Cerca de mil encajeras unidas bajo el influjo de hilos y bolillos crean arte en La Estación

La carpa de la Calle La Estación congregó a cerca de mil encajeras entre inscritas y visitantes./Avelino Gómez
La carpa de la Calle La Estación congregó a cerca de mil encajeras entre inscritas y visitantes. / Avelino Gómez

Las inscritas fueron 870 pero se rozaron las mil entre el resto de asistentes a la cita en pleno centro de la ciudad

SILVIA DE DIEGO

Un balance «más que positivo y con ideas a mejorar de cara a la próxima edición». Estas son algunas de las palabras de la presidenta de la Asociación de Encajeras de Miranda tras la gran cita ayer en la calle La Estación que consiguió aunar a 870 encajeras inscritas pero a más de 1.000 asistentes. «Ha sido complicado pero la gente se ha mostrado contenta. Hay fallos que tenemos que subsanar como el tema de baños pero en general estamos muy satisfechas», reconocía. Pilar Narro. Grupos muy numerosos provenientes de toda la geografía española aunque el que ganaba por número de integrantes era el de Isabel Montes de Bilbao con un total de 61 mujeres seguido de las representantes burgalesas con más de 50. «También ha venido una persona sola de Zaragoza, de Barcelona e incluso de Valencia».

Junto a todos los grupos de encajeras los asistentes a la cita pudieron disfrutar de un total de 12 puestos en los que adquirir todo lo relacionado con la venta de material de encaje de bolillos. «A las encajeras siempre nos resulta difícil adquirir el género y el material. A parte de las inscritas se han unido muchísimas otras que venían a pasar el día específicamente a comprar precisamente en estos puestos», puntualizaba.

Todas las asistentes recibían de parte de la Asociación Mirandesa 1.200 fundas de tela para las tijeras junto a la fotocopia del patrón donado por la diseñadora Aurora Ramos junto al bollo preñao y las galletas cortesía de Coral. «La verdad es que esta cita supone un apoyo importante para la economía de la ciudad ya que todas, o hemos reservado en los diferentes restaurantes de la ciudad o se unirán y realizarán una ruta de pinchos, por diferentes establecimientos».

Entre las asistentes, uno de los puestos que congregaba a una gran cantidad de curiosos era el de la diseñadora Aurora Ramos quien tras dedicarse al mundo gráfico de profesión vio en el arte del bolillo una vía de escape. «Dejé de divertirme con lo que hacía en mi vida. Una de mis aficiones eran los bolillos, me preparé para dar clases y, con el tiempo, me di cuenta que necesitaba llenar el hueco creativo por lo que empecé a diseñar piezas para mí», recalca a la vez que matiza que esto derivó en ofrecer un nuevo uso del bolillo. «Las muestras se acaban guardando en el cajón y había que ofrecer algo diferente a las mantillas y a las puntillas que se ponen en las sábanas y toallas. Mi intención era conseguir una nueva aplicación y uso del bolillo y creo que lo he conseguido».

Una de sus señas de identidad es simplificar al máximo sus diseños para que aquellas alumnas menos aventajadas y que tan sólo llevan cuatro meses en las clases sean capaces de hacerse una pieza para aplicar como accesorio en ropa o sombreros. «Todo es para usar, no para ser guardado. Tengo trabajos de mayor envergadura pero muchas de las piezas son muy pequeñas para que en un par de tardes esté lista y te des el gustazo de estrenarla o regalarla».

Aurora Ramos asegura que algo que ha cambiado mucho es que «antes las madres y las abuelas eran las que querían hacer encajes para las hijas mientras que ahora son éstas las que piden las piezas»

Mezcla de generaciones

Grandes y pequeñas desde los 3 y hasta la barrera de los 90 años se aunaron ayer bajo la carpa de cerca de 200 metros distribuida a lo largo de la calle La Estación. «Echamos de menos que se anime algún mozo», decía una representante del grupo de Alsasua y es que hoy por hoy son muy pocos los varones que se decantan por la artesanía del bolillo.

Una jovencísima Laura de 11 años explicaba que la magia del bolillo la había atrapado desde el principio. «Llevo haciendo bolillos desde que tenía cinco años. Hice un muñeco de nieve que tenía doce pares. La primera vez que fui a probar me di cuenta que me relajaba mucho y me he picado desde entonces. Es muy entretenido, he hecho estrellas para camisetas, marca páginas y también pulseras».

Junto a las más jóvenes las más veteranas como María Dolores de 84 años de Alsasua que justo enfrente tenía a dos asiduas de este tipo de encuentros Regina y Margali dos gemelas que tuvieron un auténtico flechazo con «Don Bolillo» y que además no dudan en participar en películas y programas televisivos. «Participamos en la película La Buena Nueva limpiando los candelabros. Somos unas gemelas de cine, a la vejez viruela», bromeaban mientras no perdían el hilo de la labor que hacían.

El tiempo acompañó durante toda la jornada y Miranda dejó palpable que puede convertirse en una cita de referencia en este tipo de encuentros de todo el ámbito nacional.

Tradición e innovación unidas en un arte que parece mágico pues los hilos se transforman con los polvos mágicos de las manos de las bolilleras.. «El bolillo hay que vivirlo para poder transmitírselo a tus compañeras», aclaraba una participantes de La Rioja.