El calentamiento global obliga a replantear estrategias y objetivos de los alpinistas

Alpinistas acampan junto a refugio de Gouter en un paisaje sin apenas nieve./
Alpinistas acampan junto a refugio de Gouter en un paisaje sin apenas nieve.

Muchas rutas célebres como las vías normales al Mont Blanc viven bajo la amenaza de desprendimientos e incluso peligran los accesos a varios refugios

JON ZUBELDIABILBAO

Si el calentamiento global explica que la temperatura media del planeta haya crecido 0,85°C entre 1880 et 2012, los amantes de la alta montaña lamentarán aún más este dato: en el arco alpino, la temperatura media ha crecido dos grados en el mismo periodo de tiempo y la isoterma 0°C se sitúa, de media, 400 metros de desnivel por encima de lo habitual. Solo en los Alpes franceses, por encima de los 4.000 metros de altitud, las temperaturas medias anuales han aumentado 1,4°C entre 1900 y 2004 según se recoge en un estudio publicado por los geólogos franceses Jacques Mourey y Ludovic Ravanel.

Solo hace falta tener ojos en la cara para comprobar el tremendo impacto del calentamiento global en los escenarios de montaña. Sin ir muy lejos, en el entorno del Mont Blanc, el lugar donde nació el alpinismo, pueden verse escenarios impensables hace apenas 30 años. Si uno se apea del tren cremallera en la estación de Montenvers podrá ver frente a sí el lugar donde una vez estuvo el Pilar Bonatti al Petit Dru, cuyo derrumbe en 2005 hizo saltar todas las alarmas. Pero si el turista, o montañero, decide bajar al glaciar podrá ver cómo el escaso hielo que aún se mantiene ha visto disminuir su volumen a menos de la mitad: hoy en día, el glaciar de la Mer de Glace se encuentra 166 metros por debajo de lo que estuvo en 1890.

Respecto al año 1900, hoy en día existen la mitad de superficies heladas en el macizo del Mont Blanc, efecto que se ha acelerado desde 1980. Si los glaciares desaparecen a ojos vista, nadie es testigo de la degradación del permafrost (capa del suelo permanentemente congelado) pero sus consecuencias se observan con facilidad: entre 2007 y 2015 se han registrado en la zona más de 550 derrumbes de roca de un volumen superior a los 100 metros cúbicos.

En consecuencia, la práctica del alpinismo se ha visto alterada notablemente, y esto incluye algo aparentemente tan cotidiano como acceder a un refugio. La desaparición de los glaciares obliga a equipar sistemáticamente con escaleras metálicas fijadas a la roca los accesos de muchos refugios de la cuenca de la Mer de Glace, como el de Couvercle, Envers des Aiguilles, Charpoua, Leschaux o Requin y lo mismo ocurre para acceder o remontar desde la Mer de Glace hasta la estación de Montenvers.

Las morrenas laterales muestran una gran inestabilidad y el paso del glaciar a la vertiente escogida es cada vez menos segura. Entre 2001 y 2016 se han instalado 633 metros de escaleras para paliar el retroceso glaciar, explican Mourey y Ravanel.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Grenoble ha recogido el efecto del calentamiento global en las vías de alpinismo reseñadas en 1973 por Gaston Rébuffat en el libro 'Las 100 mejores ascensiones del Macizo del Mont Blanc' para concluir que 26 de ellas han sufrido cambios dramáticos y tres de ellas han desaparecido.

Anticipándose a ésta realidad, el también guía de montaña Philippe Batoux editó en 2012 la versión moderna del libro de Rébuffat, 101 vías clásicas y modernas. Esta segunda obra descarta aquellas vías cuyo acceso hoy en día es muy peligroso, o las que han sufrido derrumbes, pero algunas coinciden, como la número 99 del libro de Rebuffat (la cara norte de Les Droites) recogida como la número 85 en el libro de Batoux.

La norte de Les Droites observaba un escudo de hielo de casi 1.000 metros de desnivel y, hace 40 años, se escalaba en agosto. Ahora, se escala en invierno… con suerte. Su escudo de hielo ha desaparecido prácticamente, dejando a la vista enormes planchas lisas de granito. «Secas», es la respuesta de los guías locales cuando alguien pregunta por las caras norte más deseadas para escalarlas en invierno.

Michel Piola, uno de los aperturistas del macizo del Mont Blanc más prolífico, con unas 100 vías en su haber, considera una locura escalar en verano en éste escenario. El guía y profesor de la Escuela Nacional de Esquí y Alpinismo Bruno Sourzac explicaba en 2007 cómo muchas fisuras de algunas vías clásicas han visto mutar su dificultad al ensancharse.

Refugio de Charpoua.
Refugio de Charpoua.

Cada vez más guías de alta montaña tratan de adelantar sus programas para no trabajar el mes de agosto en Chamonix: temen los derrumbes, las rimayas imposibles, las aglomeraciones, los glaciares infranqueables.

En lo que llevamos de siglo, las vías normales al Mont Blanc se han visto afectadas seriamente por el efecto del calentamiento global hasta el punto de que la vía que pasa junto a los refugios de Tête Rousse y Le Goûter ha llegado a prohibirse: cuando el corredor de nieve que domina el paso conocido como la 'bolera' se seca, los desprendimientos de roca se suceden hasta el punto de impedir el paso a los alpinistas.

En la otra ruta clásica, la de los 'Cuatromiles', la rotura de seracs ya ha segado la vida de varios guías y clientes, cada vez se usan más escaleras para superar las grietas, mientras que el hielo en el collado del Maudit dificulta mucho la progresión. La cara normal de la Tour Ronde solo se emplea ya cuando ofrece un generoso manto de nieve y se ha desestimado por completo entre mayo y noviembre.

Escoger vías míticas como la Major o el espolón de la Brenva en la cara oeste del Mont Blanc equivale a jugar a la ruleta rusa. Los ejemplos son abundantes. La última pérdida se registró el verano pasado cuando se desplomó buena parte de la ruta Lepiney, en el Tridente de Tacul. Los días previos, muchas cordadas guiadas recorrieron por última vez su trazado. El 23 de agosto de 2017, cuatro millones de metros cúbicos de roca se desprendieron del Piz Cengalo, en Suiza, acabando con la vida de ocho montañeros y borrando para siempre varios itinerarios de escalada.

Parece ya más que evidente que la forma de enfocar el alpinismo en estos lugares del arco alpino ha conocido una transformación en cuanto a las costumbres que se mantuvieron intactas durante décadas: las caras norte con itinerarios de hielo y mixto ya no se pueden afrontar en verano y varias rutas estivales muy demandadas observan ahora cantidad de peligros objetivos añadidos por la canícula. La forma de aproximarse a los escenarios clásicos de los Alpes está mutando a gran velocidad poniendo en juego, de paso, un modelo socioeconómico vital para sus valles y obligando a los amantes del alpinismo a replantearse sus estrategias y objetivos.