Alertan del riesgo de la ruta del Cares

La Pasá del Picayo tiene unos desniveles de hasta 700 metros. La ruta del Cares, una de las más transitadas pero con gran peligro por la caída de piedras./NEL ACEBAL
La Pasá del Picayo tiene unos desniveles de hasta 700 metros. La ruta del Cares, una de las más transitadas pero con gran peligro por la caída de piedras. / NEL ACEBAL

La Federación de Montaña alerta de los riesgos que implican varias de las sendas más visitadas | Entre las travesías con falta de seguridad destacan la pasá del Picayo, las foces del Esva, el desfiladero del Cares y la calzada del Caoru

EUGENIA GARCÍA

La montaña es traicionera y el pasado verano se cobró nueve víctimas. En lo que va de año ya ha sido escenario de numerosos rescates por parte del equipo del helicóptero del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA), que durante los meses estivales trabaja sin descanso para auxiliar a senderistas heridos o desorientados en cualquier rincón de la región. Ninguna actividad en el medio natural está exenta de riesgo, pero hay rutas que entrañan un mayor peligro y subestimarlo puede resultar, incluso, mortal.

La Canal de las Tejucas, en los Picos de Europa.
La Canal de las Tejucas, en los Picos de Europa.

La más peligrosa, alerta la Federación de Montaña del Principado de Asturias (FEMPA), es la Pasá del Picayo, que se encuentra en los Picos de Europa y une las localidades de San Esteban de Cuñaba (Asturias) y Tresviso (Cantabria). Los montañeros llevan tiempo reclamando que se elimine esta senda que «no está homologada, pero sí señalizada», indica el vicepresidente y vocal de senderismo, Antonio Alba Moratilla. «Te la juegas cada vez que subes», asegura. Los responsables del Parque Nacional pusieron vallas en algunos tramos como la Canal de las Tejucas que no hacen más que aportar una falsa sensación de seguridad pero que en realidad incrementan el riesgo. Esta ruta es «extremadamente aérea en todos los sitios y como resbales o pierdas apoyo vuelas, con desniveles que en algunas zonas superan los 700 metros», indica Alba. Desde la Federación piden a los responsables del parque que retiren las señales para evitar que los turistas arriesguen su vida por unas buenas vistas. De hecho, en septiembre del año pasado falleció un senderista al despeñarse mientras realizaba esta travesía, que en año 2009 resultó mortal para otra mujer.

La Pasá del Picayo tiene unos desniveles de hasta 700 metros.
La Pasá del Picayo tiene unos desniveles de hasta 700 metros. / FEMPA

Otra de las sendas que los montañeros señalan por su peligrosidad es la garganta del Cares, que paradójicamente también es una de las más concurridas desde la primavera hasta el otoño, cuando es visitada masivamente. ¿Cuál es el problema con esta senda, sin duda en la que más accidentes se producen? «Tenemos varios: uno, la cantidad de piedras que caen tiradas por los animales, que hace apenas un mes provocaron el fallecimiento de una senderista, y dos, el viento que sopla en el desfiladero». Pero lo que más accidentes provoca es que «los senderistas subestiman la dificultad del recorrido, que al contrario de lo que muchos piensan no es llano sino que tiene un importante desnivel -sobre todo en la zona asturiana- de cerca de 400 metros, y sobrestiman sus posibilidades. La recorre gente poco preparada físicamente o inexperta que además empieza a caminar tarde, por lo que es relativamente habitual que los usuarios sufran lipotimias u otros percances», principalmente traumatismos de miembros inferiores.

Las pasarelas de las Foces del Esva.
Las pasarelas de las Foces del Esva.

En una región con más de 6.000 kilómetros de senderos de pequeño y largo recorrido y donde la vegetación crece prácticamente a sus anchas, el mantenimiento es fundamental para que las rutas estén en condiciones óptimas. De lo contrario, incluso los recorridos más sencillos se pueden tornar peligrosos, puesto que la naturaleza es imprevisible y las condiciones meteorológicas pueden variar y poner en aprietos hasta a los montañeros más avezados. Ocurre por ejemplo con la calzada romana del Caoru, que conecta Arenas de Cabrales con el puerto de Portudera, dañada por un argayo en julio del año pasado. El problema con esta senda es que desde hace siete años está incluida en el Inventario de Patrimonio Cultural y por tanto cualquier intervención debe «respetar sus valores históricos y culturales y no poner en riesgo su conservación».

Senda del Oso

En otros casos, como el de la Senda del Oso, el peligro no estriba en la dificultad o el deterioro de la ruta en sí sino «en la infraestructura colocada por el hombre». El pasado 13 de mayo fallecía el ciclista segoviano Julio Martín y el 21 de mayo resultaba herido el guía de montaña hispano-holandés Joel Arnoldus De Bruine. Ambos cayeron al ceder las vallas de madera sobre las que se apoyaban. Esta, alerta la FEMPA, no es la única ruta de Asturias donde podrían darse problemas similares. «Las pasarelas de la ruta de las Foces del Esva se encuentran deterioradas», expone Alba, «y cualquiera podría tropezarse o engancharse un pie». Ocurre lo mismo en algunos tramos de la senda costera, que tampoco está homologada.

Otros peligros son la maleza y el deterioro de la señalización, que pueden contribuir a la desorientación del senderista. La travesía de gran recorrido que parte de Genestoso y llega al santuario del Acebo en Cangas del Narcea es un buen ejemplo, pero no el único. Prueba de ello son los mensajes recibidos por la FEMPA a través de la campaña SOS Caminos, que insta a los senderistas a denunciar de manera visual las deficiencias que encuentren en las rutas.