Cáritas renuncia a impulsar una cooperativa de agroecología por falta de viabilidad

Trabajos en la huerta de Cáritas durante el pasado verano. /A. G.
Trabajos en la huerta de Cáritas durante el pasado verano. / A. G.

La entidad ha optado por transformar el proyecto en un taller prelaboral tras comprobar que no «no era un nicho de negocio como tal»

CRISTINA ORTIZ

La creación de empleo y la apuesta por una agricultura sostenible y ecológica llevaron a Cáritas a impulsar en la ciudad hace cinco años ya un proyecto diseñado, principalmente, para ofrecer una salida laboral a un colectivo muy heterogéneo pero con un elemento común: la dificultad para acceder a un trabajo y conseguir un trabajo. Pero la falta de viabilidad tanto económica como de personal de la iniciativa ha llevado al colectivo a tirar la toalla.

«Hubo gente que encontró trabajo, otros que no se veían dedicándose a la hortofruticultura y lo dejaron y, el resto, vio que no tenía unos ingresos que les permitiera ser autónomos. Ha habido diferentes causas», reconoció Soraya Saiz, responsable del programa de empleo de la entidad en Miranda.

Pero, sin duda, la principal es que los intentos realizados no dieron un resultado monetario suficiente para que los participantes pudieran hacer de esa actividad un trabajo con el que mantenerse. «No daba suficientes ingresos como para hacerse autónomo, pagar la cuota, y llevarse un sueldo. No era un nicho de negocio como tal». Llegaron a tener grupos de consumo a los que abastecían de productos de temporada, tiendas colaboradoras a las que suministraban verdura y hortaliza fresca e, incluso, llegaron a experimentar con las conservas, embotando puerros de su huerta en pequeños tarros de cristal con certificado ecológico.

Eso no significa que no se siga trabajando en la zona de cultivo que el proyecto 'A Huertas con la vida'. La tierra se sigue labrando y sembrando. El proyecto, a principio de este año, se ha transformado en un taller de contraprestación más de Cáritas, como los que la organización desarrolla en una nave del polígono de Bayas. «Son los trabajadores sociales los que deciden si las personas necesitadas de apoyo acuden al huerto o a otro de nuestros talleres», explicó la responsable del programa de empleo de la entidad.

Esa es la nueva finalidad con la que se trabaja en el huerto. La comercialización de productos hortícolas ya no es un objetivo que alcanzar, aunque se mantiene el puesto de venta en el mercadillo. Si bien, su actividad en estos momentos es casi testimonial.

Ahora mismo, el proyecto está diseñado para que los que trabajen la tierra adquieran hábitos prelaborales, para mejorar responsabilidad, puntualidad, que asistan todos los días... Y, si es posible, a posteriori, dar el salto al programa de empleo de Cáritas. Mientras, aquellos productos que dé la huerta irán destinados al autoconsumo de quienes cultivan el suelo –que pueden ser entre 4 y 8 personas, como mucho– y, el resto, en el caso de que sobre, se destinará al comedor social que gestiona la entidad en la calle Álava.

Evidentemente, el cambio de objetivo, también ha supuesto una reducción de la estructura de la iniciativa que anteriormente contaba con un ingeniero agrónomo, para guiar y apoyar a quienes se estaban formando como agricultores en hortofruticultura ecológica, y con una responsable del grupo. Ahora de la coordinación y de la organización de la actividad se encarga el monitor de los talleres prelaborales.

'A Huertas con La Vida' arrancó a principio de 2014, con un plan diseñado para ser desarrollado en tres años y al final del cual se esperaba que los participantes pudieran dar el salto al autoempleo en agroecología. La primera fase estaba pensada para el aprendizaje de los futuros agricultores, alrededor de una veintena; la segunda, para el perfeccionamiento de prácticas productivas, conectar con consumidores y en iniciar una comercialización;y la tercera, para la profesionalización, iniciar el cooperativismo y adentrarse en otro tipo de redes de economía social.