Un adiós definitivo a la capa y la montera

José Miguel Gutiérrez ha estado al frente del Club como tesorero los últimos 12 años. /Avelino Gómez
José Miguel Gutiérrez ha estado al frente del Club como tesorero los últimos 12 años. / Avelino Gómez

Fundado en 1950 el Club Taurino Mirandés se despide tras 69 años de historia e intensa actividad

SILVIA DE DIEGO

El Club Taurino Mirandés decía adiós hace tan sólo unas semanas de forma definitiva. Fundado en marzo de 1950 por Félix Herrero y Juan Carmelo Peláez cuenta con mucha historia en sus casi siete décadas de vida. Amable y entrañable, el que ha sido su tesorero durante los últimos 12 años José Miguel Gutiérrez lamentaba su desaparición. «Tratamos por todos los medios de buscar sustitutos, fue muy difícil encontrar a alguien y, tras mucho insistir, Julián González y Fernando Muga aceptaron sustituirnos. A partir de ahí, hemos estado sin apenas actividad mucho tiempo. Esto unido a la desaparición de varios socios por su fallecimientos nos ha hecho reconsiderar la situación y hemos decidido que esta era la mejor solución».

Echando la vista atrás en el tiempo, Miguel Gutiérrez hace un balance muy positivo. «En los años que he estado, que son muchos, realizamos más de una decena de excursiones de cinco días. Ciudades en feria, algunas han sido impensables como Sevilla pero otras sí han sido posibles. Entre ellas Córdoba, Granada, Jaén, Cáceres, Badajoz y el Puerto de Santa María han sido algunos destinos. Por el amor que le tenía a Iván Fandiño también estuvimos en Orduña. Fuera de feria, visitamos Andújar, Salamanca, Huelva, El Escorial y también estuvimos en una ganadería cerca de Logroño, ésta fue organizada por los Mellado», rememora José Miguel, natural de Reinosa que se define como «un gran amante de Andalucía».

En una de las épocas doradas del Club, el número de socios ascendía a 45. «Nuestra cuota anual era algo superior a los veinte euros anuales y con eso nos defendíamos. Ahora teníamos 3.000 euros y hemos decidido destinarlos para obras sociales. Entregamos a Cáritas y a Cruz Roja un vale de 1.500 euros a cada una para la compra de alimentos», puntualiza.

Entre otras actividades que recuerda con cariño destaca el 50 aniversario del Club Taurino Mirandés en el año 2.000 celebrado en el Tudanca o las charlas en las que han estado presentes, entre otros, la periodista especializada en temas taurinos Lola Franco o Baudilio Fernández Mardomingo.

Un gran afición

Miranda en el pasado sí ha estado ligada a la tradición taurina y, muestra de ello, son las varias plazas de todos portátiles sin olvidar la vieja plaza de toros viva entre 1907 y 1967. Según recoge uno de los libros del Instituto Municipal de Historia, la plaza fue inaugurada en las Fiestas Patronales en el año 1907 bajo la presidencia del alcalde Antonio Martínez. «Probablemente el hecho taurino de más importancia ocurrido en la vida del coso fue la alternativa que tomó el diestro José Morales de manos del entonces afamado 'Cocherito de Bilbao' en las fiestas de la Virgen de Altamira de 1910». Los hechos de la época dejan constancia que en la plaza mirandesa no se celebraban tantos festejos como en otras localidades cercanas como Haro o Vitoria. «Sus dueños dedicaron buena parte del edificio a viviendas particulares y locales comerciales, pero nunca faltaron las novilladas en las fiestas patronales de septiembre y becerradas en San Juan del Monte».

Respecto a la afición, el libro 'La Vieja Plaza de Toros de Miranda de Ebro' también destaca que dicha afición se traducía en la constitución del Club Taurino Mirandés a comienzos de los años 50, del Club Taurino Diego Puerta en 1962 y el auténtico museo taurino en los locales del popular y conocido «Mototo».

La vieja plaza fue declarada en ruina en el año 1958 y tras algunos años de vacío y ante las presiones de los aficionados de la época por iniciativa municipal se montó una plaza portátil de madera en 1962 con 3.000 localidades. «El antiguo coso, tras el desalojo de sus vecinos y la paralización de los festejos taurinos tras ser declarada en ruina, entró en una rápido proceso de deterioro, hasta que el Ayuntamiento, temeroso por que se produjera algún accidente ordenó su derribo en 1967». Los toros tuvieron tanta importancia en la vida lúdica y cultural en la ciudad que incluso llegaron a influir en su configuración urbana. «Hasta principios de este siglo XX los festejos taurinos tenían lugar en la Plaza de España como muestran algunas fotografías. Sin embargo, algo estaba cambiando. Desde la década de los sesenta del siglo XIX la fisonomía se transforma con la llegada del ferrocarril».

Ahora, el Club Taurino Mirandés se despide por la puerta grande y, a buen seguro que José Miguel Gutiérrez seguirá disfrutando de lo que para muchos es la tauromaquia. En su jerga seguirán existiendo palabras como acaramelado, verónica o derrote. Gutiérrez es uno de los tantos aficionados que sigue disfrutando de lo que para algunos sigue siendo es el toreo, poesía en movimiento.