve que se expone en la Iglesia de Santa María; los paneles explicativos también pueden contemplarse en el museo en todas y cada una de las piezas que se exponen.

Para la Cofradía tener esta nueva pieza es todo un orgullo pero ha supuesto un esfuerzo económico importante y también en el espacio expositivo se ha colocado una 'hucha' para que quienes así lo deseen hagan las aportaciones económicas que estimen conveniente. «Todas nos viene bien», explicaba el presidente Benito Pobes, que también apuntó que el museo, que abre dos sábados al mes, el primero y el tercero entre las siete y las ocho de la tarde, está recibiendo «una media de cien o ciento cincuenta personas al mes».