El arte siempre acaba encontrando su sitio

La Pepa es uno de los establecimientos en los que hay exposiciones. /Avelino Gómez
La Pepa es uno de los establecimientos en los que hay exposiciones. / Avelino Gómez

Establecimientos hosteleros y comercios se han empeñado en suplir la escasez de salas de exposiciones y ofrecen una oportunidad a los artistas locales

MARÍA ÁNGELES CRESPO

Sería excesivo afirmar que si en Miranda rascas en algún lugar, en cualquiera, acabas encontrando un artista, pero no lo es apuntar que son muchos los mirandeses de todas las edades que se interesan por diferentes expresiones artísticas. Hay pintores, escultores, fotógrafos, tallistas.....; mujeres y hombres que, es su mayoría alejados de tener el arte como actividad profesional, han hecho de sus respectivas aficiones toda una pasión de la que disfrutan ellos en su tiempo libre, y que merece la pena ser contemplada por ojos ajenos.

El problema con el que muchos de ellos se encuentran es que Miranda adolece de espacios que posibiliten esta opción a los ciudadanos.

Desde que las entidades financieras decidieron echar el cierre a sus salas de exposiciones, y el proyecto del Hangar de las Artes cayó en saco roto cuando se presuponía que podría ser un lugar que albergara de modo permanente muestras artísticas, ya sólo queda disponible la Casa Municipal de Cultura con sus dos dependencias específicas para esta función.

Así las cosas y con un creciente número de peticiones para enseñar los trabajos artísticos realizados por los mirandeses el relevo en la oferta lo han tomado principalmente tres establecimientos hosteleros y un comercio.

La Pepa, La Musa, Sopa de Ganso y Alcoba son, en la actualidad, los puntos de cita y lugares de encuentro para los amantes de las diferentes expresiones artísticas que en Miranda se suceden. En todos ellos la oferta es permanente y las paredes de esos locales están durante todo el año engalanadas con los trabajos de artistas, casi siempre de la ciudad, pero en las que de vez en cuando cuelgan también las obras de otros, procedentes de localidades más o menos cercanas y que en ocasiones tienen relación con Miranda o algún mirandés.

El más veterano de estos que podrían llevar como sobrenombre el de promotores artísticos es Luis España, que regenta La Pepa; un local que si bien lleva abierto al público escasamente dos años es uno de los referentes porque su propietario se planteó «seguir con el mismo esquema que había llevado en el Tangente, donde en sus treinta años ofertábamos nuestro espacio a cualquiera que quisiera exponer su trabajo, fuera cual fuera. De hecho ya me planteé la iluminación de un modo específico para que pudiera cumplir la función de pequeña sala de arte».

Considera que disponer de locales como el suyo es «todo un lujazo, no para los artistas, sino incluso para mí y los clientes que habitualmente pasan por el establecimiento».

De la misma opinión es Juan Iglesias, de La Musa, cuyo nombre «nada tiene que ver con la parte artística que ofrecemos». Él lleva cinco años con exposiciones permanente que «dan color y vida al bar. Para nosotros es algo muy interesante y, de esta manera con la muestras que se van sucediendo mes tras mes, intentan dar una oportunidad de darse a conocer a los artistas mirandeses».

También en Sopa de Ganso se inició el negocio teniendo en cuenta que «darle este enfoque en el que los clientes tienen la posibilidad de tomarse algo y, a la vez disfrutar con alguna exposición, fue nuestro objetivo desde siempre». Es lo que dice Juan Bravo, que también ofrece habitualmente su espacio a grupos musicales de la ciudad.

Ninguno de ellos obtiene más beneficio que la satisfacción y en todos los caso tienen sus puertas «abiertas a quienes deseen exponer», aunque reconocen que los espacios no son especialmente amplios y eso «limita las muestras, tanto en el número de obras como en los tamaños de las que se pueden colgar».

El más sorprendente

Entrar en un bar o una cafetería y encontrar alguna exposición es habitual en muchos lugares, lo que es quizás más sorpresivo es ver óleos, dibujos o fotografías en una tienda donde lo que se oferta a los clientes son colchones y ropa de cama. Este es el caso de Alcoba, que ha sido quien más recientemente se ha sumado a la fórmula de conjugar la oferta específica del establecimiento con el arte.

«Empezamos participando con Mirajazz en el último Jazztival, y desde entonces tenemos permanentemente exposiciones. Hicimos una remodelación en octubre y pensamos en que el espacio era idóneo», explica María José Tena, que reconoce que aun cuando «estamos en un sitio céntrico y quien mira el escaparate ve que hay una muestra artística, a la gente a veces le cuesta un poco entrar».

Por eso en su puerta ha colocado un letrero que indica que la tienda es también una sala de exposiciones. Al igual que se sorprenden los clientes ella se ha asombrado de «la cantidad de artistas que tenemos; hay muchos y muy buenos».

Para algunos atreverse a iniciar su andadura expositiva en salas específicas para ellos es a veces complicado así que, todos opinan que «tener lugares como estos sirve para que den el primer paso». Los únicos requisitos son que se acerquen, les enseñen algo de lo que hacen y pedir fecha. Sus puertas están abiertas y las paredes disponibles.