El Casco Antiguo se tiñó de rojo cereza

Desde primera hora la afluencia de mirandeses fue una constante./E. C.
Desde primera hora la afluencia de mirandeses fue una constante. / E. C.

La oferta ha sido menor que en la primera edición porque «las heladas que sufrimos en abril mermaron la cosecha»

MARÍA ÁNGELES CRESPO

La Fiesta Gastronómica de la Cereza de Las Caderechas es todavía en Miranda muy incipiente –la de ayer fue la segunda edición–, pero lo cierto es que el éxito cosechado en la primera hacía prever que los mirandeses no faltarían a la cita en la plaza del Ayuntamiento.

Y las previsiones se cumplieron; tanto es así que si la apertura oficial de la fiesta, el momento en el que los cuatro productores iban a levantar por así decirlo la persiana de sus puestos de venta, estaba prevista para las once de la mañana, mucho antes de esa hora se veía ya a mirandeses enfilar la calle Real Aquende en dirección hacia la parte nueva de la ciudad con las bolsas en las que llevaban las cajas de dos kilos de las cerezas; unos con las de la variedad Lapins, otros con algunos kilos de cerezas Roja de Milagro, y también había quien se decidió por las de la variedad Fresona porque, tal y como argumentaban los productores «todas son buenas, pero sobre gustos no hay nada escrito».

Se había anunciado, y en los carteles se especificaba perfectamente la hora del comienzo; aun así el trajín se inició antes. Entre los madrugadores estaba Isabel Hernando que a las diez de la mañana estaba ya dando un paseo por la zona y «hemos aprovechado para tomarnos un café» y después disfrutar del ambiente que poco a poco iba animándose. «Esta es una iniciativa estupenda para Miranda, le da vida. Nosotros hemos probado todas las variedades y al final hemos comprado de dos distintas». Ella apuntó también que «el sitio es el mejor posible y, si hace un día tan bueno como el que hoy tenemos, pues mucho mejor».

Hubo muchos que acabaron haciendo dos visitas al Casco Antiguo ya que se organizaron para, primero comprobar las bondades del producto que estaba a la venta, comprar alguna caja, llevarla a sus respectivos domicilios y volver después para disfrutar con las demostraciones de cocina, dos por la mañana y otras tantas por la tarde.

El primero de los cocineros en mostrar sus habilidades y constatar que entre el público no faltaba quien llevaba papel y bolígrafo para apuntar la receta del plato que él iba a preparar, fue Gustavo Royo del restaurante Carbón.

Poco antes de las doce tenía ya preparados todos los ingredientes de «un plato muy sencillo y apetecible en este tiempo, un gazpacho de cereza, con marisco, que nosotros tenemos en nuestra carta, tiene mucha aceptación y a nosotros nos está dando muchas satisfacciones;a la gente le gusta mucho. Nos han traído un producto excepcional y hay que aprovecharlo. Lo vamos a respetar y no le vamos a dar ningún tratamiento térmico».

Él se decantó por la elaboración de un plato salado y argumentó que la cereza es un ingrediente que casa muy bien con muchísimas cosas. «La cereza es útil para dulce, para salado, para cocinarla, para hacerla a la parrilla, pega estupendamente con la caza y con un montón de cosas».

Una hora más tarde quien hizo la demostración ante la atenta mirada de los mirandeses fue Julio Arnáiz, de Oula. Por la tarde y quizás para que los asistentes fueran pensando en la posibilidad de elaborar algo para la cena, el turno de las demostraciones culinarias fue para Alberto Arce y Roberto Cortázar, de Tómbola y Viva, respectivamente.

Dependen del clima

Entre los que ofertaban a los mirandeses las cerezas del conocido valle estaba Juan José Gandía, presidente de la Asociación de Productores que explicó el por qué de la menor cantidad de kilos en relación con la fiesta del pasado año.

«Nosotros dependemos del cielo. Febrero fue muy cálido, los árboles venían adelantados, y en abril hubo heladas bastante fuertes que mermaron la cosecha, así que hemos traído lo que hemos podido, pero soncasi cinco mil kilos de variedades Lapins, que es de origen canadiense y se adapta muy bien a nuestro clima y la Roja de Milagro y la Fresona, que son las nuestras y están en su punto».

Con fiestas como la de ayer pretenden los productores acostumbrar a los consumidores a decantarse por la fruta de temporada. «La que no lo es, siempre va forzada, apunta, y reitera que es precisamente ahora el tiempo de este producto. «Algunas se pueden recoger en abril o mayo en zonas que la climatología de la cereza lo permite, pero no es de allí. El cultivo de la cereza es de montaña, donde mejor se da es a partir de seiscientos metros y cuando mejor se da es entre finales de junio y primeros de agosto».

Aunque a él le gustan «todas las cerezas», insiste en que la de Caderechas «tiene un sabor especial por nuestro clima, por la diferencia de temperatura entre el día y la noche».

La segunda experiencia ha resultado «excepcional. La gente nos recibe muy bien y el Ayuntamiento la verdad es que nos proporciona todo lo que necesitamos, así que si quieren que sigamos viniendo nosotros lo haremos encantados».

En la plaza del Ayuntamiento se podía visitar también una caseta de la organización en la que se mostraba no sólo la cereza, sino todo lo relacionado con el valle de Las Caderechas. La responsable de promoción de las marcas de garantía cereza y manzana de Las Caderechas, Eva Romero, incidió en que la presencia en Miranda se debía «al absoluto apoyo del Consistorio y a que contamos también con la colaboración de Alberto Molinero para la muestra gastronómica».

Con la presencia de los cocineros «tenemos cuatro degustaciones y entendemos que esta fórmula encaja muy bien. De cara a futuro iremos pensando en otras actividades porque lo importante es ir innovando y hacer que la gente disfrute al máximo de la fiesta, porque es eso, no sólo una feria en la que vendemos nuestro extraordinario producto», apostilló.

a se piensa en otra feria relacionada con Las Caderechas

La Fiesta Gastronómica de la Cereza de Las Caderechas tiene por el momento tan sólo dos ediciones, pero lo cierto es que «está claro que los mirandeses estaban esperando que llegara, como lo deja patente la gran animación que ha habido en la plaza durante todo el día», apuntaba la concejala de ferias Inés Busto que, visto lo visto, tiene claro «que es una actividad que gusta y tendrá continuidad posiblemente con algunas variaciones en cuanto a actividades».

Este año, por ejemplo, no ha habido cata, pero sí una demostración gastronómica con la participación de los cocineros de Carbón, Oula, Tómbola y Viva, que apostaron por platos tanto dulces como salados.

El valle de Las Caderechas es también conocido por otro producto, la manzana reineta y apuntó Inés Busto que ya se han empezado los contactos «con los productores para ver si el año que viene, este no, porque sería complicado llegar para octubre, podemos traer una feria de ese producto. Tendría que ser en un sitio cerrado y estamos explorando posibilidades». Como la opción es a largo plazo, dejó caer la concejala que en esa cita podrían combinarse las manzanas «con algún producto local, ya veremos, es una idea que nos gustaría convertir en realidad».