La solidaridad prende la mecha de la fiesta

El trío de profesionales sanitarios se anuda el pañuelo de fiestas con vistas a la plaza de la Virgen Blanca. /Rafa Gutiérrez
El trío de profesionales sanitarios se anuda el pañuelo de fiestas con vistas a la plaza de la Virgen Blanca. / Rafa Gutiérrez

Imanol Vega, Adela Fonseca y Francisco Granados, sanitarios y cooperantes, prenderán la mecha de la fiesta. Este año con el deseo de que «el mundo cambie»

Ramón Albertus
RAMÓN ALBERTUS

La plaza de la Virgen Blanca llena. El alborozo llega a empapar a los miles de curiosos que cantan eso de 'Celedón ha hecho una casa nueva'. Antes de la bajada, suena el repique de las campanas. Encienden la mecha... ¿Un deseo? «Que cambie el mundo y todo el mundo se vuelva un poco más solidario». Suena demasiado ambicioso. Pero escuchando al ortopedista Francisco Granados (Vitoria, 1959), el traumatólogo Imanol Vega (1969, Tolosa)y la enfermera Adela Fonseca (1962, Durango) narrar sus experiencias como cooperantes parece posible.

Los tres sanitarios y cooperantes son los encargados de lanzar el chupinazo. La cita, como siempre, es a las 18.00 horas. Este trío, cargado de energía, sonríe, bromea y no oculta su ilusión por ser protagonistas de uno de los momentos mágicos del periodo festivo. Hubo incredulidad cuando recibieron la propuesta. «Estaba en quirófano, me llamó la secretaria del alcalde y me comentó que me querían hacer una propuesta», cuenta Vega, que trabaja en el Hospital San José. «Esto es una broma, le dije. ¿Dónde está la cámara oculta? Fue cuando me dijo que me pasaba al alcalde para demostrármelo. ¿Y yo cómo sé que es el alcalde?», rememora entre risas. Del escepticismo se pasó a la ilusión. «Enseguida pensé en todos los cooperantes. El chupinazo me parecía la mejor forma de que todos se vieran reflejados allí arriba».

«La verdad es que es algo que no te imaginas y no te esperas», remarca Adela Fonseca (Durango, 1962). Se les reconoce su labor como cooperantes durante una década en Bolivia con Denok Osasunaren Alde (DOA), así como con la Asociación de Ayuda en Traumatología y Ortopedia (ADATO) y Les énfants du Noma, que opera en Benín. Pasarán las fiestas en familia. Como muchos vecinos, aprovecharán los primeros días de fiesta y luego se tomarán un descanso. También les toca estar en «modo vigilante» por sus hijos.

Cuando viajan como voluntarios, cada uno tiene un rol asignado. Fonseca es la «trabajadora incansable». Francisco Granados, «el alma del grupo». E Imanol Vega, el «enredador profesional». Esas tres semanas al año que pasan en Bolivia sirven también para tomar conciencia de los privilegios de la sociedad española. Fue allí donde se conocieron. «Ves a gente muy necesitada. Aquí se habla del color de la muñequera y el tono de una silla, mientras que allí una silla destrozada la ven como un lujo», afirma el ortopedista Granados, quien viajó por primera vez al país hace once años con la maleta cargada de herramientas -«una pistola de aire caliente, plásticos, cueros, tornillos...»-. La vuelta no fue fácil. «Estuve casi 20 días en los que cada vez que me preguntaban por la experiencia me echaba a llorar», se sincera. «Era una sensación muy fuerte».

Situaciones difíciles

Son las situaciones más duras las que les unen como grupo. Siempre que llega octubre hay un viaje planificado con DOA. Hay casos que sirven para explicar la cooperación. La historia de Danielito, un niño boliviano de nueve años que sufría amputaciones de nacimiento y pudo volver a andar gracias a las prótesis de Francisco. La de Lilian, una niña a la que atropelló un camión que sufrió una amputación. «Su ilusión era tener una pierna y Paco se la puso. Su sonrisa es algo que a todos nos tocó y a la semana montaba en bici», narra Fonseca. También Lander, a quien operaron de la tibia. Recientemente mostró su agradecimiento a estos sanitarios que deben hacer un seguimiento anual de los pacientes. «Hace poco nos mandó un whatsapp diciendo que había acabado los estudios. Nos daba las gracias diciendo que debido a que los doctores le operaron pudo empezar a trabajar y a estudiar», cuenta Imanol Vega mostrando el mensaje en su móvil.

Pero el voluntariado también tiene servidumbres. «Se empieza con euforia y luego hay un bajón», señala Granados. «Hay mucho estrés», añade Fonseca. «Casi todos los años hay un momento en el que te preguntas ¿qué hago aquí?. Aunque al segundo o tercer día ya no piensas en volver». Ahora estos tres profesionales sanitarios, afincados en Vitoria, dan el pistoletazo para que las fiestas echen a andar con la solidaridad como ejemplo. Si no es posible cambiar el mundo, desean que se disfrute «al máximo». Sin olvidarse de «dedicar unos minutos al día a pensar qué hacemos por los demás».

Las claves

Ocasión especial
Los sanitarios disfrutarán las fiestas de La Blanca «al máximo» junto a su familia y amigos
Cooperantes
Dedican tres semanas al año como voluntarios a atender sanitariamente a personas sin recursos en Bolivia

Las frases

Francisco Granados, ortopedista.
«A la vuelta del primer voluntariado estuve casi 20 días en los que cada vez que me preguntaban por la experiencia me echaba a llorar»
Adela Fonseca, enfermera.
«Casi todos los años hay un momento en Bolivia en el que te preguntas ¿qué hago aquí? Al segundo o tercer día no piensas en volver»
Imanol Vega, traumatólogo.
«Nuestro deseo es que se disfruten las fiestas al máximo, pero también dedicar unos minutos al día a pensar qué hacemos por los demás»