Los txikis dicen adiós a los gigantes

Reyes y aldeanos se agachan para recibir el beso de despedida de los pequeños./Jesús Andrade
Reyes y aldeanos se agachan para recibir el beso de despedida de los pequeños. / Jesús Andrade

Decenas de familias se reúnen en la calle San Antonio para despedir a estos personajes con un beso

Judith Romero
JUDITH ROMERO

Han disfrutado de las barracas, las discotecas para niños, la fiesta de Edurne y Celedón txiki y han servido de merienda a Gargantúa, pero uno de sus componentes favoritos de la fiesta rebasa los 3 metros y pesa más de 50 kilos. Decenas de niños acudieron ayer al cruce entre las calles San Prudencio y San Antonio para dar el último adiós a los gigantes y cabezudos que componen la comparsa municipal. Después estos personajes se resguardaron en Musika Etxea, el edificio de San Antonio en el que descansarán hasta volver a salir de fiesta.

«A Oriol y Laia les gustan los gigantes y lo hemos visto en el programa, así que nos hemos animado a acercarnos», explicaban Alfredo e Irene, llegados desde Elorrio. Los cuatro reyes de la baraja española precedieron a las parejas de aldeanos provenientes de la Montaña alavesa y Aramayona y a los regüeveros. Pero pequeños como Amets, de apenas 4 años, disfrutan más de los cabezudos, de una altura más similar a la suya. «Vivimos en Zumaia pero soy de Vitoria y volvemos todos los años», celebraba su ama Lara mientras Amets aplaudía al paso de la Vieja y Ojo Biriqui.

Uno de los momentos más especiales se vivió cuando los miembros de la comparsa de gigantes agacharon a los reyes de la baraja, de 3,25 metros de altura, y a los aldeanos, de casi 4 metros, para que los niños pudieran darles un beso en las mejillas. «A Arixen le daba un poco de miedo pero al final le ha encantado. En Navarra tenemos una gran tradición de gigantes y queríamos ver los de Vitoria», explicaban sus aitas Urtzi y Mireya. Arixen, de dos años, e Irati, de cinco, no soltaban las reproducciones de los gigantes navarros de Marcilla. «Al final también caerán las figuras de Vitoria», reconocían sus padres.

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