Los barrios, al ritmo de sus vecinos

En las asociaciones trabajan por ofrecer actividades y mejorar sus barrios. /Avelino Gómez
En las asociaciones trabajan por ofrecer actividades y mejorar sus barrios. / Avelino Gómez

Las asociaciones vecinales de los barrios de la ciudad impulsan el desarrollo de actividades y luchan por la mejora de sus comunidades

TONI CABALLERO

La cultura de los barrios reside, principalmente, en las personas que los habitan. Vecinos que, en defensa de la citada cultura barrial y del crecimiento del barrio, se unen en las denominadas asociaciones de vecinos. Estos colectivos surgieron en España en el 1962, en plena dictadura franquista, acogiéndose a la Ley de Asociaciones de Cabezas de Familia. Son organizaciones que se forman en el centro de la comunidad, que provienen de los movimientos y dinamismo de los integrantes que se sienten movidos a reunirse por razones de buena vecindad.

Dentro de este contexto, pero adaptándolo al ámbito municipal, en nuestra ciudad ha sido noticia en los últimos días la cancelación de las fiestas del barrio La Charca. Los motivos de la cancelación residen, mayoritariamente, en que la Asociación de Vecinos de La Charca se ve escasa de efectivos; colaboradores y financiación, para mantener el grueso de actividades que viene realizando en los últimos años. Pese a contar con una nueva sede cedida por el Consistorio mirandés, el colectivo sólo cuenta con 60 socios, que abonan una cuota anual de 10 euros, «una cantidad insuficiente de colaboradores para el barrio más poblado de la ciudad», según indicó Aurora Laserna, miembro de loa Junta de la asociación, que dejó «las puertas abiertas» para todas las personas que deseen echar una mano en pro de mejorar el futuro del barrio.

Resulta sorpresivo que esta asociación cuente sólo con una sesentena de socios, teniendo en cuento la población de la Charca y más aún cuando sus homónimas de la ciudad suelen rondar los tres centenares. Uno de estos casos, el de la AA.VV de Los Ángeles, destina los 18 euros anuales de cuota de sus «aproximadamente 300 socios» para la realización de varias actividades. «Hacemos en Halloween, en las hogueras, la llegada de Papa Noel y las fiestas de nuestra señora de Los Ángeles», informa Noelia Aragón, presidenta de la asociación vecinal. Asimismo, tamién utilizan su sede como espacio para el desarrollo de diferentes talleres de pintura, clases de yoga, y a a modo de local de ensayo para grupos musicales locales como los Judas Saxquarter. «Queremos darle un uso aún mayor a la sede, que haya baile, talleres y proyección de películas en nuestras instalaciones», concluye Aragón.

También en esta línea se mantiene la Asociación de Vecinos de El Crucero. Presida por Patxi Pinedo, cuenta con 280 socios que contribuyen con una cuota anual de 15 euros. Ellos también celebran las hogueras, los Reyes Magos, navidad y las fiestas del barrio. Asimismo, «hacemos sorteos de cestas y regalos en la época navideña», confirma el presidente.

A parte de confeccionar una programación de actividades, las asociaciones de vecinos acometen la labor de luchar por las mejoras del barrio y hacen las veces de nexo con las instituciones. «Tratamos con el Ayuntamiento las mejoras para el barrio, para los vecinos. El arreglo de la pista deportiva, el techado de la terraza del bar, el asfaltado de las calles y que pongan corcho en el parque infantil. Pero nuestra lucha principal es acabar con el paso a nivel, algo vergonzoso en el siglo en el que estamos, más aún cuando parte de la infraestructura para eliminarlo ya está construida», zanja Pinedo.

Con este ánimo de lucha social surgió la Asociación de Vecinos 'Santa Marina' de Bardauri y la Tejera en 1979. «Nación por la necesidad urgente de meter agua en las casas, durante los próximos años se hizo un trabajo duro por mejorar la vida de los barrios, pero el nuestro era de carácter agrario y ganadero, por lo que hubo muchos problema y de disolvió», refleja Pilar Morcillo, tesorera de la Junta vecinal. Veinte años más tarde, en 1999, el actual presidente, Florencio Martínez, retomó la asociación de vecinos para luchar contra el paso de camiones por el centro del barrio en su trayecto hacia las canteras, y consiguió desviarlo.

A día de hoy, cuentan con 90 socios, con una cuota de 15 euros anuales. Su sede está establecida en las antiguas escuelas, edificio cedido por el Ayuntamiento, y llevan a cabo un gran número de actividades a lo largo de laño: Fiestas de 4 días de duración, llegada de Papa Noel en tractor y Carnaval, entre otras. «Bardauri y La Tejera han mejorado mucho, solo hay que venir a verlo, y queremos seguir aumentando en el número de talleres, cine, y otras actividades. La colaboración de los vecinos es fundamental», concluye.

El crecimiento frente a las adversidades

No todas las asociaciones de vecinos de la ciudad cuentan con un elevado número de socios, un presupuesto desahogado o una ubicación céntrica a la hora de poder ejercer presión en la mejora de su calidad de vida. En el caso concreto de la AA.VV del Casco Viejo, el colectivo cuenta con 28 socios, una nada desdeñable cifra teniendo en cuenta la despoblación que ha sufrido este barrio en las últimas décadas.

«La cuota anual son 20 euros, mantenemos reuniones periódicas; hacemos fiestas del barrio y cedemos la sede para otras actividades externas», señala Daniel García, presidente de la agrupación barrial. Esta asociación tiene en mente la realización de actividades propias, así como «aumentar el soporte y los medios que existen para el barrio».

Otro de los núcleos más importantes de la ciudad, y más distanciados del centro debido por la presencia de la Nacional-1, es el barrio de Las Matillas. Presidida por Mari Luz Velásquez, la asociación vecinal engloba a alrededor de 100 familias y presenta una Junta de la forman parte cuatro mujeres del barrio. Se trata de uno de los barrios con mayor número de reclamos para el Ayuntamiento, y se sigue reivindicando actuaciones entorno a la calle Los Tilos que continúa sin la otra parte de la acera. De hecho, es una de las zonas de la ciudad donde más se evidencian las barreras arquitectónicas para las personas con discapacidad.