De la roulotte a la pista

Parte del elenco de Il Circo Italiano, que pone sobre la pista a 32 artistas, ensaya antes de una función en Mendizabala. / Rafa Gutiérrez

Il Circo Italiano se despide mañana de sus primeras fiestas de Vitoria con un espectáculo lleno de «esfuerzo y riesgo»

María Rego
MARÍA REGO

Siete minutos separan a Pau Sarraute de Paute. Unos pocos más si, además del ratito que tarda en maquillarse, cuenta el tiempo que necesita para enfundarse el traje que lo transforma en uno de los tres payasos que buscan la carcajada bajo la carpa de Mendizabala. «El otro día hacía tanto calor que tuve que salir sin chaqueta», reconoce este catalán que hace ocho años se enroló en Il Circo Italiano. La compañía circense, una «gran familia» compuesta por 83 personas, 32 de ellas sobre la pista, se despide mañana del público vitoriano antes de poner rumbo a Bilbao con el espectáculo 'Sueños'. «Es una invitación a luchar, a recordar que todo requiere sacrificio, y a que nunca dejemos de soñar», resume este 'clown' antes de cruzar el telón.

En las dos horas que dura el montaje se mezclan malabares, pirámides humanas, acrobacias o un monociclo a dúo en una larga lista de «números clásicos» logrados a base de horas y horas de entrenamiento. Claudio Rossi, sexta generación de la saga que se encuentra detrás de Il Circo Italiano, es un ejemplo de esta filosofía: empezó hace tres años a caminar sobre la cuerda floja y hoy se pasea y salta sobre ella a 2,50 metros de altura. «Hay mucho esfuerzo y mucho riesgo en el espectáculo», constata Sonia Miranda, la vizcaína que hace más de dos décadas se subió a la roulotte «por amor» y lleva la mitad de ese tiempo como directora artística de la compañía.

A pesar del paso de los años, ella asegura volverse aún «loca» con su trabajo. «Quien hace circo lo hace por pasión. Si te gusta, no perturban los viajes ni el esfuerzo», asegura Miranda micrófono en mano. Su sello se encuentra detrás de montajes anteriores como 'Vida' o 'Salvaje' y, en esta ocasión, se ha preocupado por dar forma a una propuesta «familiar» con dosis de «poesía y dulzura». «Cuenta el sueño de una niña de convertirse en artista de circo...», se detiene Paute para no 'spoilear' el espectáculo mientras la menuda protagonista se estira durante un ensayo. No es la única niña que forma parte de Il Circo Italiano -los miembros más pequeños tienen cinco y seis años- donde el tiempo libre se dedica a «descansar, jugar a la Playstation, hacer 'espaguetadas'...». «Como cualquiera», concluye entre los asientos que se llenarán minutos después.

De Euskadi a Guinea

Para este profesional de la sonrisa, y el resto de la compañía, han sido las primeras fiestas de Vitoria aunque ya había recalado en la ciudad en otras fechas. Siempre sin animales. «Hasta hace diez años teníamos pero con el cambio social que se empezaba entonces a vislumbrar se hizo una apuesta por un espectáculo sin ellos», explica Paute. En su lugar aparece un equipo 100% humano con una nutrida representación vasca entre especialistas de la pista llegados de Italia, Ucrania, Portugal o Guinea Conakry, entre otros rincones.

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