El Bombo vuelve a las aguas del Ebro

Los Sanjuaneros Mayores se despiden del Bombo antes de que regrese a las aguas del Ebro. /A. G.
Los Sanjuaneros Mayores se despiden del Bombo antes de que regrese a las aguas del Ebro. / A. G.

Regresa al lugar de donde salió cuatro días antes, el sábado para desatar la alegría de los sanjuaneros no volverán a verlo hasta el 30 de mayo

CRISTINA ORTIZ

miranda de ebro. El Bombo se hizo el remolón. Le costó volver al agua. Lo hizo a cámara lenta, como si su presencia entre los mirandeses le hubiera sabido a poco y quisiera quedarse un poco más. O quizá lo que buscaba era dar tiempo suficiente a los blusas para que asumieran que con su hundimiento en las aguas del Ebro se ponía fin a cuatro intenso días de fiestas.

Y es que parecía que iba a quedar atascado en la guía que le marcaba el camino a las profundidades del río. Pero finalmente, sin nada que lo retuviera, se acabó sumergiendo en ese lugar del que no volverá a salir hasta casi dentro de un año. Concretamente será el 30 de mayo.

Pero antes de abandonarse, el Bombo tuvo una despedida de altura, la que merece un elemento cuya presencia y sonido es casi permanente a lo largo de toda la fiesta. De hecho, apenas una persona soltaba la mazo había otra dispuesta a tomar el relevo para golpear con fuerza la membrana del simbólico tambor. Lo hicieron los Sanjuaneros Mayores, Quique Santamaría y Soraya Maruri; pero también los chiquis, Álvaro Valerio y Luna García; la pregonera infantil, los bombistas chiquis, el presidente de la Cofradía, Álvaro de Gracia;y la alcaldesa, Aitana Hernando; además de varios niños y mayores.

Aunque como manda la tradición, los encargados de dar los repiques finales fueron integrantes de la Orden del Bombo. Ellos son los encargados de su cuidado y su salvaguarda. También quienes lo portean, lo habían hecho momentos antes al dar las tres vueltas a la plaza de España.

Ese grupo, con el instrumento en parihuelas era seguido por un buen número de mirandeses dispuestos a darlo todo hasta el 'pitido' final de la fiesta. Entre ellos les había que mantenían al completo el uniforme sanjuanero, unos que se lo habían quitado ya pero mantenían alguno de sus símbolos, como el pañuelo y otros que vestían ya de calle, como cualquier otra jornada. Eso sí, fría. Porque el tiempo no acompañó el último día festivo, en el de Sanjuanín.

El recorrido lo hicieron personas de todas las edades, grandes y pequeñas. Algunas incluso de apenas unos meses, tanto en brazos como en carrito. Incluso un padre se atrevió con dos, uno en silla y otro colgado en una mochila. Lo importante era cumplir con la tradición. Y cada vez son más los que se animan a participar.

Si bien, también es cierto, que son casi tantos como los que prefieren mirar y ver cómo se completan las tres vueltas. La última a más velocidad. Aunque ayer el sprint duró poco. La comitiva que seguía al Bombo apenas corrió unos metros.

Fue así pese a que la charanga encargada de marcar el ritmo y animar con su sonido todo el recorrido imprimió mayor intensidad a la última vuelta.

Con anterioridad, el mismo ritual se había repetido con el Bombo chiqui. Lo único que varió fue el tiempo que éste tardó en entrar en las aguas del Ebro. Apenas unos segundos. Nada que ver con su hermano mayor.

De la plaza de España y de las barandillas del Ebro, la atención se trasladó al centro del puente Carlos III. Tocaba quitar el pañuelo rojo sanjuanero a los leones tras cinco días con ese atuendo. De su retirada, al igual que ocurrió el jueves con la imposición, se encargaron miembros del grupo de Voluntarios de Protección Civil.

A continuación, la comitiva se trasladó hasta la plaza de Prim, donde tanto la directiva de la Cofradía como otros sanjuaneros aprovecharon para hacerse una última foto con el photo-call del centenario. De ahí, el grupo se encaminó hacia el parque Antonio Machado para disfrutar de la Verbena del Pollo Frío, con un tentempié con ese producto y la música de Tala y su banda, con el Tributo a El Barrio. Un perfecto fin de fiesta que respetó la lluvia.

El agua optó por hacer acto de presencia preferencial en el monte, en La Laguna, durante la comida de los romeros, pero también a intervalos durante las paellas y los juegos infantiles. Eso no impidió a los más pequeños disfrutar de los numerosos elementos de ocio que se habían instalado en el monte. Los más pequeños tuvieron distintas alternativas con las que entretenerse en una jornada que, pese a la amenaza de lluvia, volvió a reunir a un buen número de personas en el monte. A unos para divertirse, a otros para comer y a algunos, también, para limpiar.