Las paradas 'anti-acoso' arrancan el trayecto

Decenas de personas esperan en el apeadero de la Catedral la llegada del Gautxori en el inicio del servicio de paradas a demanda./Blanca Castillo
Decenas de personas esperan en el apeadero de la Catedral la llegada del Gautxori en el inicio del servicio de paradas a demanda. / Blanca Castillo

15 solicitudes se registran en la primera noche que el Gautxori atiende las demandas de mujeres y menores

Laura Alzola
LAURA ALZOLA

Atravesar un parque de madrugada no es lo mismo que cruzar la acera para entrar al portal de casa. Si no, que se lo digan a Loli, una de las vecinas de Zabalgana que solicitó al conductor de la línea G-3 apearse en un punto intermedio a su parada habitual. «Esta novedad marca una diferencia, normalmente me da bastante miedo volver a casa», explicaba, mientras entraba al primer vehículo de la noche. Junto a ella, en la parada de la Catedral, más de medio centenar de pasajeros trataban de hacerse con un sitio en el Gautxori. Sobre todo familias y mayores, cansadas del trajín festivo; también grupos de adolescentes.

Durante la primera hora de circulación, el debate alrededor de la nueva medida impulsada por el Ayuntamiento de Vitoria se extendía por todo el urbano. La unanimidad en torno a que se trata de «una buena idea», como subrayaba Rosa, una vecina residente en la Avenida de los Derechos Humanos, se veía matizada por reflexiones más críticas como la de Estíbaliz. «Esta no es la solución», defendía la joven, «es un mal parche, algo pasajero con lo que no nos podemos contentar, la clave está en la educación de los hombres para que no nos agredan». Vestida con una de las camisetas moradas que habían teñido el inicio de La Blanca, confesaba que «casi nunca» vuelve a casa a pie o en autobús: «Voy en taxi y aún así con miedo».

El sábado, Estíbaliz había decidido marcharse pronto, igual que Esther, que viajaba con menores y observaba un posible impedimento para el funcionamiento correcto del servicio: la numerosa afluencia de personas. «Es complicado acercarse a la parte delantera en mitad del trayecto cuando una no puede moverse ni un metro», apuntaba. Junto a ella, Edu constataba «el agobio» provocado por la gran demanda del Gautxori. A pesar de haber sido uno de los acompañantes del Celedón en la plaza, aseguraba, en clave de humor, sentirse más incómodo en el bus que horas antes, atravesando la marea de gente.

Dos usuarias validan sus viajes al acceder al urbano.
Dos usuarias validan sus viajes al acceder al urbano. / B. Castillo

En total, los trabajadores de Tuvisa registraron 15 solicitudes de parada a demanda durante la primera noche. Peticiones en su mayoría de mujeres que, especialmente a altas horas de la madrugada, temían por su seguridad. Ayer, desde la agencia municipal de transportes valoraban como «muy positiva» la respuesta obtenida en la primera jornada de la prueba piloto del servicio, a pesar del lógico desconocimiento inicial por parte de algunos pasajeros.

'Real', el chófer del G-3 durante esa noche, dedicó más tiempo del habitual a atender a los pasajeros. La nueva dinámica requiere de cierta flexibilidad, ya que la última palabra la tendrán él y sus compañeros siempre. «Solo pisaremos el freno cuando detenerse no comprometa la seguridad», explicaba. Cuando Loli le solicitó la parada, no pudo detener el autobús hasta doscientos metros más adelante, cuando llegó a una de las marquesinas habilitadas en el recorrido diurno. «Mejor que nada», suspiró ella al salir.