Con la música desde otra parte

La charanga guadalajareña El Conejo de la Loles se ha convertido en una de las sensaciones de las fiestas./Igor Aizpuru
La charanga guadalajareña El Conejo de la Loles se ha convertido en una de las sensaciones de las fiestas. / Igor Aizpuru

Son incombustibles. Las charangas hacen cientos de kilómetros para venir a La Blanca y animar «una de las mejores fiestas de España»

JORGE BARBÓ

Son las tres y media de la madrugada y ellos siguen dándolo todo en una terraza de La Virgen Blanca. Nadie lo diría, pero llevan más de doce horas deslizando sus dedos por las llaves del saxo, empuñando la baqueta del tambor y soplando con todas sus fuerzas por la boquilla de la trompeta, hinchando los carrillos como Louis Armstrong. Mientras un grupo de blusas saltan, en pleno éxtasis etílico, ellos no fallan una nota del 'Sarri, sarri' de Kortatu, la sobadísima canción con la que ponen «la guinda» a una jornada, otra más, de farra, música y, sobre todo, curro. Siguiendo la partitura del puro desfase.

Ellos son Alegría Alcarreña. Vale, no tienen nombre de gran banda internacional rompepistas. Pero ya les gustaría a muchas grandes estrellas tener contratados tantos bolos veraniegos como ellos. «Nos marchamos del pueblo en junio y no volvemos hasta septiembre», sostiene, cogiendo el resuello Carlos, bombo de la charanga. Por segundo año, vienen de Sacedón, en la provincia de Guadalajara. Se han hecho 346 kilómetros para ponerle música durante seis días (y sus seis noches) a Vitoria, donde se han encontrado con «un fiestón». «Para aguantar necesitas meterte en el ambiente. No importa qué estado de ánimo tengas, tienes que seguir a la cuadrilla», destaca Juan Pablo Sancedo, trompeta de una formación que tuvo que aprenderse 'La chica del batzoki' para contentar al personal. «Con esa arrasamos».

No es la única charanga de la provincia manchega que ha recalado en la capital vasca estos días. «Somos una zona pequeña, pero hay mucha cultura musical y mucha tradición de charangas», explica Alfredo Almenara, saxo de El Conejo de la Loles, una de las bandas que están causando sensación de esta Blanca en su primer año animando al muy exigente público vitoriano. «Estamos flipando, son de las mejores fiestas de España», concede el músico, que, con sus compañeros tienen confirmados bolos en 115 ciudades y pueblos de todo el país durante este verano. Y aún así, no consiguen vivir de su pasión a lo largo del año. «Aprovechamos nuestras vacaciones para salir a tocar, pero el resto del tiempo, cada uno tiene su trabajo», reconoce el que es líder de una banda que ya se está haciendo famosa por sus remixes de ritmos latinos y de electrónica.

130 bolos veraniegos

Desde algo más cerca, desde Zaragoza, se han traído sus instrumentos bien afinados Los zagales del Gállego la que, según los pata negra de la fiesta, está siendo la mejor charanga de este año. Cada temporada, se echan a la carretera para animar las fiestas patronales de media geografía nacional. A estas alturas del verano, todavía les quedan 130 actuaciones por delante. «No sé cuántos kilómetros podemos hacer: ya hemos fundido dos furgonetas este año», asegura Alejandro Deaño, más conocido como 'El Marchena', un saleroso sevillano afincado en la capital aragonesa... y que el año pasado, tocando en Vitoria, se enamoró hasta las trancas de la ciudad. En el sentido más literal. Acabó encontrando pareja aquí. «Sí, sí, un poco como en 'Ocho apellidos vascos'. Sería una versión musical, con repertorio variado en el que cabe de todo menos reguetón». «Nos tuvimos que aprender la canción de Celedón para poder repetir», dice. Encantados y preparando ya las partituras para la próxima Blanca.

 

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