Aquellos maravillosos años

Patri conoce bien lo que fue la Parte Vieja, en la que sigue. /Avelino Gómez
Patri conoce bien lo que fue la Parte Vieja, en la que sigue. / Avelino Gómez

La VII Gran Quedada tuvo ayer una respuesta positiva. Las calles de la parte vieja volvieron a cobrar vida, pero en su día a día «el corazón de la ciudad necesita más oxígeno para continuar»

SILVIA DE DIEGO

A lo largo de los últimos días no se escuchaba otra cosa. ¡Sabes, este fin de semana es la quedada en la parte vieja! y lo cierto es que por séptimo año consecutivo la respuesta era muy positiva y ayer fueron muchos los que quisieron rememorar los años dorados de la zona de ocio más característica de Miranda y recordar a los más de 60 bares protagonistas años atrás frente a los existentes ahora que hacen frente a una etapa difícil pero que siguen apostando por el Casco Viejo para emprender o dar vida a sus calles gracias a su negocio. Hotel Ruido, Batuskirla, Sin Copa, Sepultado o Judas fueron algunos de los encargados de poner la melodía de una noche que debería repetirse todas las semanas y no sólo una vez al año. Entre los bares que siguen en pie en la Plaza de España está el Tertulia con Blanca Martín al frente tras casi 32 años. Tres décadas que han dado para mucho. «Tengo infinidad de recuerdos muy bonitos y muchas anécdotas rodeada de gente joven de 17 o 18 años que venía de los Sagrados. El rock and roll que poníamos hacía que todos vinieran y esto se llenara hasta los topes», matiza nostálgica mientras me ensaña fotos de los numerosos grupos que han pasado por el bar y dejaron su impronta de una forma u otra. «El primer año me sorprendió muchísimo y la respuesta fue buenísima. El mayor sorprendido fue mi hijo que e entonces tenía 22 años y no se imaginaba que el ambiente hubiera sido así a pesar de haber vivido en estas calles».

Siguiendo la senda de la calle San Juan nos encontramos con La Taberna Grande (El Patri) todo un edificio con mucha historia. Una gran casa que se edificó sobre el 1904 cuando era alcalde Anacleto Calvo. «Antonio Cruz , el padre de la antigua tienda de ultramarinos de enfrente, le relevó. Luego Carlos Arce estuvo al frente desde el 1944 hasta el 56. Su hermano asumió todo desde este último año hasta el 68 época en la que mi familia se hace cargo del negocio», me explica Patri Juez que al hablar de aquellos maravillosos años se le ilumina la mirada. «Es que son los mejores recuerdos de mi vida. Trabajar con la juventud era otra historia. No tienen pegas y no tienen penas y todos son risas, era increíble la verdad». Rápidamente saca de un sobre un montón de instantáneas antiguas que hablan del inexorable paso del tiempo y de innumerables vivencias. «Entonces era un mesón, pero como no entraban los jóvenes y tampoco los clientes de siempre tuve que cambiar e hice un pub, fueron unos años muy bonitos. La juventud era muy sana, era todo muy distinto», sonríe mientras apunta con el dedo a una fotografía con filtro original y no de los que se emplean ahora en los móviles en la que un número indefinido de jamones colgaban del techo y en la que el sonido del agua parece aún resonar entre las piedras de la barra. La apuesta de esta familia por la hostelería continúa en la actualidad , no sólo en La Taberna Grande, sino también en el antiguo Dorian, ahora La Plaza donde su hijo está al frente.

Entre los nuevos emprendedores que han decidido apostar por las calles del Casco Viejo a pesar de las dificultades figura Alberto Arce que dirige el Tómbola, antes Iruña. «He vivido aquí y cuando fue el boom también tuve algún bar. Tengo recuerdos muy bonitos de aquella época, salías a la calle y siempre había gente y había cosas que hacer. Jueves, viernes, sábados y domingos estaban tachados en el calendario porque se salía. Todo era alegría».

No corren buenos tiempos para el Casco Viejo pero son varios los establecimientos que participan en iniciativas muy positivas como Distrito de Domingo que recientemente cumplía su segundo año de aventura. «Es una forma de dinamizar y acercar la cultura y el ocio a las calles de la parte vieja y la respuesta está siendo muy positiva», reconoce Arce que no obstante se muestra realista con el día a día. «La cosa está muy mal y no me refiero solo a nivel de ocio ya que hay un deterioro muy importante a nivel urbanístico. Me da un poco de rabia porque hace unos meses cuando iban a ser elecciones escuché un debate en la radio y todos tenían medidas para revitalizar esto, pero parece que cae en saco roto y no llega casi nada», lamenta.

El día a día

En el análisis de esta particular radiografía Alberto Arce asegura que parece que se ha olvidado que Miranda nació en el centro que es donde está el corazón de la ciudad. «Ahora parece que el centro es la calle La Estación, que vale, está muy bonita y es la parte nueva, pero tenemos que recuperar nuestros orígenes y a los mirandeses nos debería dar un poco vergüenza ver cómo tenemos la parte antigua». Algunos problemas, en su opinión, están en la falta de apoyos. «Los años del ARCH y de ayudas han estado bien pero no se han conseguido muchas cosas», matiza a la vez que asegura que hay locales en la parte nueva que lo han hecho muy bien y que hay un ocio de calidad pero también se están haciendo bien las cosas en las calles de toda la vida. «Tenemos que seguir por este camino y ampliar la oferta. El casco antiguo tiene su encanto pero tenemos prácticamente comercio cero. No hay farmacias, no hay cajeros y hay un montón de lonjas vacías. Tenemos que agradecer que el Teatro Apolo nos ha dado muchísima vida pero no nos podemos olvidar del resto de edificios. No nos podemos olvidar de nuestro corazón».

La sangre en las arterias de este corazón viejo fluyó en la jornada de ayer gracias, sobre todo, a muchos nacidos entre los 70 y los 80 que vieron «la margen derecha del Ebro en plena efervescencia» y quisieron rememorar aquellos maravillosos años. «Todo esto surgió a través de un pequeño grupo de amigas deseosas de salir de fiesta como se hacía antes. Las redes sociales y muchos medios nos han dado siempre un empujón para que todo esto siga adelante sin olvidar a los bares del casco viejo», recalca una de las organizadoras. Siete años han pasado ya desde esa primera quedada, siete años en los que se pone de manifiesto que la parte antigua está más que viva pero que necesita más oxígeno en forma de iniciativas y proyectos. «Estas calles necesitan gente que venga a vivir, que se atreva a cogerse una casita que ahora las regalan y la arreglen pero claro, también necesitan que les echen una mano.», asevera Alberto Arce.