Esta muerta está muy viva

Esta muerta está muy viva

Concha Velasco protagoniza 'El funeral', una comedia de humor más absurdo que negro, en un Teatro Pincipal abarrotado

JORGE BARBÓ

Ver quién llora de verdad y quién se seca lágrimas de cocodrilo. Comprobar quién se ha rascado el bolsillo con una corona de flores y quién -siempre hay algún agarrado- no ha enviado ni un triste clavel. Asistir a las propias exequias de uno es una de esas fantasías recurrentes, quizás la más morbosa que pueda haber, en el sentido más profundo del término. A grandes rasgos, este es el sugerente punto de partida de 'El Funeral', el montaje que ayer protagonizó Concha Velasco en el Teatro Principal y que hoy (20.00 horas) cerrará la programación teatral de esta edición de La Blanca.

Hay poquísimas artistas a las que ese 'La', como de incuestionable institución, les pueda sentar tan bien como a La Velasco. Ella, que lo ha hecho todo y -casi- todo bien, está, a estas alturas de la película, en un punto de su carrera en el que puede hacer lo que le plazca. Claro que en 'El Funeral' -dirigida por su hijo, Manuel Velasco- cuesta muchísimo reconocer al mismo monstruo escénico que interpretó a esa desgarrada e intensísima Hécuba. Tampoco parece haber rastro de la Premio Nacional de Teatro (por segunda vez, ahí es nada) que se dejó el alma, de forma literal, con 'Reina Juana'. Pero es que queda claro que con la obra con la que ayer la otrora chica yeyé vino a estos pagos no busca trascender. Tan sólo pretende entretener al público fiel que le ha seguido durante tantísimos años. Y eso es tremendamente generoso.

El montaje plantea la aparición del espíritu de Lucrecia Conti, una actriz de campanillas de la escena española, en su velatorio. A partir de ahí se van sucediendo una serie de gags, hilvanados con más o menos gracia, que dejan ver las pequeñas miserias que se suceden tras la muerte de una celebrity: El interés de sus herederos por el testamento y los esfuerzos de su representante (encarnado por Jorge Sanz, en sustitución del anunciado Antonio Resines) por rentabilizar la memoria del finado. Hay efectos sonoros, vídeos enlatados con Buenafuente y momentos en los que se juega con el público -hasta se reparten medias noches de salchichón- en esta obra que se presenta como una comedia negra, cuando, en realidad, por momentos, roza el humor absurdo.

No es no

El público, que más que una carcajada mantuvo una sonrisa durante los 90 minutos largos de función, aplaudió con calidez a la veterana actriz, que quiso lanzar un contundente mensaje de repulsa contra la presunta agresión a una menor que ha empañado las fiestas de La Blanca. Una locución con un mensaje institucional había informado sobre lo acaecido antes del inicio de la representación. «Ya basta, yo sólo pido que no vuelvan a suceder este tipo de cosas que estropean estas fiestas tan bonitas de Vitoria», dijo La Velasco, provocando una sonora ovación. «El espectáculo, incluso después de la vida, siempre tiene que continuar», dijo. Y que sea por muchos años, Concha.

 

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