Montes para acabar con un chapuzón (I)

Playa de Karraspio./FOTOS: EL CORREO
Playa de Karraspio. / FOTOS: EL CORREO

La privilegiada orografía vasca funde mar y montaña, lo que permite completar una ascensión montañera con un baño playero. Aquí van tres propuestas

Fernando J. Pérez
FERNANDO J. PÉREZBILBAO

Cuando el calor aprieta siempre se agradece un chapuzón en la playa. La privilegiada orografía vasca, con montañas que se elevan a orillas mismo del Cantábrico, permite a los mendigoizales compatibilizar su afición con esos refrescantes baños playeros. Aquí están las tres primeras propuestas: el Otoio desde Lekeitio, el Tontorramendi desde Ondarroa y el Ermua desde Gorliz.

Otoio desde Lekeitio

El Otoio se alza entre Lekeitio e Ispaster. Se enmarca dentro del ámbito de influencia del Illuntzar, el coloso de la comarca. Hablamos de una montaña modesta pero con desniveles importantes debido a su cercanía al mar. Accesible desde los dos pueblos que separa, la ascensión por Lekeitio es la más interesante por las vistas que ofrece de la costa.

Partimos desde el aparcamiento que hay a la entrada del pueblo. Nos encaminamos por la calle Maastiak. Se trata en realida de un camino asfaltado que discurre paralelo a la carretera que lleva a Gernika. Al final se bifurca, justo en el punto donde una señal indica la dirección hacia el Otoio y un panel informativo nos ubica en la montaña y nos informa de los accesos a su escuela de escalada, en el mismo límite municipal con Ispaster.

El sinuoso camino asciende por terreno despejado, salvo algún que otro árbol aislado, lo que permite disfrutar de las excelentes vistas que ofrece de la costa y Lekeitio, con las instalaciones de Maderas de Lekeitio y el faro a nuestros pies. Más arriba, la senda pasa junto a un par de edificaciones que afean el entorno (0h.15«), momento en el que la pendiente se modera hasta el punto culminante de este tramo, que no es otro que la cima secundaria del Talaia, como su nombre indica, un excelente mirador de la costa. A partir de aquí, la ruta pasa junto a una curiosa escultura y pierde altura con la antena cimera justo enfrente.

Aún bajando, el camino acaba por desembocar en una pista (0h.20«), que seguiremos a la derecha hasta una pequeña depresión, en medio del bosque. Desde aquí parte el desvío que lleva a la escuela de escalada de la pared norte. Es el momento de afrontar la ascensión final. La senda, muy pisada, no ofrece dudas, aunque es propensa a embarrarse, lo que unido a la pendiente puede incomodar la caminata.

La pendiente es bastante sostenida en este tramo final y el bosque, cada vez más tupido, lo que nos avisa de lo que encontraremos en la cumbre. En los últimos metros, ya en llano, la senda realiza un pequeño giro para evitar la espesura y llevarnos hasta las rocas cimeras (0h.40'), que se sitúan en un pequeño claro del bosque. La pequeña mesa de orientación allí instalada, junto al vértice y los dos buzones, contrasta con las casi nulas vistas que ofrece la cima.

El descenso la realizamos por el mismo de camino. De vuelta en Lekeitio en Lekeitio (1h.10') podemos disfrutar del merecido chapuzón tanto en la playa de Isuntza como en la de Karraspio.

Tontorramendi desde Ondarroa

Muchos son los montes vizcaínos estrechamente relacionados con ermitas o motivos religiosos. Curiosamente, la mayoría de ellos se sitúan cerca de la costa, como Ereñozar, Santa Eufemia o San Pedro de Atxarre. El Tontorramendi es otro de los ejemplos. Aunque en este caso la ermita -Santa Cruz- no se encuentra en la cima, sí está cerca de ella v la ascensión discurre en buena parte por el Vía Crucis existente hasta el santuario.

El Tontorramendi y su cordal es uno de los culpables del característico y angosto perfil que presenta Ondarroa, encajonado junto a la desembocadura del río Artibai. Comprime a la localidad costera por el sur y el sureste, mientras que el Kalamendi lo hace por el el noroeste. La ermita de Santa Cruz o Santikurutz y su Vía Crucis confieren singularidad a la ascensión al Tontorramendi, una excursión sencilla y apta para toda la familia.

Los orígenes de este oratorio se pierden en el tiempo y algunos lugareños aseguran que es incluso anterior a la iglesia de Santa María de Ondarroa, que data de finales del siglo XV. La tradición dice que justo por el centro de la edificación discurre el límite territorial entre Vizcaya y Guipúzcoa.

La excursión comienza en pleno casco urbano de Ondarroa, en el viejo puente que cruza el río Artibai en dirección a Mutriku. Tras unos centenares de metros por la carretera se llega a unos bloques de casas. Allí mismo, en una pronunciada cuesta de cemento, nace el Vía Crucis. La marcha continúa por la misma pista de cemento, ganando ahora altura con más suavidad, lo que permite disfrutar de las excelentes vistas que hay sobre Ondarroa. La carretera, jalonada de cruces y por la que discurre casi la mitad de la ascensión, cruza una ataka y pasa junto a una pequeña edificación, sede de la sociedad Artadi Alde, y un repetidor, el primero de los que encontraremos. Un poco más tarde se llega al caserío Burgo.

Aquí abandonamos por fin el cemento, para continuar por una pista herbosa entre campas, hasta adentramos en un pequeño hayedo. Enseguida llegamos a las tres cruces que representan el Calvario, donde el camino tuerce (izq.) y asciende con brío para encarar inmediatamente el último tramo hacia la ermita, ya a la vista. Llegamos a ella tras un repecho final. Seguimos hacia el Tontorramendi por el camino que discurre por una campa en dirección al segundo repetidor y luego se adentra en un pinar hasta topamos con la pista de acceso a la torreta.

Cruzamos la carretera y continuamos por el sendero, que pasa junto a un nuevo repetidor y sigue por el cordal hasta una valla con un pequeño cartel que indica la dirección hacia la cima. Ya sólo queda seguir el sendero junto a la alambrada, hasta la cima, presidida por un vértice geodésico (1h.00'). Desgraciadamente, han desaparecido los dos bonitos buzones que tenía, uno del Aurrerako Mendizaleak representando la torre Eiffel y que databa de 1961, y el otro del Erandioko Mendizaleak en forma de pequeño gasolino (1992).

Retornamos por el camino de subida a Ondarroa, donde refrescaremos las piernas, y el resto del cuerpo, en las playas de Arrigorri o Saturraran.

Playa de Arrigorri, en Lekeitio.
Playa de Arrigorri, en Lekeitio.

Ermua desde Gorliz

Los conocidos como Montes Costeros se convierten en una sucesión de privilegiados miradores al Golfo de Bizkaia y los puertos que jalonan toda la costa vizcaína. Recorrerlos es siempre un placer para las piernas y los sentidos. En este caso, el tramo elegido es el que discurre por las alturas que se elevan entre Gorliz y Armintza. Cuyo punto culminante es el Ermua. El itinerario coincide en buena parte con la Bizkaiko Bira (GR-123).

Iniciamos la marcha en la playa de Astondo. Cuando el paseo enfila hacia el espigón, unas escaleras se adentran en el pinar. Tras un giro, la senda remonta la peña Astondo por encima del acantilado bordeando la costa en un bello recorrido empañado por la ausencia de vista.

Es el viejo camino al fortín de Azkorriaga -ahora en ruinas-, un antiguo puesto de vigilancia de la bahía de Plentzia. No llegamos hasta él, ya que tras el pronunciado descenso, iniciamos inmediatamente una nueva subida camino del faro, al que llegamos tras desembocar en su carretera de acceso.

A los pies de la torre de luz parte un sendero que asciende entre helechos y brezos, deja atrás un viejo búnker y, tras cruzar una campa, continúa remontanado sobre el mismo acantilado hasta la cima del Ermua (1h.30«), justo frente al islote de Villano.

De vuelta a Gorliz, su amplia playa, que se funde con la de Plentzia a la altura de las instalaciones del PIE (centro de investigación marina de la UPV), invita al baño.

Vista panorámica de la playa de Gorliz, con el Ermua al fondo a la derecha.¡
Vista panorámica de la playa de Gorliz, con el Ermua al fondo a la derecha.¡