«Murió agotado. Estuvo 12 horas en un atasco para llegar a la cima del Everest»

Decenas deontañeros hacen cola para llegar a la cumbre del Everest en una imagen tomada este jueves./Afp
Decenas deontañeros hacen cola para llegar a la cumbre del Everest en una imagen tomada este jueves. / Afp

Una decena de personas ha fallecido esta semana en el techo del mundo, donde la masiva afluencia de 'turistas' alpinistas que pagan un dineral provoca larguísimas y muy peligrosas colas en la 'zona de la muerte', cerca ya de cumbre

F. J. PEREZ

Se podría decir con cierta ironía que la cima del Everest (8.848 metros) se ha convertido en un 'circo' si no fuera porque en los últimos días han muerto cerca de una decena de personas. Las tres últimas en menos de 24 horas. Cerca de un millar de alpinistas que participan en expediciones 'turísticas' colapsan el tramo final de acceso a la cima, denominado 'zona de la muerte', con atascos peligrosísimos que se prolongan durante horas y horas. Una de las víctimas no soportó la espera y perdió la vida cuando iniciaba el descenso. «Murió agotado. Estuvo doce horas en un embotellamiento esperando a hacer cumbre y su cuerpo no aguantó más», confiesa uno de los sherpas que acompañaban al montañero muerto, un ciudadano indiio de 27 años. ¿Por qué se colapsa el Everest en estas fechas? Porque las condiciones meteorológicas entre finales de abril y finales mayo son menos extremas que en otra época en la cima del mundo, y más ventajosas para el ascenso.

Impresionantes fotos, como la quen ilustra esta información, han mostrado en los últimos días una larga fila de muy abrigados alpinistas, muy cerca unos de otros, arrastrando sus botas de escalada en la cresta ubicada entre la cima y el desfiladero sur, donde se halla el último campamento en la vertiente nepalí.

Según los expertos, este atasco se debe también a la proliferación de permisos de escalada así como al reducido número de ventanas meteorológicas adecuadas para llegar a la cima. Así, todas las expediciones lanzan el asalto final al Everest durante los mismos días.

A esta altura extrema, el óxígeno es más escaso en la atmósfera y los alpinistas deben recurrir a botellas de oxígeno para llegar a la cima. Una altura superior a 8.000 metros sobre el nivel del mar es considerada como la «zona de la muerte».

«Permanecer mucho tiempo en la zona de la muerte, aumenta los riesgos de congelación, de sufrir mal de las alturas o incluso de muerte» explica el expresidente de la Asociación de Alpinistas de Nepal.

Desde que las autoridades nepalesas liberalizaron el ascenso a esta montaña en los años 1990, las expediciones comerciales aumentaron y por lo tanto el número de alpinistas. Este año Nepal concedió para la temporada de primavera un récord de 381 permisos, al precio de 11.000 dólares por persona, según los últimos datos disponibles. Cada titular de un permiso va acompañado de un guía. Esto significa que unas 750 personas coinciden en la ruta. Al menos otras 140 recibieron permisos para escalar el Everest desde el flanco norte, en el Tíbet.

Tres montañeros, dos indios y un austriaco, murieron este jueves en el Everest, en pleno período de máxima afluencia de alpinistas que intentan coronar la cumbre de la más alta montaña del planeta.

La india Kalpana Das, de 52 años, llegó a la cima pero murió por la tarde cuando bajaba. El organizador de la expedición atribuyó el accidente al excesivo flujo de montañistas, y afirmó que ello retrasó el descenso de la alpinista.

Otro montañero indio, Nihal Bagwan, de 27 años, también falleció en el descenso. «Estuvo bloqueado en el embotellamiento durante más de 12 horas y estaba agotado. Unos guías sherpa lo trajeron al campo 4 y allí murió», relató Keshav Paudel de la agencia Peak Promotion.

Policías nepalís y miembros de los servicios de rescate transportan el cuerpo de uno de los escaladores fallecidos.
Policías nepalís y miembros de los servicios de rescate transportan el cuerpo de uno de los escaladores fallecidos. / EFE

Asimismo, en el lado tibetano de la montaña, menos frecuentado que el nepalés, murió un montañero austríaco de 65 años, según anunció un organizador de expedición.

Tapón en el techo del mundo

Con ellos, son cinco los fallecimientos de montañistas esta temporada, tras la muerte la semana pasada de un alpinista indio y la probable muerte de un irlandés que resbaló y cayó cerca de la cumbre. El año pasado, el mismo número de personas perdieron la vida en el Everest.

Cada año, cientos de alpinistas del mundo entero acuden a Nepal entre abril y mayo, la temporada más favorable, para escalar el Everest. La ascensión es extremadamente peligrosa y a menudo hay víctimas.

El miércoles cerca de 200 montañistas intentaban ganar la cumbre por ambos lados del Everest, en medio de buenas condiciones meteorológicas. «No sabemos el número de personas que llegó a la cima, pero ha sido un día de mucho tráfico. Las expediciones se quejan de que hay que esperar dos o más horas para llegar a lo más alto», afirmó Gyanendra Shrestha, un responsable del gobierno que se halla en el campo base.

El masivo ascenso de alpinistas no deja de ser un capítulo ya conocido del circo de los ocho miles, que como todos los años ha levantado el telón de la temporada premonzónica en el Himalaya. Apenas recién abiertas las rutas hasta las cimas de las montañas más altas del planeta, se suceden ya cumbres multitudinarias, muertos, desaparecidos y todo tipo de récords. Y este año la temporada se avecina especialmente trágica a la vista de su inicio. Con solo la primera ventana de buen tiempo cumplida, los ochomiles del Himalaya acumulan ya casi 200 cumbres, pero también 11 muertos ya y desaparecidos.

Este año, las expediciones comerciales han extendido sus dominios más allá del glaciar de Khumbú (Everest y Lhotse). Otros tres ochomiles han visto sus rutas 'cosidas' por cuerdas fijas, lo que permite a un cliente agarrarse casi desde el campo base a la seguridad de una cuerda que no soltará hasta la misma cima: Makalu, Annapurna y Kangchenjunga. Especialmente significativa resulta la presencia de los dos últimos, dos de los ochomiles más difíciles y peligrosos, domados ahora por las expediciones comerciales y que han sumado en pocos días decenas de cumbres a cargo de 'alpinistas' que en otras circunstancias jamás hubieran soñado hollar sus cumbres.