El montañismo vasco busca un relevo

Unos montañeros se enfrentan al viento bajo la cruz del monte Gorbea./Fernando Gómez
Unos montañeros se enfrentan al viento bajo la cruz del monte Gorbea. / Fernando Gómez

Con más de 32.000 licencias, los 263 clubes alpinos de Euskadi echan en falta más implicación de las nuevas generaciones, enganchadas a la competición extrema

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

«Ése que veis es uno de los buzones más antiguos de Euskadi». Los montañeros dirigen la mirada a la representación metálica de una ermita, bajo la cual se puede leer en una placa: 'Grupo Korosti. Legazpia. 19-6-51'. Casi siete décadas han transcurrido desde que la colocaron en el Gorostiaga, uno de los Montes de Satui, al que se asciende desde Legazpi, Oñati o el alto de Udana. Setenta años también es la edad a la que se aproxima una generación de vascos que en su niñez aprendieron a dejar tarjetas en los buzones de las montañas.

La costumbre perdura en el concurso de los Cien Montes, que consiste en subir a otras tantas cumbres de Euskal Herria en un periodo de cinco a diez años, a razón de una por día y no más de veinte por año. El excursionista que hace cima deja un papel con su nombre y el de su club, y un desconocido lo recoge y lo lleva a su federación. Los buzones son testigos de ese trasiego de mensajes, pero también de cómo han cambiado los hábitos de quienes los escriben. A unos les gustan las travesías largas y técnicas; otros escalan en roca; unos cuantos superdotados sueñan con su proyecto de escalada en el Himalaya, aunque la inmensa mayoría sólo quiere caminar de vez en cuando...

Pero ahora, los montañeros más jóvenes prefieren correr un kilómetro vertical o, más que eso, decenas y decenas de kilómetros por cordales, bosques y valles. Aunque todos se cobijan bajo el mismo paraguas:las federaciones territoriales de montaña. Juntos suman 32.694 licencias en Euskadi: 10.740 en Bizkaia (casi el 30% mujeres), 6.811 en Álava y 15.143 en Gipuzkoa, el territorio con más inscritos. En Navarra hay otros 8.023.

Son datos de esas cuatro federaciones, que contabilizan 263 y 104 clubes de montaña, respectivamente; un listado que encabeza Bizkaia (109 grupos), seguida de Navarra (104), Gipuzkoa (96) y Álava (58). No es fácil precisar la gente que se mueve en torno a esas entidades porque tienen más socios que los federados y muchos pertenecen a varios clubes. Pero un responsable del Departamento de Interior del Gobierno vasco calcula que alrededor de 60.000 personas salen al monte en Euskadi cada fin de semana por su cuenta o en excursiones organizadas.

Son siete mil individuos más que el aforo de San Mamés, comparación que tiene sentido para el directivo del Athletic Ricardo Hernani, a la sazón vicepresidente de la Federación Vizcaína de Montaña y miembro de honor (fellow) de la Royal Geographical Society de Londres. Durante las elecciones del club rojiblanco, en un acto de campaña en Portugalete, Hernani recordó la pujanza del monte en cuanto a practicantes en Euskadi. Es más, en la comunidad estaría por delante del balompié, ya que en 2018 la Federación Vasca de Fútbol tenía contabilizadas menos licencias (29.317). Ahora bien, un informe de la Federación Española de Fútbol cifró en 61.538 sus inscritos en el País Vasco en 2017 (37.467 descontados de alevines para abajo). Sean cuales fueren los números, no impiden que a algunos clubes alpinos les cueste llenar los autobuses para sus actividades, situación que ha suscitado un debate sobre el futuro del montañismo tradicional y de su tejido asociativo.

«Se exige a los voluntarios lo mismo que al guía profesional» Víctor Vivar, Federación Vizcaína

«Los clubes forman parte de nuestra forma de ser» Txomin Uriarte, Ex presidente de la Vasca

Todo ello viene de un lamento que se escucha mucho en las salidas de fin de semana: «No consigo que mi hijo venga a las excursiones». Ésa fue la confesión de un aficionado durante una marcha al Ungino (Sierra Sálvada, entre Bizkaia, Burgos y Álava), cuyos participantes eran casi todos hombres y mujeres de más de 40 años. Sin embargo, no todos concedían demasiada importancia a esa percepción. «No me extraña la reacción de los chavales», asegura un socio de un club histórico de Bilbao. «Conoces el monte de niño; lo dejas siendo joven porque tienes otros intereses, otras prioridades, y en la madurez retomas la afición».

Maite Maiora asciende entre los aplausos de los aficionados, en la maratón guipuzcoana de montaña Zegama-Aizkorri.
Maite Maiora asciende entre los aplausos de los aficionados, en la maratón guipuzcoana de montaña Zegama-Aizkorri. / Igor Quijano

Encontrarse en la montaña

Más o menos, ése es el recorrido vital de los montañeros que nacieron en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, cuando muchos buzones a los que hoy se sube en una mañana requerían toda la jornada porque no había medios de transporte y la información sobre las rutas escaseaba. Esos aficionados se repartieron en clubes que hacían algo más que organizar excursiones y salidas para esquiar en Pirineos. Tenían una poderosa función cultural y social en la que, ahora, algunos creen apreciar grietas.

La voz de alarma la dio un artículo del Juventus de Bilbao publicado con ocasión de su 75 aniversario en la revista Pyrenaica (número 273). «En la década de los 90 comenzaron a plantearse los problemas actuales de muchos de los clubes de montaña: la falta de renovación generacional que hace que cada vez se asocien menos jóvenes». El texto llamaba la atención sobre la falta de candidatos a las juntas directivas y la escasa participación de los socios en las actividades, indicios de que muchas cosas están cambiando.

«La forma de encontrarse con la montaña es distinta», explica Txomin Uriarte, expresidente de la Federación Vasca. «La gente es más independiente para informarse sobre rutas y paseos», continúa. «Por una parte sigue existiendo el montañismo tradicional, el de ir siempre al monte, pero hay otro que ha llegado hace relativamente pocos años y tiene dos rasgos característicos: la competición y la comercialización. Hay cierto 'pique' entre ambos. Sobre todo, la competición ha roto los esquemas».

En cifras

27%
es la proporción de mujeres entre las 10.740 licencias de Bizkaia. Pero el porcentaje es casi a la par en las travesías.
6.000
escolares son el objetivo de un programa de la federación vizcaína y la Diputación para promover el monte.
26
clubes de montaña aparecen registrados sólo en Bilbao, entre ellos históricos como el Deportivo, Juventus, Aldatz Gora...

Ahora el jubilado y su perro se cruzan camino de la cima con atletas y ciclistas. Los collados son escenario de competiciones extremas como las cuatro ultra trails (más largas que una maratón) que se disputan en el País Vasco. En Navarra hay otras dos pruebas similares y en Iparralde, una. Y muchos participantes de tres marchas clásicas de largo recorrido por Euskadi las hacen corriendo. Sin olvidar maratones como la Zegama-Aizkorri, de fama mundial, o los 'kilómetros verticales'.

En la Audiencia Nacional

Esas modalidades no sólo causan furor. Hay tantos intereses en juego que a la Audiencia Nacional ha llegado un pleito para dirimir quiénes son competentes en esas pruebas, si la federación de montaña o la de atletismo. Mientras los magistrados deliberan, miles de participantes se movilizan por España y el extranjero. «Soy afortunado de poder practicar este deporte que a todos nos tiene absolutamente enganchados, un deporte sano, bello e inigualable», escribe el corredor Javi Fernández en la revista especializada 'Trail Run' (número 35).

No es sino otra forma actualizada de medirse con la naturaleza, como la que ya representaban durante el siglo pasado los Cien Montes o las marchas reguladas. Cada aficionado puede elegir la pasión que más le va. Hay, por ejemplo, una liga de senderismo de Bizkaia que aglutina a once clubes y un millar de participantes, con un objetivo recogido en la web de la federación territorial: «Potenciar y dar a conocer los senderos homologados por la BMF-FVM en Bizkaia, tanto PR (pequeño recorrido) como etapas de GR (gran recorrido), fomentando la participación familiar, la regularidad de los participantes, así como dando a conocer espacios naturales y de gran valor a menudo desconocidos».

Sin embargo, esa iniciativa, y otras acordadas con la Diputación vizcaína para llevar a 6.000 escolares al monte, no reciben la atención mediática de las 'ultra trail', más atractivas para la televisión e internet. «Pero cuando dejen de correr vendrán con nosotros», advierte Víctor Vivar, presidente de la Federación Vizcaína y del Ganerantz, club de Portugalete con un millar de socios. «Los clubes son el medio perfecto para iniciarse en la montaña», añade, subrayando además la labor de los voluntarios que ejercen de guías en las excursiones, a los que se les exige «lo mismo que a un profesional».

Subida anual al Pagasarri, que concentra a miles de personas todos los meses de diciembre
Subida anual al Pagasarri, que concentra a miles de personas todos los meses de diciembre / Yvonne Iturgaiz

Vivar también asume que el montañismo asiste a «un cambio de época», a una transformación que, a fin de cuentas, tiene luces y sombras. Las primeras se aprecian en la manera silenciosa y natural en que las mujeres han cobrado protagonismo en excursiones, competiciones, clubes y medios de comunicación ('Mujeres de Pyrenaica'). Las sombras, por el contrario, vienen de la falta de implicación que los veteranos reprochan a las últimas hornadas de aficionados.

Pero esa visión crepuscular del asociacionismo alpino no es generalizada. «No creo que haya una situación de crisis», sostiene Txomin Uriarte. «Los clubes forman parte de nuestra forma de ser. Unos nacen y crecen, otros languidecen. Su supervivencia no me da ningún miedo. Las funciones son distintas, se trata de renovar buscando la continuidad. Dentro de unos años la situación será relativamente parecida y los clubes se acomodarán a las necesidades del momento».

Pero ¿cuáles serán esas necesidades? Se pueden detectar en el mismo número de la revista en el que apareció el artículo del Juventus. Sólo unas páginas más adelante, entre reportajes de escaladas y viajes, un aficionado repasaba las carreras de montaña con el subtítulo: «¿Vacaciones? ¿Descanso? ¡No para el cuerpo!».

Una Escuela de Formación en Ubide para los clubes de Bizkaia

F. J. Pérez

Bizkaia cuenta con 109 clubes de montaña adscritos a la Federación, aunque poco más de un tercio cuenta con actividades regulares. La actual directiva de la BMF-FVM es perfectamente consciente de ello y se ha puesto manos a la obra para que los clubes recuperen la vida. Primero fue la Liga de Senderismo –marchas no competitivas de hasta 15 kilómetros que organizan los clubes y recorren senderos balizados de la provincia– y ahora es la Escuela de Formación Olalde, que la Federación estrenó el pasado noviembre en Ubide.

El local, de 120 m2, con cocina, 18 camas y rodeado de un zona verde de más de 1.500 metros cuadrados, se sitúa en un entorno natural privilegiado entre los Parques Naturales de Gorbeia y Urkiola. «El objetivo de este aterpe es que los clubes vizcaínos tengan un lugar, un escenario, en el que organizar cursos, ofrecer charlas y en general realizar actividades educativas para sus socios en un entorno donde llevarlo todo a la práctica», explica Víctor Vivar, presidente de la BMF-FMV.

La Federación busca tenerlo ocupado todos los fines de semana del año y a pleno rendimiento diario en verano. Yde momento, Vivar se muestra satisfecho ante una ocupación «de casi el 80%» desde su inauguración.