Bares con solera y mucha historia

La Higuera abrió en la década de los sesenta. /Avelino Gómez
La Higuera abrió en la década de los sesenta. / Avelino Gómez

Unos ya no existen, otros tienen más de sesenta años, y unos pocos se han reconvertido guardando la esencia de sus inicios pero todos están el imaginario colectivo de la ciudad

SILVIA DE DIEGO

Se dice que el sistema de criaderas es un método de envejecimiento del vino, ron y brandy que se emplea en las denominaciones de origen específicas del marco de Jerez y de Montilla-Moriles, y se dice también que hay establecimientos o bares con solera y en Miranda hay más de uno. En estas líneas no estarán todos los que son pero cada uno de ellos, por uno u otro motivo tiene un lugar en especial en el imaginario colectivo.

Quién le iba a decir a Manoli que desde la comarca de la Sierra de Cazorla en Jaén acabaría llegando a Miranda. Encantadora nos recibe con los brazos abiertos en La Higuera y con brillo nostálgico en sus ojos claros nos relata algunos de sus recuerdos que hacen que el poso haya cuajado en uno de los bares más transitados y valorados en la ciudad. «Me casé en 1963 y como andaba la cosa tan mal, empezamos a adecentar el patio y finalmente lo abrimos. Al principio sólo teníamos una barra y vendíamos chacolí clarete en porroncillos pequeños».

Las paredes y muros del establecimiento han visto pasar a varias generaciones de mirandeses, lugar que sabe más por lo que calla que por lo que dice, encanta al curioso que se acerca por primera vez y que sale relamiéndose por sus típicas orejas o pimientos rellenos. «El negocio ha ido cambiando poco a poco. Los mirandeses venían con su almuerzo aquí y nosotros les poníamos la bebida. Teníamos un asador para la carne que comían. Yo les asaba las chuletas y les apañaba las ensaladas. Sólo les cobraba el vino».

La ampliación del establecimiento estuvo motivada porque sólo podían abrir los meses de buen tiempo, así que decidieron poner a disposición del público la parte trasera donde se encontraba la bodega subterránea con las cubas del vino que vendían. «Siempre hemos tenido mucha gente. Imagínate que las familias o amigos estaba merendando y si se ponía a llover no se iban, abrían los paraguas porque teníamos goteras, y seguían comiendo».

Por la Higuera han pasado políticos, actores y periodistas conocidos. En algunas de las instantáneas que cuelgan en sus paredes aparecen las caras de Paco Valladares, María Garralón, Veronica Forqué, Martiño Rivas o Luis del Val, que dedicó una de sus mágicas creaciones y cuyas líneas permanecen colgadas en una de las paredes.

Lamentablemente al hablar de este negocio familiar también hay que hablar del Ebro, el río, el agua que regala unas preciosas vistas y un paraje acogedor pero que también les ha dado muchos sustos con su indómita respuesta en las riadas. «Me acuerdo la primera que fue en los 80, me quedé sin nada, venía gente a llevarse ropa para lavármela incluso la caja de cambios de aquellos tiempos que estaba encima del mostrador salió nadando por el río. La última también nos ha dado un gran susto. A las siete de la mañana nos avisó la Policía y no nos lo esperábamos así para nada. Una vez más toda la gente se volcó con nosotros».

Manoli con sus 76 años me enseña varias de las instantáneas en blanco y negro o con ese característico color nostálgico, entre ellas, una de ella misma siendo niña vestida de andaluza. Con ella entre sus manos sonríe y recuerda una anécdota curiosa que rememoró hace tan solo unos días junto a Bego la de las Manuelas. «Había aquí un señor muy gracioso al que le llamaban Oncebrutos que trabajaba para el Ayuntamiento. Siempre venía y entraba durante toda la tarde con gente y nos preguntaba que cómo lo íbamos a llamar y el nos dijo que La Higuera, y con La Higuera se quedó».

Muchos más

En el Casco Viejo otro de los bares que ya no está abierto al público pero que será recordado, sin duda, es el de Las Manuelas. En la año 2017 se producía el cierre oficial de este emblemático lugar. Begoña Ruiz, era el alma máter de Las Manuelas, el bar más antiguo de Miranda (de 1899) que cerraba sus puertas el 30 de noviembre tras más de 118 años de actividad regentado siempre por la misma familia. «Cuando paso por la calle miro a la puerta con la extraña sensación de que se va a abrir y de que podré volver a comer las torrijas y tomarme uno de sus zurras», comenta un mirandés que ya tan sólo viene a la ciudad un par de semanas durante los meses de estío.

Alejado de la zona antigua, en la carretera Logroño, la actriz Rita Hayworth con su elegante vestido negro y un gilda en la mano nos invita a entrar en el establecimiento que ahora regenta Nico pero que fue abierto como almacén de vinos en 1951 por Antonio Cereceda. «Estaba acompañado en su trabajo por su esposa Amalia y un trabajador. En sus comienzos el vino que se vendía era a granel traído en cubas grandes llamadas bocoyes. Con el paso del tiempo el vino venía embotellado. Estuvo abierto al público durante 40 años y cerró sus puertas en 1991», subraya Nico, que destaca del bar el trabajo realizado para que guardara su esencia siendo algo nuevo. «En la decoración del establecimiento hemos reciclado elementos antiguos que sin duda ayudan a transmitir la imagen de un antiguo almacén de vinos».

Y en plena calle La Estación uno de los bares que sigue llamando la atención al visitante y que te hace viajar al pasado es sin duda la Avenida. La decoración sigue siendo la misma y podría ser perfectamente el decorado escogido por algún director de cine para una de sus películas; su fachada pronto cambiará algo pues se está rehabilitando el edificio. «Soy asiduo a los pinchos clásicos de bonito y huevo y cuando vienen amigos a la ciudad les traigo y coinciden conmigo en que es como viajar en el tiempo. Es un local auténtico cien por cien sin duda alguna», dice algún asiduo.